Tania Chappi Docurro •  Opinión •  22/06/2016

¿Para qué la cooperación internacional?

Reseña  del debate de Último Jueves de Temas ¿Para qué la cooperación Internacional?

Panelistas: Jérôme Fauré, Rigoberto Fabelo, Alexis Lorenzo. Moderador : Rafael Betancourt
 

Si bien el término solidaridad es muy conocido en Cuba, no ocurre lo mismo con otros cuya práctica a menudo conlleva propósitos afines. De ahí que los presentes en la habanera sala Fresa y Chocolate agradeciéramos la introducción realizada por Rafael Betancourt, integrante del equipo editorial anfitrión y esta vez moderador de la jornada: “Nuestro país es receptor de la colaboración y a la vez la ha brindando en los ámbitos civil y militar a partir de 1961. Desde el triunfo de la Revolución hasta 2015, más de un millón de cubanos prestaron servicios en unas ciento sesenta naciones; cerca de treinta mil trabajadores de la salud, la educación, el deporte, las ciencias, la construcción, entre otras especialidades, han apoyado al pueblo africano. Existe un marco institucional de la cooperación internacional en la Isla, este comienza en los años70 con el Comité Estatal de Colaboración Económica (CECE), institución enmarcada dentro del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), perteneciente al entonces campo socialista. En los 90 se crea aquí el Ministerio de Inversión Extranjera y Colaboración Económica (MINVEC), que estuvo vivo hasta 2009, cuando se fusionó con el de Comercio Exterior (MINCEX), en ese momento se trató de insertar la cooperación en los planes de la economía nacional”.

Hoy el país recibe per cápita aproximadamente la mitad de las contribuciones obtenidas por otros Estados en desarrollo. Sin embargo, algunas entidades nos han apoyado durante décadas, prosiguió Betancourt. Contamos con múltiples colaboradores: organizaciones de la sociedad civil, países ricos de Europa y Norteamérica —sobre todo España, Canadá, la Unión Europea, Suiza—, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Entre los receptores se hallan el sector académico, las instituciones de gobierno local y las organizaciones y asociaciones de la sociedad civil cubana.

¿En qué consiste la cooperación internacional? ¿Cuál es el papel de los gobiernos? ¿Cómo se articulan entre sí los diversos tipos de colaboración: multilateral, bilateral, descentralizada? ¿Es más importante ser receptor o donante?, preguntó el moderador a un panel compuesto por Jérôme Fauré, director del Programa Cuba de Oxfam International, cuya labor ha sido constante en la Isla desde inicios de los 90; Rigoberto Fabelo, director del Centro de Intercambio y Referencia de Iniciativas Comunitarias (CIERIC); y Alexis Lorenzo, presidente de la Sociedad Cubana de Psicología y coordinador del equipo de salud mental en la brigada médica cubana enviada a Haití en 2010 cuando esa nación sufrió un terremoto.

“Oxfam nació durante la Segunda guerra mundial, para dar auxilio al pueblo griego. Después hubo un reto mayor: el hambre en el mundo. La organización se dio cuenta de que no bastaba con la asistencia, era necesario atajar las causas estructurales de los grandes problemas del planeta”, relató Jérôme Fauré. Actualmente trabaja en más de noventa países, en dos ámbitos: la acción humanitaria y el acompañamiento a los procesos de desarrollo en varias áreas, siempre con una perspectiva sustentada en los derechos, el fortalecimiento de los actores locales, la sociedad civil y los grupos comunitarios. Ha pasado de enfocarse en la pobreza a centrarse en la lucha contra las discriminaciones y desigualdades; por ejemplo, hace énfasis en la equidad de género.

Aplicando como principio esencial “la solidaridad entre los pueblos” y sobre la base de lo que denomina “el triángulo virtuoso” encamina sus acciones a que las ciudadanas y los ciudadanos se empoderen y puedan hacer propuestas en aras de la justicia social (primera punta); labora junto con los gobiernos, o influye por distintas vías para que promulguen o implementen políticas y leyes en favor de las poblaciones vulnerables (segundo vértice); contribuye a que el sector privado juegue su papel económico con criterios de responsabilidad social y medioambiental (tercer ángulo). Además, intenta incidir con otros movimientos y redes en los actores globales. Con ese objetivo participa, entre otros eventos, en los Foros Sociales Mundiales y conferencias internacionales acerca del desarrollo sostenible.

