“Sin Testigos”, de Viktor Kane, reúne a decenas de personas en Bueu en una presentación convertida en experiencia literaria
- Decenas de lectores y curiosos se reunieron el pasado viernes 7 de agosto en Bueu (Pontevedra) para asistir a la presentación de Sin Testigos, un encuentro planteado desde el principio para alejarse del formato tradicional de una presentación literaria.

Entre 50 y 60 personas siguieron directamente el acto, mientras que la afluencia acumulada durante la velada, contando también a quienes fueron acercándose al espacio a lo largo de su celebración, superó el centenar. Antes incluso de comenzar, el escenario anticipaba lo que iba a ocurrir. Cintas amarillas propias de una escena del crimen, la silueta de un cadáver dibujada con tiza en el suelo y otros pequeños elementos relacionados con el universo de la novela transformaron el espacio y trasladaron durante unas horas la atmósfera del thriller fuera de sus páginas.
Sobre las mesas esperaba otra de las piezas preparadas para el encuentro. Cada grupo recibió un sobre con una carta que debía abrir y leer mientras se ultimaban los preparativos. Desde ese momento, los asistentes dejaron de ocupar únicamente el papel de espectadores para comenzar a formar parte de la experiencia.
El acto estuvo conducido por Nicolás Gómez, presentado por el miembro del equipo de la dirección comercial y representante del escritor. De este modo se mantuvo una de las características que han acompañado al proyecto desde su nacimiento: preservar la identidad de la persona que se encuentra detrás del seudónimo y mantener el foco sobre las historias.
“Quienes de verdad me conocen no necesitan que diga mi nombre”, señaló al comienzo, antes de recuperar una de las frases vinculadas al autor: “Probablemente debería mantenerme en silencio”.
No todo salió según lo previsto. Varios problemas técnicos afectaron al sistema de sonido, al vídeo y posteriormente al micrófono. Después de intentar continuar con los medios preparados para el evento, el presentador decidió prescindir de ellos y seguir a viva voz. El público respondió a la decisión con un fuerte aplauso y el encuentro continuó prácticamente sin detenerse.
A partir de ahí, preguntas, conversación e interacción fueron tomando el protagonismo. También se utilizaron medios con tecnología NFC situados en las mesas, que permitieron a los asistentes acceder desde sus propios teléfonos a parte de la experiencia preparada específicamente para esa noche. Una página web diseñada exclusivamente para todos los participantes del evento, así como una introducción al universo Kane.
Uno de los momentos más participativos llegó con El crimen que nadie vio. Todos partieron exactamente de la misma escena: una mujer aparecía muerta en el salón de su casa, la puerta estaba cerrada desde dentro, sobre la mesa había dos copas de vino, un reloj se había detenido a las 23:17, no existían señales evidentes de violencia y nadie había escuchado gritos.
Con apenas esas pistas, cada participante debía decidir qué había ocurrido, quién había estado con la víctima, qué objeto consideraba fundamental y cuál podía ser el motivo. El ejercicio terminaba con una última pregunta abierta: imaginar un detalle que nunca aparecía escrito en la escena.
Al comparar las interpretaciones apareció precisamente el resultado que buscaba el juego: pese a haber recibido todos las mismas palabras, cada persona había construido una historia diferente. El ejercicio permitió trasladar al público uno de los principios narrativos defendidos durante el encuentro: un thriller psicológico no necesita mostrar cada detalle para construir una escena; puede entregar determinadas piezas y dejar que parte de la historia ocurra en la imaginación de quien lee.
Esa participación acompañó buena parte de una noche en la que también quedó patente la relación que algunos lectores ya mantienen con Sin Testigos. Varios asistentes llegaron con la novela previamente adquirida, mientras que otros decidieron hacerse con ella durante el propio encuentro.
También hubo quienes acudieron con sus ejemplares y solicitaron una firma. Incluso entonces se mantuvo el anonimato: los libros eran recogidos por el representante, trasladados fuera de la vista del público y devueltos posteriormente firmados por Viktor Kane, quién desde dentro dirigía y controlaba cada apartado con las indicaciones previamente establecidas.
Entre la conversación sobre la novela y el recorrido por el proyecto todavía quedaba una sorpresa. Quienes estuvieron presentes pudieron conocer un breve adelanto de Novia, esposa, otra, la próxima historia del escritor. Un pequeño avance reservado para quienes decidieron acompañar presencialmente el encuentro.
Más allá de las cifras de asistencia o de los ejemplares adquiridos, el viernes permitió trasladar al mundo físico una propuesta que hasta ahora había crecido principalmente a través de las páginas de Sin Testigos, las redes sociales y sus apariciones en medios.
Los problemas técnicos obligaron a cambiar parte de lo previsto, pero no impidieron que el público participase, preguntase, jugase y permaneciese acompañando el encuentro. Lo que comenzó alrededor de un thriller psicológico y una identidad deliberadamente oculta consiguió reunir a decenas de personas en torno a una misma historia.
Por ahora, detrás de los libros sigue sin haber un rostro. Solo historias. Y todavía quedan algunas por contar. Lo único que se ha de remarcar, es que Viktor Kane ha redefInido el concepto de “Presentación literaria” y ha acercado la lectura a quiénes todavía no conocen su historia.

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