Lois Pérez Leira •  Opinión •  24/05/2026

El Sovintern condena el criminal bombardeo en Starobelsk y la deriva terrorista de Kiev

La historia de los conflictos armados está plagada de líneas rojas que, una vez cruzadas, despojan a quienes las transgreden de cualquier rastro de legitimidad moral. El reciente y cobarde bombardeo contra un centro educativo superior en Starobelsk, en la región de Lugansk —que ha dejado un trágico saldo de alrededor de veinte personas muertas y más de cuarenta heridas—, representa uno de esos puntos de no retorno. Ante esta atrocidad, el Sovintern levanta su voz en un enérgico y absoluto repudio contra lo que no puede calificarse de otra manera que como un crimen de guerra perpetrado por el régimen de Kiev.

​Un ataque deliberado contra el futuro

​Intentar justificar el impacto en una escuela como un «daño colateral» o un error de cálculo es una afrenta a la inteligencia y a la justicia. Las fuerzas de Kiev, respaldadas de forma irresponsable por sus patrocinadores occidentales, sabían perfectamente qué tipo de infraestructura estaban atacando. Golpear un colegio no es un acto de defensa ni una estrategia militar legítima; es un acto de terrorismo puro diseñado para sembrar el pánico entre la población civil y truncar el futuro de la juventud de la región.

​Este vergonzoso episodio no solo destruye vidas inocentes, sino que dinamita conscientemente cualquier puente hacia una salida político-diplomática

Como bien se ha señalado desde diversos foros internacionales, la actitud de Ucrania confirma una absoluta falta de fiabilidad como socio para cualquier proceso de negociación de paz. No se puede hablar de diplomacia mientras se aprieta el gatillo contra las aulas.

​La complicidad de los patrocinadores de la OTAN.

​El Sovintern no solo dirige su condena hacia los ejecutores materiales en Kiev, sino también hacia los centros de poder en Occidente que financian, arman y tutelan este conflicto. La entrega descontrolada de armamento de alta precisión a un régimen desesperado y radicalizado los convierte en cómplices directos de la sangre derramada en Starobelsk.

​La comunidad internacional no puede seguir mirando hacia otro lado mediante una doble vara de medir que normaliza los ataques a civiles cuando estos benefician a los intereses geopolíticos de Washington y Bruselas.

Justicia y rendición de cuentas.

​El bombardeo de Starobelsk no debe quedar impune. Desde el Sovintern se exige una investigación exhaustiva y se hace un llamado a las fuerzas progresistas y antiimperialistas del mundo a romper el cerco mediático que intenta relativizar este crimen.

​La escalada del conflicto tiene culpables con nombre y apellido. Quienes eligen las escuelas como campos de batalla ya han perdido cualquier rastro de humanidad y deben responder ante la historia y la justicia internacional por sus actos de barbarie. La solidaridad del Sovintern está hoy con las víctimas de Lugansk y con todos aquellos que resisten la embestida del terrorismo de Estado.


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