Red Roja •  Opinión • 25/09/2020

La lucha de clases no se confina. La independencia de clase, la mejor vacuna frente a la pandemia

Los acontecimientos producidos en la tarde del jueves, cuando una concentración ante el Centro de Salud Ángela Uriarte de Vallekas recibió una brutal carga policial sin mediar provocación alguna, y que ha dejado varias personas heridas y tres detenidos, constituyen una buena muestra de cómo tiene previsto el Gobierno estatal enfrentar esta nueva escalada de la pandemia y la hecatombe social que se avecina.

La concentración pretendía, como en otros barrios y pueblos de Madrid, denunciar el escándalo de la segregación a la que se somete a los barrios obreros para todo menos para ir a producir riqueza para el capital en transportes abarrotados, donde la distancia de seguridad es una broma macabra.

Y se ha podido constatar cómo esa segregación, ese sometimiento cotidiano a condiciones inhumanas en el transporte, en el trabajo y en los barrios se responde con represión, con cargas policiales contra el vecindario indefenso, con heridos y con detenciones. El gobierno «progresista» del Estado acude mandando a sus huestes a la llamada de la presidenta más denostada en una «unidad de acción» que se delata por sí sola.

Ser clase obrera, el mayor factor de riesgo para el Covid 19

Todos los factores de riesgo para el Covid 19 definen la situación de quienes viven y trabajan en las condiciones de máxima explotación: hacinamiento en casas minúsculas, cortes de agua y de luz por impago, desahucios, aglomeración en los transportes, fracaso escolar, desesperación de la juventud, despidos masivos… Es decir, todo lo que coloca a la clase obrera ante una situación límite y sin esperanza de resolución

A ello se une una sanidad pública desbordada, donde se trabaja en condiciones de precariedad y donde las consultas telefónicas están sirviendo para enmascarar la falta clamorosa de personal sanitario con consecuencias graves para los pacientes por la multiplicidad de diagnósticos erróneos de enfermedades graves. Todo ello mientras se comprueba con rabia, cada vez más difícil de contener cómo los aplausos hipócritas a la sanidad pública se han convertido en un río de millones de euros para empresas privadas: Ribera Salud (PCRs), Indra y Telefónica (rastreadores) y el sin fin de empresas que como buitres acudirán a hacerse con el pedazo más grande posible de la gestión de los nuevos hospitales.

Y para que el festín transcurra sin molestos inconvenientes, para que a la gente pisoteada no se le ocurra rechistar están los variados tipos de policías, y el ejército, por si acaso. Desde hace varios años, las únicas plazas de empleo público, a miles, que se ofertan son para integrar los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

Por si algo faltara la Federación de Asociaciones de Vecinos de Madrid, que responde mayoritariamente a los dictados de Podemos, IU y PSOE, a las pocas horas de producirse los acontecimientos de Vallekas ha sacado una nota diciendo que «en Vallekas se han producido incidentes con los que las asociaciones vecinales nada tienen que ver». Si les quedaba algo de vergüenza ha sucumbido esta tarde ante la dignidad y el orgullo de clase del barrio de Vallekas.

Pero los estómagos agradecidos y las organizaciones subvencionadas sirven de poco cuando se despierta aquello que el poder más teme, lo que han tratado de enterrar millones de veces miles de plumíferos posmodernos a sueldo: la conciencia y el orgullo de ser clase obrera.

La independencia de clase, ese saber colectivo de quiénes somos y, en consecuencia, identificar a nuestro enemigos.

Red Roja manifiesta, impulsará y colaborará con todas las acciones de solidaridad con los detenidos y con las personas heridas. Cuando hay pueblo detrás, la represión se convierte en un boomerang, y en Vallekas y en Madrid, hay pueblo a raudales.

Efectivamente, como se gritaba en los barrios obreros, repletos de orgullo de clase, de la Dignidad del Sur: «No es confinamiento, es lucha de clases».

Ese es el principio.

Madrid 25 de septiembre de 2020.


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