Global Sumud Flotilla y el léxico político de Israel

La política israelí posee un léxico propio -lingüístico, intelectual y moral-. Quien se aparta de sus reglas y medidas queda, de antemano, equivocado, incluso si acierta. No hay lugar para la verdad fuera de ese léxico. Tampoco para el lenguaje. Es el léxico de un Estado que tiene representantes en todo el mundo, incluidos varios países árabes. El ser humano que se solidariza con el derecho a la libertad y la justicia, encarnado en Palestina, es un criminal desde el principio. O, como mínimo, un “sospechoso”. Y la política israelí considera que tiene el “derecho” de corregir ese error y devolverlo a la “norma”. Una corrección que no se limita a responderle en el plano lingüístico, intelectual o moral. Debe llevar, inevitablemente, al encierro, a la tortura, al desplazamiento o a la muerte, o a la ocupación de la tierra. Como si existiera un “derecho” de impedir que el ser humano se equivoque en su contra. Un “derecho” abierto, sin medida fija, cambiante, que se expande o se contrae según convenga. Y si ese es el destino de quienes apoyan al pueblo palestino y sus derechos, ¿qué puede esperarse entonces del destino del propio palestino?
Tal vez lo ocurrido con los activistas de la “Global Sumud Flotilla” pueda entenderse como una aplicación directa de ese léxico israelí. No se trata simplemente de barcos que transportan ayuda y personas solidarias. Son individuos que han salido del léxico que Israel pretende imponer al mundo. En esa lógica, han cometido una falta muy precisa: la propia solidaridad. Y por eso no fueron tratados como activistas civiles, sino como adversarios que deben ser disciplinados y devueltos por la fuerza a los límites del lenguaje permitido por la narrativa israelí.
En este léxico, la ocupación no se nombra ocupación, se dice “defensa propia”. El bloqueo no aparece como castigo colectivo, se presenta como “medida de seguridad”. La víctima no es víctima, es un sospechoso en suspenso, obligado siempre a justificar su existencia. La solidaridad, en cambio, no tiene espacio intermedio: o se alinea con el relato dominante o queda fuera del lenguaje, expulsada incluso antes de ser discutida.
El activista español Santiago González Vallejo, participante en la Flotilla y uno de los detenidos por Israel la última semana, relata que uno de los momentos que más le impactaron fue la llegada del ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, al lugar donde estaban los detenidos en prisión. Afirma que entró rodeado de escoltas y periodistas, y comenzó a lanzar comentarios en hebreo antes de gritar en inglés: “Gaza no existe, Palestina no existe, vosotros sois terroristas”.
Las palabras del ministro israelí, tal como las relata el activista, revelan este léxico en su forma más directa: “Gaza no existe, Palestina no existe, vosotros sois terroristas”. Aquí no hay descripción de una realidad. No hay comentario sobre un hecho. Hay aplicación pura del propio sistema lingüístico: una negación que precede a cualquier mirada, un juicio que se emite antes de cualquier pregunta.
Desde hace más de medio siglo, la política israelí aplica este léxico y orienta su acción a partir de él, en un desprecio casi absoluto por la dignidad humana y sus derechos, por la razón y sus principios, por el pensamiento y sus valores, y por las instituciones y el derecho internacionales. La Flotilla no será el último testimonio de esta práctica.
Jaafar Al Aluni:
Poeta y traductor de origen sirio. Autor de “Diván de poetisas árabes contemporáneas”. Traductor de “Adoniada” y “Entre lo fijo y lo mudable. Creación y la tradición en la cultura árabe”, entre otros.
