Hedelberto López Blanch •  Opinión •  23/09/2021

La mafia cubana en Miami no perdona al jefe policial

La mafia cubana en Miami no perdona al jefe policial

En menudo rollo se ha metido el jefe de la policía de Miami, Art (Arturo) Acevedo después que en días recientes, durante un encuentro con más de 100 oficiales y personal de alto rango, afirmó categóricamente que “Miami está dirigida por la mafia cubana”.

La maldición le cayó encima a Acevedo al decir lo que pensaba sobre una extensa pandilla en Miami que controla negocios, puestos públicos, fuerzas policiales, medios de comunicación impresos, emisoras radiales y televisivas, alcaldías, gobernaciones, es decir, todo lo que se mueve en el condado de Miami Dade.

Claro, todo eso ha sido motivado por las distintas administraciones estadounidenses desde el triunfo de la Revolución cubana al facilitarle abundantes prebendas políticas y económicas con el fin manifiesto de crear una emigración que se opusiera al gobierno de Cuba.

La fuerte maquinaria cubano-miamiense que domina todos los medios de comunicación, además de las fuerzas de derecha de esa ciudad, le fueron arriba a Acevedo, quien inmediatamente no tuvo otra opción que excusarse por sus palabras.

Argumentó que anteriormente había sido criticado cuando vivía en California porque allí era el “único cubano” y ahora no sabía cual era el significado real de mafia, palabra que desde hace décadas simboliza a elementos de la comunidad cubanoamericana asentada en esa ciudad.

Ya han citado a una reunión de comisionados con el apoyo del presidente del sindicato de policía de Miami, Tommy Reyes, para sacar del cargo a Acevedo.

Desde hace mucho tiempo ese término gramatical fue endosado a pandillas de Miami en diferentes ocasiones. Por ejemplo, el líder cubano Fidel Castro lo utilizó en numerosas ocasiones con plena razón de juicio.

En el libro Miami Dinero Sucio, cuya reedición está a punto de publicarse en Cuba, aparece una entrevista realizada el 30 de mayo de 1973 por la revista Réplica, (dirigida por el periodista Max Lesnik) a Manuel Giberga, el cubano de más alto cargo en la administración de Richard Nixon (1968-1974) y que fue designado por el presidente como asesor hispano del director federal del Buró de Narcóticos.

Giberga dijo: “se está formando en Miami una especie de mafia cubana que tiene por objetivo controlar la ciudad, al estilo de como se hizo por los gangsters de Chicago en la época de Al Capone.

”Tanto cubanos como estadounidenses del área de Miami están informados de ciertas actividades que se desarrollan en esta comunidad por elementos maleantes muchos de los cuales hacen alardes de sus vinculaciones con organismos policíacos o de “inteligencia” de este país. El hecho es tan grande que se está convirtiendo en un escándalo.

”Según las informaciones recogidas por mí en Washington, agregaba Giberga, antes de venir a Miami a hacer mis propias averiguaciones, los que están detrás de ese plan intentan controlar la ciudad desde el punto de vista económico y político. Es decir, mandar aquí sobre todo el mundo, imponiendo una especie de terror con la anuencia de algunos agentes de la autoridad. A ese efecto ya han dado sus primeros pasos. Se sabe que han tratado de intimidar a periodistas y políticos locales y que están reclutando elementos con casos pendientes en los Tribunales a los cuales se les ofrece resolverles “sus problemas” a cambio de que trabajen para la organización”.

Giberga, al explicar la forma en que esos elementos trabajarían en ese plan, manifestó: “En primer lugar, desatar un plan de difamación contra los ór¬ganos de prensa que, independientemente de sus diferencias, pudieran salirle al paso a sus pretensiones delictivas. Paralela¬mente, lanzar una ola de calumnias contra figuras limpias y representativas de la comunidad hispana para de esa manera intimidar a todos aquellos que representen algo en la colecti¬vidad. Y consumado esto, alcanzar el control de la economía local por medio de la extorsión y el chantaje”.

Así se inició el control de la población de Miami por unas cuantas personas que se hicieron cada día más poderosas, has¬ta que años después, a instancias del presidente Ronald Reagan, surgió en 1981 la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) que acabó de controlar toda la actividad económica y política de la ciudad.
En el libro que mencioné anteriormente, se describen abundantes delitos cometidos por esas mafias que van desde robo al medicare, incontables operaciones de narcotráfico, lavado de dinero, sobornos en la prensa, sangrientos enfrentamientos entre pandillas, contrabando de personas y otras muchas violaciones.
Ahora el jefe de policía, Art Acevedo tendrá que enfrentarse a un tribunal de inquisición que sin remedio le sacará del puesto por el simple hecho de decir la verdad sobre la mafia cubanoamericana, conocida por todos pero silenciada por miedo.


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