Kepa Arbizu •  Cultura •  10/06/2021

“Ven y mira”, Elem Klimov. Los ojos del horror

Rodada originalmente en 1985, y ahora remasterizada, esta película coescrita entre el director y el autor Alés Adamóvich describe de manera angustiosa la mortal y sádica campaña realizada por el ejército nazi en suelo bielorruso, convirtiendo dicho relato en un contundente alegato antibelicista.

“Ven y mira”, Elem Klimov. Los ojos del horror

El arte siempre se ha interrogado sobre la forma más acertada, e incluso ética, de reflejar los -por desgracia no pocos- episodios especialmente trágicos que la historia universal nos ha deparado. Tener la capacidad de trasladar de la manera más efectiva a través de una obra su cruel significado al mismo tiempo que dotarla de un contenido formal destacable es una complicada, y a veces controvertida, aspiración de la que muchos creadores han sido partícipes. Ahora, gracias a la remasterización a la que ha sido sometida, es posible rescatar de su relativo anonimato y acceder al visionado, ya sea en algunas salas de cines o en plataformas online como Filmin, de “Ven y mira”, película escrita en 1985 y que se detiene en la política de tierra quemada llevada a cabo por el ejército nazi en Bielorrusia durante la II Guerra Mundial.

Surgida en un primer momento con la intención de conmemorar el 40 aniversario de la victoria aliada durante tal armisticio, la cinta, sin obviar en ningún momento dicho cometido, escoge sin embargo con gran acierto cumplir esa misión pero esquivando caer en un planteamiento excesivamente propagandístico (solo visible de forma más ostensible en la parte final del metraje) y decantarse por realizar un descomunal y brillante alegato contra la barbarie que alberga el propio concepto de la guerra, un ignominioso manto del que ningún implicado es capaz de desprenderse.

Dirigida por Elem Klimov, las labores de guión fueron compartidas junto al escritor Alés Adamóvich, quien además de haber plasmado ya en libro dichas experiencias ejerció como partisano en su adolescencia, viviendo por lo tanto en su propias carnes el exterminio al que fueron sometidos tantos y tantos conciudadanos. Si bien no existe en la aspiración de la película ofrecer una reproducción exacta de los hechos bajo ningún tipo de afán documentalista, sí se vale de los terribles acontecimientos -que incluyen matanzas, violaciones y todo tipo de actos execrables- llevados acabo en la localidad de Khatyn para inspirar decisivamente la narración.

Durante casi dos horas y media haremos de acompañantes del joven (casi niño) Flyora, interpretado de forma sobresaliente por un actor no profesional, lo que le aporta todavía una naturalidad más trágica al perfil, quien decide, tras desenterrar un fusil perteneciente a uno de los muchos combatientes cubiertos por la tierra en pleno campo, enrolarse en las milicias rusas para, con con una mezcla de ingenuidad y satisfacción, tomar parte de la contienda. Desde ese momento comenzará, en una suerte de tour de force, un recorrido por diferentes episodios y en variadas compañías a través de las cuales paulatinamente irá descubriendo y acumulando experiencias que tejerán la imagen más pura del horror, lo que a la postre se convertirá en un vertiginoso y traumático proceso de maduración, o más bien degradación, personal.

Que la película opte por un estilo sobrio y crudo no le va a impedir aderezar su desarrollo con algunos momentos salpicados de destellos oníricos o casi fantásticos, algo que en ningún momento nos alejará del verdadero sentido ni significado de proceso del que somos espectadores. Pero si por algo destaca en el aspecto técnico la cinta es por el original recurso de recurrir en repetidas ocasiones a los primeros planos de los rostros de los personajes, especialmente llamativos y relevantes los de su protagonista. Sin necesidad de recrearse especialmente en el fáctor sanguinoliento ni efectista (habiendo situaciones propicias para ello), la propia naturaleza de los hechos recogidos resultará suficiente para encumbrar su trascendencia, solo apoyándose a veces en sonidos y/o efectos del propio entorno o en las contadas pero certeras utilizaciones de la música. A pesar de todo ello, nada se percibirá tan espeluznante como enfrentarnos a la cercanía con que sentimos los gestos representados en la cara de los individuos, capaces de atravesar la pantalla y alojarse en nuestro cerebro.

“Ven y mira”, expresión certeramente extraída del libro del Apocalipsis, consigue ingresar así en esa lista selecta de obras audiovisuales que se han convertido en referencia a la hora de confrontar y criticar el afán bélico, y entre las que podemos citar, guardando más puntos en común con unas que con otras, títulos como “Senderos de gloria, “Johnny cogió su fusil”, “Apocalypse Now” o “La delgada línea roja”. Para ello, esta producción rusa no necesita baños de vísceras ni grandilocuentes batallas, de hecho aquí no hay generales de limpios galones ni estrategias planeadas sobre impolutos planos, solo individuos simples y llanos envueltos en una zona de combate que les convierte en víctimas o verdugos. Una fotografía que se revela en toda su trágica extensión en la mirada fija del que fuera un impulsivo joven y al que finalmente veremos con facciones ajadas y enloquecidas, fiel reflejo de las huellas que depositan sobre él esas hojas de la historia empapadas en sangre y sufrimiento, representación palpable de la gran derrota que la guerra siempre significa para el ser humano.


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