Más allá de Oxfam, “en 2015 la ayuda pública para el desarrollo, a nivel global, fue una de las mayores, pero ha tenido bastante cuestionamiento, pues no siempre sirve realmente para luchar contra la pobreza”, continuó el disertante, quien alabó la asistencia médica cubana en África contra el ébola. Y calificó de ventaja el hecho de que la Isla sea a la vez donante y receptora de colaboración, una dualidad que debe preservarse.

Según Rigoberto Fabelo, antes de los años 90 el aporte internacional hacia Cuba “se estructuraba sobre la base de las relaciones mutuamente ventajosas con el CAME, más de 80% de la colaboración estaba dentro de ese marco, aunque había otros proyectos con entidades del sistema multilateral de Naciones Unidas y algunos bilaterales”. A partir de entonces “el país tiene que reinsertarse de manera rápida en las prácticas comunes” a nivel mundial, lo cual implicó vínculos con nuevos actores. Pero no estábamos preparados. Se ha avanzado en tal sentido, mas no lo suficiente. Debemos navegar en el mundo de la cooperación internacional, esta es una condición humana, reflejo de la necesidad de acompañarnos, intercambiar, complementarnos. Dicha actividad forma parte de la política exterior de los gobiernos, tanto de los emisores como de los beneficiarios. Al mismo tiempo, “la arquitectura de las relaciones norte-sur, donante-receptor es una expresión de las asimetrías existentes entre las naciones desarrolladas y las subdesarrolladas. Se ha generalizado un pensamiento y una práctica hegemónica de dominación, de la cual no escapa la cooperación”. Hay tendencia al tecnicismo, a la burocratización; las agendas temáticas han ido variando y el interés de los Estados del sur en cuanto a participar en las acciones para redefinirlas significa un elemento de conflicto.

Debido a todo ello urge discutir qué lugar ocupará la ayuda foránea en la actualización del modelo económico cubano. De antemano poseemos un marco institucional y jurídico, con independencia de sus limitaciones: el MINCEX rectorea la colaboración y se aplica la Resolución 15. Además, las contribuciones están dirigidas, fundamentalmente, a las prioridades de la esfera social: seguridad alimentaria, salud, educación, medioambiente, cultura; se priorizan asimismo regiones con un nivel de desarrollo menor que las demás; por ejemplo, el oriente de la Isla, explicó Fabelo. Hemos implementado proyectos de corte asistencialista y otros considerados de desarrollo; el beneficio ha trascendido el flujo de recursos financieros e incluye adquisición de conocimientos y la posibilidad de conectarse con redes, plataformas y programas integrales internacionales. En cuanto a los principios, Cuba no acepta condicionamientos que conlleven injerencia en los asuntos nacionales. Tampoco crear sistemas de servicios sociales, o de distribución de los recursos recibidos, paralelos a los instaurados por el Estado. Sí se acepta la implicación de ONG cubanas.

Años atrás las contribuciones solo provenían de los territorios más ricos, hoy también transcurrenen la dirección sur-norte, manifestó Alexis Lorenzo. De acuerdo con sus palabras, en cualquier caso es imprescindible respetar la memoria histórica de los pueblos, y la ética. De lo contrario, lo ofrecido deja de ser una colaboración y se transforma en intervención. “Todos los tipos de cooperación son válidos, relevantes, siempre y cuando respondan a una necesidad sentida; y reconozcan los derechos,el contexto y la cultura de la nación a la cual se le brinda”, así como la voluntad de los pueblos, la identidad del ser humano, de la familia o institución a la cual pensamos ayudar. Durante su permanencia en las misiones de las brigadas médicas cubanas él aprendió que cooperar es acompañar, e incluso aprender de los otros.

