Isabel Allende: «Necesito trescientas páginas para escribir sobre la realidad dolorosa de Gaza»

Isabel Allende pertenece a una conciencia humana profunda, una conciencia que se funda en no olvidar los genocidios del siglo XX ni a sus tiranos. Por ello recurre a la novela como un espacio de comprensión y de reflexión. Desde esa conciencia, intenta leer el mundo convulso de hoy y expresar sus nuevos genocidios y a sus nuevos déspotas, no mediante un lenguaje de análisis político directo, sino a través del relato y de los destinos humanos que son triturados por los acontecimientos. En su obra, da voz a quienes han sido silenciados: a las mujeres, a los marginados, a los exiliados y a todos aquellos que han quedado fuera de las narrativas oficiales de la historia.
No habla Allende desde el “ojo del huracán”, habla desde una distancia que considera condición necesaria para comprender y escribir. En esta entrevista, reivindica la distancia como condición de la escritura. No busca fijar el presente inmediato, sino comprenderlo cuando ha sedimentado en la memoria. Por eso, frente a tragedias como Gaza, rehúye toda simplificación: algunas realidades —sugiere— no caben en una frase, sino que exigen el tiempo y la amplitud de la novela para ser contadas.
El mundo parece vivir hoy un momento continuo de guerras y explosiones. ¿Cómo vive usted esta etapa global de conflictos? ¿Cómo la incorpora a su conciencia narrativa?
En los 84 años de mi vida, siempre el mundo ha estado en guerra. Ahora vivimos una realidad global, por eso lo que ocurre en cualquier parte afecta a toda la humanidad. También estamos más informado: sabemos al instante lo que sucede en todas partes. Nos parece que este es un momento particularmente explosivo porque olvidamos lo que fueron las guerras y genocidios del siglo veinte, los años de la guerra fría, las dictaduras y golpes militares, invasión y ocupación de territorios, millones de gente desplazada. En mis novelas he tocado el tema de la violencia y del poder de muchas maneras, porque afectan y a veces determinan las vidas de los personajes.
En su opinión, ¿puede la novela narrar el mundo actual o necesitamos nuevas formas literarias o incluso géneros?
La novela puede narrar la actualidad, pero no exclusivamente. Los medios audiovisuales, como el cine y la fotografía narran constantemente la realidad, y también el periodismo. La ventaja de la novela es que perdura en el tiempo. En mi caso, necesito distancia para contar los hechos, no puedo hacerlo desde el ojo del huracán. Pude escribir sobre el golpe militar en Chile (l973) ocho años más tarde y desde el exilio.
¿Siente usted que el margen de libertad del escritor en el mundo actual se está reduciendo?
Hoy se publican más libros que nunca, pero existe la limitación que imponen las editoriales. Hay pocas oportunidades para la literatura experimental y para nuevos autores. En muchos países también hay censura política, pero en general creo que la libertad del escritor no está más restringida que antes.

La escritora chilena Isabel Allende. Foto: © Lori Barra
«No puedo separar las circunstancias sociales y políticas de las vidas de mis protagonistas»
¿Sigue siendo Estados Unidos, para usted, un espacio realmente libre para la escritura?
Sí, pero yo tengo la suerte de tener un nombre que los lectores y las editoriales reconocen, de manera que no tengo problema para publicar. Además, mis libros se publican en más de 40 lenguas, de modo que no estoy limitada por las circunstancias actuales en los Estados Unidos. Mi primera novela, La casa de los espíritus, ha sido prohibida en algunos estados del sur, pero eso no afecta mi libertad para escribir sobre lo que deseo contar.
¿Existen nuevas formas de censura cultural o indirecta que condicionan la libertad de expresión?
A veces se llega a extremos con lo políticamente correcto y la apropiación cultural. Supuestamente, un autor no debe escribir sobre otra cultura. Con ese criterio, yo no habría podido escribir sobre indígenas en Guatemala, esclavos africanos en Haití, chinos en California o árabes en el Caribe. No presto atención a esas limitaciones y hasta ahora mis editores tampoco.
Hay escritores que prefieren mantenerse al margen, rechazando la intersección entre política y literatura. En su opinión, ¿está el escritor hoy obligado a asumir una posición clara frente a lo que ocurre en el mundo?
No hay ninguna obligación, eso depende del autor. Yo no puedo separar las circunstancias sociales y políticas de las vidas de mis protagonistas, pero mi intención no es predicar, dar un mensaje o cambiar la manera de pensar de los lectores. Eso puede ocurrir a pesar mío, pero no está hecho a propósito.
«Me interesan más que nada las voces silenciadas»
En sus novelas, la tragedia individual suele convertirse en una imagen del gran conflicto político. Cuando observa una realidad como la actual, ¿qué imagen, personaje o momento novelístico se impone en usted como narradora antes que cualquier interpretación política?

La escritora chilena Isabel Allende. Foto: © Lori Barra
Me interesan más que nada las voces silenciadas. El poder está en manos de los vencedores, que en general son hombres (blancos). Ellos cuentan la historia a su manera, ellos narran la realidad. Yo quiero enfocarme en las mujeres, los derrotados, los pobres, los desplazados, los marginales. Eso he hecho en mis novelas históricas y lo mismo hago en mis novelas de actualidad.
Desde lo literario, ha trabajado mucho los temas del dolor, la memoria y el exilio. Si le pidieran escribir una sola frase para describir lo que ocurre hoy en Gaza o Líbano como novelista, no como analista política, ¿qué diría?
No puedo escribir nada de esa compleja y dolorosa realidad en una sola frase. Necesito trescientas páginas.
Sus novelas están pobladas de mujeres muy fuertes y transgresoras. ¿Esta construcción literaria responde a experiencias personales?
Estoy rodeada de mujeres fuertes. A través de mi Fundación, que trabaja con mujeres de alto riesgo y vulnerabilidad, conozco mujeres extraordinarias, que han sufrido lo inimaginable, han perdido todo – incluso los hijos a veces – y se ponen de pie y siguen adelante con generosidad y capacidad para la alegría. Ellas son mis modelos.
¿Cómo ve a Chile hoy? ¿Cree que existen causas culturales profundas detrás de este giro político en los países hispanoamericanos?
En Chile el péndulo político va y viene entre la izquierda y la derecha cada cuatro años. Ahora tenemos un presidente de extrema derecha, admirador de las políticas de Trump, elegido por dos causas principales: la seguridad y la inmigración. Esos problemas existen en los Estados Unidos y muchos países de Europa. Eso explica el giro a la derecha, que espero no dure demasiado. El mundo necesita nuevas formas de gobierno. Las instituciones y leyes del siglo XIX, que todavía aplicamos a la democracia, ya no son funcionales. En el siglo XXI hay que reinventar la convivencia humana.
Jaafar Al Aluni:
Poeta y traductor de origen sirio. Autor de “Diván de poetisas árabes contemporáneas”. Traductor de “Adoniada” y “Entre lo fijo y lo mudable. Creación y la tradición en la cultura árabe”, entre otros.
