Fernando Dorado •  Opinión • 27/10/2020

¿Cuál es la esencia y el derrotero del «auto-golpe» que prepara Uribe?

Popayán, 26 de octubre de 2020.

Uribe necesita un “auto-golpe” para acabar con la JEP y, por ahí derecho, desconocer las Cortes Judiciales.

Es la única manera que tiene de garantizar su impunidad y no volver a la cárcel (así sea a El Ubérrimo).

¿Cuál es el Plan que debemos develar? ¿Cuál es el derrotero planeado?

Uribe quiere convencer a los grandes potentados empresariales que ese camino es necesario para evitar que el «castro-chavismo» llegue al gobierno en 2022.

Pero no toda la casta dominante está de acuerdo con esa idea, y de allí el desespero de Uribe.

El grueso de la oligarquía sabe que Uribe tiene un interés particular (su impunidad) y no van a atentar contra su «débil democracia», que les sirve para engañar al pueblo.

Por ello, Uribe utiliza al gobierno de Duque para fraguar una gran provocación policial y militar, para imponer una «conmoción interior» y poder cerrar el Congreso, intervenir las Cortes, censurar a las Redes Sociales, controlar totalmente los medios de comunicación, perseguir y encarcelar a los líderes de la oposición y del movimiento social, e imponer un poder autoritario y dictatorial.

Cómo parte de su plan, Uribe ya lanzó la propuesta de impulsar y organizar un Referendo Constitucional para reformar la Justicia.

La gran provocación policial y militar ya está en marcha. Los asesinatos de líderes sociales y de oposición hacen parte de ese plan. Lo ocurrido en Bogotá el pasado 9 de septiembre es parte de ese operativo de infiltración de la protesta social y provocación de hechos y desmanes violentos (asonadas, saqueos, asesinatos).

El que el Ejército Oficial permita que los Grupos Armados Ilegales de todos los colores, orígenes, siglas y pelambres sigan creciendo en las regiones y haciendo de las suyas, es parte de ese Plan preconcebido.

Y tienen cómo provocar miedo entre los empresarios y pequeños y medianos productores, con la amenaza del “castro-chavismo”, cuyo mejor ejemplo es lo que ocurre en Venezuela, que muchos colombianos ven pasar a diario por el frente de sus casas (in-migrantes sin rumbo y sin futuro).

Por ello, las fuerzas democráticas no podemos caer en la trampa. Ni dejarnos asustar y paralizar, pero tampoco caer en la desesperación y el aventurerismo.

Hay que impulsar y organizar la protesta social, hacerla más masiva y más política, centrando las consignas en lo principal como lo acaba de hacer La Minga: Defensa de la Vida, la Democracia, la Paz y el Territorio.

Pero, a la vez, blindando nuestras movilizaciones contra la infiltración policial y la provocación violenta, como también nos lo mostró La Minga.

Pero tampoco caer en la trampa de impulsar consignas y propuestas que crean tensiones anti-democráticas, como querer «tumbar» a Duque o «revocarlo».

Hay que entender que ellos son los que están desesperados, ellos día a día se desgastan y saben que los demócratas nos vamos a unir en 2022 y que van a perder el Gobierno (y posiblemente sus mayorías parlamentarias).

Por ello, el tiempo está a nuestro favor.

Y los demócratas también tenemos el deber de construir un programa democrático y una fórmula presidencial para 2022 que envíe ese mensaje de serenidad y paz, de construcción tranquila de una sociedad de progreso y de beneficio colectivos.

Una fórmula presidencial y un grupo de candidatos al Parlamento para concretar nuevas mayorías ciudadanas, que desarrolle una campaña electoral sin formas estridentes, sin generar tensiones crispantes, sin revanchismos obsesivos, sin poses caudillistas y mesiánicas, que -en últimas- son del mismo tenor «uribista» y, por ello, le hacen el juego al desesperado Uribe que necesita de una contraparte que genere miedo y terror.

Duque y el uribismo día a día, hora a hora, sufren un enorme desgaste y ellos lo saben.

El tiempo de la verdadera democracia ha llegado a Colombia, pero saliendo de una guerra de más de 70 años no puede ser un salto al vacío. Tiene que ser un paso firme y claro pero paciente y sereno.

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