dolmendedombate.com •  Opinión • 04/08/2020

El Dolmen de Dombate pierde el norte

El Dolmen de Dombate pierde el norte
Una programación cultural que en muchos casos parece poco adecuada para un centro arqueológico marca el ritmo del verano en el megalito.
 
El año 2020, el del coronavirus, será también recordado por ser el año en que el Dolmen de Dombate se convirtió, literalmente, en un circo, mientras sigue el intercambio de cromos en la Diputación de A Coruña. Si esta es la «alternativa de Gobierno» que nos aguarda, mejor volver a cruzar el Atlántico: México espera.
 
Manoseo reiterado y reincidente en el centro arqueológico, una tumba neolítica convertida en discoteca en una carpa invisible donde ya tan sólo falta una manada de elefantes con un grupo de majorettes marcando el paso. Qué pena ver lo que fue un enclave sagrado para nuestros antepasados de esta forma.
 
Están quienes aspiran a la permanencia y tragan con todo, los que benefician su ego -y su cartera-, y también quiénes no tienen muy claro qué hacen por allí, porque en las presentes circunstancias todo entra en el saco. Es el «The Big One» del documentalista norteamericano Michael Moore. «Hazme grande» que algo siempre queda, debe pensar el ilustre gerente que fomenta el desgobierno.
 
Dicen que la Cultura con mayúsculas, sobre todo la arqueológica, tiene una medida justa, moderada, comedida, respetuosa con y para el Patirmonio que defiende, como puede verse en cualquier recinto de esta índole que se precie.
 
Frente a esto, subvenciones públicas y no pocas veces vulgaridad y propaganda política en un monumento que vive confinado, en lo físico y muchas veces también en lo cultural. Como con certeza afirmó hace unos años un reconocido arqueólogo, a estas alturas Dombate se ha convertido en «Dombater», y tiene pocos visos de solución.
 
La herencia megalítica, mientras tanto, languidece bajo tierra y sobre ella, a la espera de tiempos mejores y políticos -y asesores- más cultos y con más criterio. 

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