André Abeledo Fernández •  Opinión •  01/09/2026

Cuando la ambición sustituye a la ideología

Camaradas,

Feijóo es capaz de cualquier cosa para llegar a presidente del Gobierno. No porque tenga un proyecto para España, sino porque carece del lastre que a otros les frenaría el cálculo: no tiene límites éticos, morales ni ideológicos que le impidan asumir lo que haga falta. Como el resto de la cúpula del Partido Popular y buena parte de sus representantes institucionales, es una cáscara vacía que se llena con cualquier contenido con el único objetivo de mantener el poder y los intereses personales que lo acompañan. Hoy esa cáscara se llena de discurso racista y xenófobo, prestado directamente de la ultraderecha y del fascismo.

Hablamos de alguien que, para trepar, ha prescindido de valores humanos, de dignidad y de empatía. Eso es lo que denunciamos desde la izquierda: un personaje que, al alcanzar el poder, solo se ha ocupado de enriquecerse a sí mismo y a su entorno. Como otros líderes de la derecha española, cuenta con la ventaja de la desvergüenza en una sociedad que tolera demasiado bien la corrupción.

La pandilla de la ultraderecha

Ayuso, Mazón, Aznar, Feijóo y Abascal forman parte de una misma pandilla sin ideología propia, dispuesta a servir a sus amos: las oligarquías, los poderes económicos, los Estados Unidos y el sionismo internacional.

Hoy toman de la mano a la ultraderecha fascista para convertir a los migrantes en chivos expiatorios, mientras estos son víctimas de una política marroquí que responde, en buena medida, a los intereses de Washington e Israel.

Ceuta, Marruecos y la presión de Washington

Aquí hay que ser precisos, porque la verdad ya es bastante grave sin necesidad de exagerarla.

No fue Trump quien declaró personalmente que Ceuta y Melilla son «territorio en disputa». Fue un informe de un comité de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, impulsado por el congresista republicano Mario Díaz-Balart —cercano a Marco Rubio—, el que describió las dos ciudades como «administradas por España», pero «situadas en territorio marroquí», y llamó a fomentar un diálogo sobre su «estatus futuro».

Díaz-Balart llegó a afirmar públicamente que «Ceuta y Melilla no están en España, sino en Marruecos» y que «estas cosas se discuten entre amigos y aliados». Washington, oficialmente, sostiene que esa posición no representa su postura. Pero la ventana ya está abierta, y la prensa española lleva semanas advirtiendo de que la Administración Trump podría utilizar Ceuta y Melilla como moneda de presión sobre el Gobierno español, del mismo modo que se especula que podría hacer con las Malvinas frente al Reino Unido.

Es en ese contexto donde Marruecos, apoyado por Israel y por los Estados Unidos, intenta utilizar la presión migratoria sobre Ceuta para desestabilizar y chantajear al Estado español.

Y es ahí donde la derecha española, en vez de defender la soberanía, prefiere aliarse de hecho con la jugada marroquí. Todo vale, hasta traicionar al propio pueblo, mientras venden un falso patriotismo convocando concentraciones racistas y xenófobas en los ayuntamientos españoles… sin atreverse nunca a señalar a los Estados Unidos ni a Israel.

La izquierda debe ser clara: defender la soberanía no significa atacar a los migrantes ni convertir a personas desesperadas en enemigos. Significa denunciar las políticas y los intereses de los Estados que utilizan la migración, la presión económica o los conflictos territoriales como instrumentos de poder.

Hasta la victoria siempre!


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