Christian Zampini •  OPI •  Memoria Histórica • 02/08/2020

Se cumplen 40 años de la «Strage di Bologna»: el peor atentado terrorista de extrema derecha de la historia de Europa

El 2 de agosto de 1980 un atentado con bomba en el anden de la estación de ferrocarril de Bolonia acababa con la vida de 85 personas causando heridas a otras 200. Perpetrado por el grupo de extrema derecha NAR, la llamada "Strage de Bologna" supuso el climax de los denominados años de plomo en Italia.

Se cumplen 40 años de la «Strage di Bologna»: el peor atentado terrorista de extrema derecha de la historia de Europa

La calurosa mañana del 2 de agosto de 1980, miles de personas atestaban la estación de ferrocarril de la ciudad italiana de Bolonia, a la espera, la mayoría de ellos, de los trenes que les llevaría a sus destinos de vacaciones. La despreocupación, la alegria de las vacaciones, el verano se verían interrumpidos de forma drástica a las 10 hora y 25 minutos, cuando dos bombas incorporadas en una maleta abandonada en el ala oeste de la estación, en la sala de espera de la clase turista, hacían detonación acabando con la vida de 85 personas. 

Tras unos minutos de shock e incomprensión, la gente comprendió lo que acababa de suceder. El peor atentado de la historia de Europa hasta el momento, acababa de tener lugar. Los servicios de emergencia completamente sobrepasados, tuvieron que hacer uso incluso de los autobuses de la Línea 37 para trasladar a los cientos de heridos. Muchos años después, el autobús de la Línea 37 y el reloj de la estación detenido a las 10:25 serían recordados como símbolos del atentado.

Hoy se conmemora el 40 aniversario de la denominada «Strage de Bologna», el atentado perpetrado por el grupo de extrema derecha NAR (Nuclei Armati Rivoluzionari) que durante décadas permanecería como el peor ataque terrorista de la historia de Europa. Una acción de destrucción masiva dirigida contra la clase trabajadora de Bolonia e inserta en lo que se denominó la «Estrategia de la Tensión», un modo de contrainsurgencia destinado a generar un golpe militar o una involución democrática en una Italia en la que el Partito Comunista Italiano continuaba creciendo mientras grupos revolucionarios a su izquierda llegaban a irrumpir en la política institucional. 

En un primer momento, las autoridades del gobierno dirigido por el democristiano Francesco Cossiga, llegó a comunicar que la principal hipótesis que se barajaba era la explosión de una caldera defectuosa. Una versión que fue mantenida durante horas, a pesar de que en el lugar de los hechos, todo el mundo era consciente de que se trataba de una explosión deliberada. La confusión y los mensajes de despiste continuaron, a pesar de que escasas horas después del atentado, una llamada anónima al SISMI, el servicio de inteligencia, comunicaba la reivindicación de NAR del atentado.

La infiltración de fuerzas reaccionarias y servicios secretos internacionales en el aparato del estado italiano, fenómeno conocido e identificado popularmente como Gladio, por uno de estos grupos de infiltración ligados al a CIA y la OTAN, saboteó durante años las investigaciones para esclarecer la responsabilidad del atentado, que llevaron a ligar la responsabilidad del atentado con figuras de tremendo peso en la derecha italiana como el líder de la P2 Licio Gelli. Más de una década y media después, el caso quedó cerrado con la condena, in absentia de algunos de ellos, de los autores materiales de los hechos, sin salir jamás a la luz la dirección política de los hechos.

Hoy en Bolonia, como todos los años, la población se manifiesta en reivindicación del esclarecimiento total de la responsabilidad por el atentado, contra el terrorismo y contra la extrema derecha. Tres cuestiones que, cuatro décadas después, continúan de triste actualidad.


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