Así lo publicaba la Gaceta de Madrid en su número 53.
DECRETO-LEY
Siendo inequívoca la significación del resultado de las Elecciones a Diputados a Cortes en cuanto a la concesión de una amnistia por delitos políticos y sociales, en favor de la cual se ha pronunciado la mayoría del cuerpo electoral, y tratándose de una medida de pacificación conveniente al bien público y a la tranquilidad de la vida nacional, en que están interesados por igual todos los sectores politicos; de acuerdo con el Consejo de Ministros, a propuesta de su Presidente y previa la aprobación de la Diputacion Permanente de las Cortes
Vengo en disponer lo siguiente:
Artículo único. Se concede amnistía a los penados y encausados por delitos políticos y sociales
Se incluye en esta amnistia a los Concejales de los Ayuntamientos del País Vasco condenados por sentencia firme.
El Gobierno dará cuenta a las Cortes del uso de la presente autorización.
Dado en Madrid a veintiuno de febrero de mil novecientos treinta y seis.
NICETO ALCALA-ZAMORA Y TORRES
El Presidente del Consejo de Ministros
MANUEL AZAÑA DIAZ
Así narraba los hechos acaecidos en la cárcel de Oviedo, Dolores Ibarruri «Pasionaria» en sus memorias «El único camino».
«Señores -les dije- una cosa es evidente. Aquí no hay más solución que poner a los presos en libertad.
Pregunto el Administrador:
¿Quien asume la responsabilidad de ello?
-Yo como Diputado de Asturias.
-Pero hay presos comunes. ¿Que hacemos con ellos?
-Ponerlos también en libertad. Ayer podrían ustedes haber hecho una diferenciación. Hoy, no.
-Tome usted y abra las puertas -dijo el Administrador, entregándole un manojo de gruesas llaves.
Las cogí y sin aguardar a nadie, corrí por los pasillos de la cárcel agitando las llaves en alto y gritando ya sin voz, después de tantos ajetreos:
-¡Camaradas! ¡todos a la calle! ¡todos a la calle!…..
El momento fue inenarrable. Estaba tan emocionada que no acertaba a abrir las puertas y tuvieron que ser los propios detenidos quienes las abrieron.
Como un alud se lanzaron a la salida. Todos querían abrazarme a un tiempo. Cuando los presos comenzaron a aparecer en las puertas de la cárcel, fue la locura. Las madres, las mujeres, los amigos, los camaradas se lanzaban al encuentro de los hombres que con tanta entereza y poniendo la vida en la empresa, habían luchado por la libertad y la democracia para impedir que España fuese una cárcel fascista.
Por primera vez en la cárcel de Oviedo, ni los oficiales de prisiones, ni la guardia, tenían nada que hacer».
Fuente: Federico Rubio Herrero (Cronologia mundial durante el Gobierno del Frente Popular, febrero-julio 1936)