Enfatizó el panelista que “el gobierno cubano siempre se ha preocupado y ocupado porque los principios éticos formen parte de la colaboración” desde y hacia la Isla. Y mencionó instantes de ese flujo: en el campo de la educación superior, en los años 60, nos llegóel auxilio de numerosos países, igual sucedió cuando no quedamos sin médicos. Precisamente salud y educación son las áreas donde hemos entregado mayor ayuda a otros Estados. Ahí se inserta el programa destinado a los niños de Chernobil. Inclusive en el Período especial, mantuvimos esa cooperación solidaria, “financiada cien por ciento por Cuba”, que permitió a más de veinticinco mil personas viajar a la Isla para recibir tratamiento y benefició a  muchas más en Ucrania.

Piedras en el zapato

Sobre los problemas enfrentados por la cooperación internacional en la Isla, sus causas, y en qué medida las instituciones cubanas, ONG y personas beneficiadas están conscientes de tal apoyo y lo aprovechan, inquirió Rafael Betancourt.

Antes de puntualizar los inconvenientes, Jérôme Fauré destacó algunas oportunidades: “Contrario al contexto latinoamericano, donde observamos un retiro bastante drástico de la cooperación, habrá aperturas hacia Cuba. La Agencia Francesa de Desarrollo probablemente se instale; también otras, como la japonesa. Es un buen momento para repensar cómo queremos organizar la colaboración. Otra ventaja es el compromiso real de las autoridades, la voluntad de llevarla a los distintos territorios”. Se promulgó una nueva ley de inversión extranjera; la ayuda internacional podría complementar emprendimientos desarrollados con capital foráneo. Un aspecto positivo es que aquí hay un potencial alto entre costo y beneficio; es decir, cada dólar invertido tiene un impacto bastante elevado.

Entre los aspectos por mejorar resaltó “dificultades administrativas en torno a los actores que intervienen en la cadena”, ellas causan tensión a la hora de asumir los proyectos, captar y movilizar los recursos obtenidos. También conoce experiencias donde se repiten los mismos errores durante años. Un reto es abrirse a nuevas formas de colaboración y flexibilizar los mecanismos existentes, para beneficiarnos con el partenariado —o sea, trabajo en conjunto— entre protagonistas de distintos ámbitos: sector estatal, ONG, negocios privados, tanto a nivel local y provincial como nacional, razonó.

La cooperación internacional recibida ha sido para Cuba en las últimas décadas un bastión de resistencia y la oportunidad de transitar por una etapa muy difícil de su economía. “Hay resultados concretos, basta recorrer comunidades rurales, apreciar la calidad de vida de sus habitantes; lo que ha significado allí el aporte financiero, tecnológico o de asesoría, transferido y ejecutado de manera transparente desde el emisor hasta el beneficiario”, expuso Rigoberto Fabelo. La colaboración ha contribuido a recuperar infraestructuras de diverso orden, por ejemplo redes de acceso a poblados intrincados. En el éxito de esos y otros empeños, amén de la institucionalidad ya citada, influye la participación de académicos, universidades, centros de investigación, la sociedad civil, los gobiernos locales y territoriales, junto con las acciones de los grupos comunitarios receptores, los cuales deben ser a la vez protagonistas de las transformaciones.

No obstante, el orador ha apreciado debilidades; una es la insuficiente “formación de las capacidades, habilidades y valores del conjunto de actores”. A ella sumó la necesidad de elevar la organización de los procesos y la efectividad de los recursos conseguidos, así como crear mecanismos menos burocráticos. “Ha faltado el horizonte legislativo facilitador para poder avanzar más rápido”. No siempre los ministerios, y los gobiernos y Consejos de Administración provinciales, generan estrategias de cooperación internacional.“Muchas veces la asumimos con la cultura de la emergencia, voluntarista, que no se asienta en una mirada estratégica, gradual, proyectiva”. La mayoría de los proyectos y programas han sido muy verticales e indicados desde los niveles superiores y no han dialogado con las necesidades locales. “A menudo desaprovechábamos oportunidades, aparecían financiamientos necesarios que no se podían ejecutar porque no habían sido concebidos en el plan de la economía nacional”, o no estaban dirigidos a los sectores priorizados. A pesar de todo ello, Fabelo es optimista: “El país tiene fortalezas para impulsar la cooperación: el nivel de instrucción y organizativo, valores históricos, una cultura sólida. Esperamos la salida de un Decreto Ley —en su formulación participó el CIERIC— que debe flexibilizar numerosas limitaciones”.

