Venta de la sanidad pública y terrorismo de estado

Primero tuvieron a mi padre casi una semana en los pasillos de Urgencias del Hospital Dr. Negrín de Las Palmas en febrero de 2018, allí pasaba la gente y lo veía entubado, contencionado, nervioso, asustado, incluso algún gracioso tuvo la ocasión de hacer alguna burla sobre textualmente "aquel pequeño viejillo" desesperado. Cientos de personas discutían, presenciamos hasta peleas por una silla, enfermeras desquiciadas gritando de ansiedad ante la avalancha de enfermos.
 
Sin esperarlo, sin dormir en aquel antro tercermundista, nos llega la noticia de que lo derivaban a una clinica privada, como si el Gobierno de Canarias no tuviera medios suficientes para ingresar en sus hospitales o residencias sociosanitarias a un hombre que cotizó más de 50 años, pero nada hay que darle dinero a la caterva de la sanidad privada. Lo trasladaron a la CLÍNICA CAJAL, allí nos encontramos con un médico geriatra, además de concejal en el municipio de Gáldar por el BLOQUE NACIONALISTA RURAL-NUEVA CANARIAS, un tal SINFORIANO RODRÍGUEZ, que nada más llegar me llamó diciéndome que allí no podría estar mucho tiempo, que solo era una infección de orina, los riñones muy jodidos, una demencia. Con gesto serio, prepotente, de esos que miran por encima del hombro desde el primer día nos puso a la familia la presión y la espada de Damocles de un alta a una persona que no se podía valer por sí misma, con una demencia avanzada, sin tener en cuenta que yo no tengo hermanas ni hermanos, que mi madre tiene 88 años, que estamos solos y sin medios para tenerlo en casa. Nos aconsejó que fuéramos al trabajador social de la misma clínica, un tal OCTAVIO, un tipo algo pijo, pinta del falso, sabelotodo, mirada de superioridad, cordial al principio, pero al poco tiempo ejerciendo de policía bueno y el médico de policía malo, mi padre entubado en la cama, echando sangre por la orina y ellos presionando, presionando, amedrentando cada día en una pesadilla que no tenía fin.
 
Subía aquellas escaleras cada día pensando en el puto alta, preguntándonos cómo lo íbamos a tener en casa. Un comportamiento indigno de profesionales de la medicina y el trabajo social, jugando con la dignidad de mi familia, de las miles de familias que sufren la dependencia de un familiar. Movimos todos lo hilos habidos y por haber para que no nos echaran de la asquerosa clínica, que aunque privada era un desastre absoluto, personal mal pagado, mucha chica joven con contratos basura según nos dijeron ellas misma, sueldos de mierda, maltrato, malas caras, miradas cómplices como si no tuviéramos derechos, como si nos hicieran un favor al estar en la privada, una privada que llena sus cuentas corrientes con el dinero de todos, con el dinero público que pagamos de nuestros impuestos, para que estos sinvergüenzas le unten el beso a políticos corruptos que destruyen la sanidad pública.
 
Al final en julio llegó esa alta, el tal OCTAVIO, ese que degrada el trabajo social, nos dijo, casi nos amenazó con malas palabras que como habíamos recurrido a todo tipo de contactos ya mi padre Diego no estaba en sus manos, que tenía que irse, que nos echaban, que a la puta calle y SINFORIANO RODRÍGUEZ el mal médico, el estirado con pinta de requeté, el politicucho caciquil de pueblo ejerciendo de malote, a la puta calle señores, que nos llevaramos al viejo a nuestra casa sin tener medios, sin tener hermanos, con mi madre en un estado de salud crítico y yo con graves problemas de salud.
 
Búsquense la vida con el viejo señores nos dijeron mientras seguían, siguen mamando dinero público con cada derivación, con cada pelotazo sanitario, con cada persona mayor con derechos constitucionales que ingresan para presionar a las familias hasta llevarte al borde del suicidio o de cometer una locura contra estos hijos de mala madre.
 
Ahora que mi padre ha muerto, después de pasar cinco meses en casa sin condiciones mínimas de calidad de vida, de dignidad, destrozando las vidas de mi madre y la mía,sin dormir, oyendo día y noche los gritos de dolor de mi viejo, tengo que decir que lo que hacen con nuestros ancianos los gestores sanitarios del Gobierno de Canarias al derivarlos a la podrida sanidad privada es TERRORISMO DE ESTADO, CORRUPCIÓN POLÍTICA, DELINCUENCIA ORGANIZADA, COMPORTAMIENTOS MAFIOSOS.
 
No nos callarán con sus amenazas, chantajes, presiones, como si nuestros mayores fueran escoria, números, gente a la que hay que matar lentamente.
 
SON TODOS UNOS ASESINOS DELINCUENTES.
 
Lo acabarán pagando muy caro sin ninguna duda más temprano que tarde.
 

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Imagen: Diego y Lola en la Cajal (abril 2018), foto de Eduardo Robayna para reportaje en Diario Público
 
La opinión del autor no coincide necesariamente con la de TerceraInformación