Santos y pecadores •  28/01/2024

Vivir en un pueblo

Vivir en un pueblo es como vivir en una casa grande cuyo patio, es la calle, o la puerta de esa casa.
Un territorio pequeño donde todos se conocen, todos hablan de los que se conocen, todos guardan secretos reales o inventados, pero guardan.

Es una gran casa donde existen, se sabe, las típicas jerarquías etarias, de clase, de pertenencias diversas.

Esas jerarquías derivan en dogmas, costumbres e imposiciones varias que deben ser aceptadas por los que allí residen.

Una especie de pacto no consensuado, pero que no se debe cuestionar a la hora de la convivencia.

No hay intercambio posible entre los que llegan y los que ya estaban en ese pueblo.

Hay un orden «natural y vertical» que desciende desde las cúpulas: las familias de apellidos ilustres suelen dictaminar las normas. La obediencia es la norma.

En esa casa grande no se admiten personas o grupos que puedan modificar el orden establecido de ninguna forma.

No se concibe la amplitud, y la diversidad es un slogan de campaña y nada más.

Nadie puede perderse en un pueblo, porque todos, o casi todos, saben dónde cada uno está; ya sea por su auto, o moto o bicicleta, saben.

Las voces ancestrales son las regidoras de los lenguajes, y polemizar en ese sentido, podría costarnos la expulsión simbólica de todos los sitios posibles en la pequeña gran casa pueblerina.

En un pueblo, también existe una doble moral que dice que hay cosas que sólo les está permitidas a los jerárquicos; amantes, lujuria e intercambio de favores por debajo de la cama.

Eso sí, luego a misa.

Lo que no puede ocultarse en los pueblos, es el ruidoso silencio que hace lo no dicho, lo que conviene callar.

Néstor Tenaglia Álvarez


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Néstor Tenaglia Álvarez

 https://nestortenaglia.wordpress.com/

Comunicador y escritor argentino: En 1989 comienza una experiencia comunicacional en Radio Nacional Esquel, Patagonia, Argentina, por lo cual es convocado por la Dirección Municipal de esa ciudad para realizar trabajos de prensa y difusión. A partir de 1992, en Buenos Aires, comienza el programa de radio "SANTOS Y PECADORES "que se extenderá en el tiempo hasta 2018. Allí vincula las letras con las entrevistas, convoca a importantes músicos, historiadores, artistas y vuelca periodísticamente todas esas experiencias en lo que se denomina "radio arte". Con una fuerte impronta en los derechos humanos, colabora para el periódico Madres de Plaza de Mayo, organismo mundialmente conocido. La poesía ha sido siempre la forma de encarar los proyectos comunicacionales, anclando las temáticas en cuestiones marcadas por sucesos históricos y también atemporales. Su trabajo comunicacional le ha valido algunos premios y varios reconocimientos. En 2005, la Editorial Dunken edita "La gran apuesta", antología poética donde participa con el texto "Mapuche". En 2020, Ediciones La Esfera Cultural (España) edita "El club de los relatores" donde participa con el texto "Un árbol gigante" siendo premiado entre más de seiscientos participantes. En 2021 gana el segundo puesto en el Concurso Relatos de Otoño que organiza Ediciones Embrujo, por lo que su relato "Viento de octubre" forma parte de la antología "Flor de Otoño y otros relatos" editada en el mismo año. En 2022, forma parte del Libro editado por la Falla Sant Nicolau Mosquit de Gandia, titulado "Construim" con el poema "Tierra removida", traducido al valenciano. También, en 2022, es seleccionado para participar de una antología como resultado del Fallo del III Certamen Literario de Relato y Poesía, organizado por el Ayuntamiento de Encinas Reales, Córdoba, Andalucía con su poema "Hoja en blanco". Es director de contenidos en su sitio, "Periodismo en Cronopia" Actualmente reside en la Comunidad Valenciana, desde 2019.
Primer año en España A un año de varias fotos: abrazos, lágrimas, miedos, incertidumbre, canciones, porvenir, un avión en Ezeiza rumbo a Madrid, un sol radiante. Qué rápido pasamos por el tiempo. En estos días la red me recuerda últimos brindis, palabras con significado profundo, sonrisas, regalos, buenos deseos. No somos originales; el mundo está hecho de adioses y bienvenidas. Cuando uno se aleja, invariablemente algo sepulta y, a la vez, algo siembra. Toda evocación conlleva cierta nostalgia y la rara sensación de observar con el zoom de la mirada que permite discriminar lo bueno, lo malo y lo feo de cada sitio, de cada época, de cada persona, pero también, permite reflexionar sobre las propias sombras, los propios demonios y hacer de la distancia una experiencia de búsqueda y aprendizaje.