Alexis Lorenzo reparó en el siguiente impedimento: a veces se confunden conceptos y no se delimita previamente con claridad qué entiende por colaboración cada una de las partes implicadas, qué está dispuesto a entregar el donante y a recibir el posible beneficiario. De ese modo se afecta la posibilidad de satisfacer necesidades específicas, pues incluso en una nación pequeña como Cuba, las demandas nacionales, provinciales, locales, y de las instituciones no siempre coinciden. Igual efecto puede ocurrir cuando no hay “un enfoque multi-trans-disciplinario” de la cooperación, o si los especialistas definen a su albedrío los problemas, sin tomar en cuenta la percepción de los necesitados.

Luego, desde el auditorio, un docente de la Universidad de La Habana afirmó que la cooperación de las instituciones religiosas ha sido muy importante en disímiles países. Ellas envían medicinas a la Isla, sostienen comedores para ancianos y realizan labor asistencial en los hospitales. Experiencias no positivas narró un jubilado que trabajó en el CECE y en el MINVEC. “Si ellas prevalecen no vamos a llegar a ningún lugar”, concluyó. Visión más balanceada ofreció otro profesional retirado, con treinta y tres años de labor en los organismos mencionados y en el MINCEX. Alabó a los panelistas por “la perspectiva que han dado, exacta, equilibrada”. Insistió en que no niega los errores, ante todo el burocratismo; sin embargo,“la colaboración ha sido esencial, en plena crisis económica de los 90 los niños cubanos nunca fueron a la escuela sin uniforme, gracias a la República Popular China, que nos proporcionaba la tela gratis. Hemos mantenido cooperación con todas las agencias: la sueca, la española, la canadiense, la noruega, la danesa, la italiana…”. Finalmente, recordó nuestro auxilio a otras naciones y las palabras del Presidente de Ecuador: “Cuba es la campeona de la solidaridad”.

Al decir de otro asistente, la colaboración hacia Cuba todavía no la vemos como algo significativo y como parte de las relaciones internacionales; aunque sí exaltamos la que brindamos. Para aprovechar mejor las posibilidades de contribución foránea, “el Estado debe darle mayor preponderancia a los municipios. Voy a menudo a las provincias y me lastima que museos importantes no puedan recibir apoyo directo —entrenamiento e intercambio bibliográfico— de sus hermanos de América Latina porque necesitan permiso del poder central”.

Un médico y profesor universitario evocó la cooperación de la URSS y el resto del campo socialista, donde se formaron millares de profesionales y técnicos cubanos. Asimismo es testigo de la actividad mantenida, desde 1994, por un sindicato de jubilados italianos, quienes nos han donado vehículos y computadoras. A la vez, “la colaboración ha sido una de las características fundamentales dela Revolución”, miles de galenos latinoamericanos y africanos se han formado en la Isla, incluso algunos antes del surgimiento de la ELAM. Y no olvidemos los servicios médicos —rememoró la Operación Milagro— y educacionales desplegados en otras naciones.

A un hecho histórico y revelador de cómo obsequios concebidos con segundas intenciones pueden servir a los intereses patrios, se refirió una profesora de la Universidad de La Habana. Tras la intervención norteamericana en 1898, el presidente de los Estados Unidos decidió que la mitad de los maestros cubanos estudiaran un tiempo en la Universidad de Harvard. El objetivo era que, después, influyeran en la población cubana para que esta aceptara ser parte de la Unión. Sin embargo, los docentes adaptaron lo aprendido a las necesidades de Cuba; quienes recibieron esa facilidad decidieron la forma de utilizarla.

