Archivo •  Redacción •  Actualidad •  02/02/2020

40 años del asesinato de Yolanda González

La madrugada del 1 al 2 de febrero de 1980 la activista y militante del Partido Socialista de los Trabajadores Yolanda González fue secuestrada y asesinada por pistoleros ultras de Fuerza Nueva.

40 años del asesinato de Yolanda González

A principios de 1980 Madrid vivía sumida en una profunda convulsión social. Frente al relato oficial de una transición idílica, la capital del vivía en un permanente estado de agitación. A la enorme efervescencia reivindicativa, con grandes movilizaciones de sindicatos y movimientos vecinales, se contraponía el temor permanente a un golpe de estado y la sucesión de atentados terroristas (una característica extendida en ese periodo en toda Europa).

En ese contexto, miembros del grupo ultra Fuerza Nueva secuestraron y asesinaron a Yolanda González, una estudiante de apenas 19 años que militaba en el pequeño Partido Socialista de los Trabajadores. A última hora de la tarde del 1 de febrero, los miembros de Fuerza Nueva Emilio Hellín Moro e Ignacio Abad Velázquez irrumpieron en el piso de estudiantes donde residía Yolanda en el barrio de Aluche. Haciéndose pasar por agentes de policía y tras un breve registro del domicilio, los terroristas de extrema derecha condujeron a Yolanda a un vehículo, trasladándola a un descampado en las afueras de Alcorcón, donde la asesinaron.

El asesinato de Yolanda conmocionó de forma inmediata a la opinión pública. A pesar de que en su reivindicación del atentado el denominado “Batallón Vasco Español” indicaba que se había realizado en represalia por un atentado de ETA, Yolanda no pertenecía siquiera al entorno abertxale. La denuncia de Juan Carlos Rodas, un agente de policía que había colaborado con el grupo terrorista ultra, permitió esclarecer y juzgar rápidamente las circunstancias del asesinato, poniendo de manifiesto la gravedad de las actuaciones de grupos ultraderechistas.

El caso provocó, así mismo, que saliesen a la luz una multitud de atentados similares, como el que se cobró la vida de la joven Ana Teresa Barrueta menos de un mes antes en Lejona, Vizcaya. Los atentados de grupos ultra en Madrid continuarían, acabando con la vida del dirigente vecinal Arturo Pajuelo Rubio o el asesinato de Juan Carlos García Pérez.

A pesar de su relevancia, el asesinato de Yolanda, como tantos otros fue quedando en el olvido a lo largo de las décadas, con la remisión y paulatina desaparición de grupos armados de extrema derecha. Un fenómeno histórico incómodo, tapado con un alto nivel de impunidad y la voluntad activa de conducirlo al olvido. Sin embargo, hoy, 40 años después de su asesinato, y cuando la ideología ultra que provocó su muerte reaparece de forma aterradora en el escenario social y político, la memoria de Yolanda debe continuar más viva que nunca.


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