Sorprendió a todos, en buen sentido, la presencia del director de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE). En poco más de tres minutos, detalló propósitos y estrategias. “Un motivo ya ha sido mencionado hoy: la solidaridad; nuestra Constitución dice que Suiza quiere aliviar la pobreza y apoyar la paz mundial; sin embargo, también lo hacemos por propio interés, porque si a la comunidad internacional le va bien, igual nos irá a nosotros. ¿Cuál es nuestro mandato en Cuba? Acompañar el proceso de reformas económicas, pero está claro que el contenido, la orientación y el objetivo de las transformaciones se encuentran definidos por los Lineamientos que conforman el marco de las reformas en curso. Lo queremos hacer de la siguiente manera: apuntamos al desarrollo local; un elemento clave es dinamizar la economía a ese nivel, empoderar a los actores locales y tratar de educar un desarrollo autóctono a partir de los recursos del país. ¿Con quiénes colaboramos? Nos interesa identificar y trabajar con los actores e instituciones más dinámicas”. Precisó el funcionario que ese grupo podrían conformarlo ministerios, centros de investigación y enseñanza, gobiernos municipales o provinciales, asociaciones, ONG, e iniciativas comunitarias, “en las cuales vemos un gran potencial para impulsar el avance económico”.

Otro directivo, ahora del Centro de Colaboración Internacional de la Cultura Cubana, que pertenece al MINCULT, retomó un asunto ya abordado: tal vez el denominador común que afecta hoy a la cooperación otorgada a Cuba sea la insuficiente capacitación de los actores en diversos niveles. Es complejo, ya que cada una de las entidades internacionales dispuestas a extendernos la mano tiene fórmulas propias y necesitamos aprenderlas.

Empoderar, capacitar, sistematizar

Restaba profundizar en cómo acceder a las opciones de colaboración internacional abiertas —o latentes— frente a la Isla, e implantarlas con mayor éxito.

Punto central es que los receptores —todas y todos— participen en el diseño de los proyectos y luego en su implementación. El papel de los municipios, de las localidades, resulta fundamental. Es imprescindible fomentar los espacios de aprendizaje y de articulación de los distintos sectores. No debe obviarse el intercambio entre los beneficiarios. Hay que instaurar la cultura de la evaluación, en el sentido de un proceso de avance permanente. Deberá enfocarse la cooperación como un laboratorio donde experimentar nuevas formas de hacer. Se necesita asociar más a las mujeres y la juventud a esa práctica; convertir las universidades en actores del desarrollo local, propuso Jérôme Fauré.

Además de coincidir con algunos de los anteriores planteamientos, Rigoberto Fabelo agregó:  las sociedades del sur necesitamos aliarnos más con las del norte, para que los fondos públicos destinados a la colaboración sean empleados de modo que favorezcan el desarrollo; tenemos que establecer agendas conjuntas y promoverlas en espacios de respeto mutuo, de diálogo. Si queremos inculcar en los cubanos una cultura de la cooperación internacional basada en valores, ese tema debe reflejarse asiduamente en nuestros medios masivos de comunicación.“El mecanismo de evaluación o seguimiento lo vinculo al control ciudadano sobre la manera en que se utiliza lo aportado mediante la colaboración. Mientras más empoderado y preparado esté el ciudadano, la sociedad cubana va a ser mejor”.

Incrementar el diálogo, la discusión, desde el punto de vista de los sujetos protagonistas (individuos, comunidades, instituciones) constituye una premisa básica, insistió Alexis Lorenzo. Tengamos siempre en mente, además, que las mejores experiencias han visto la cooperación internacional no solo como la oportunidad de resolver un problema del momento, sino sobre todo de hacer trascendente lo aprendido, utilizarlo en aras de un futuro mejor. “Estamos en un buen momento, con las nuevas leyes, para que el país pueda aprovechar al máximo la cooperación internacional en un desarrollo equitativo, sostenible, en función de las necesidades, y no repetir errores”.
Fuente: Temas


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