Santos y pecadores •  22/08/2026

La ventana infinita

La ventana infinita

Hace más de un año y medio, cuando terminé mi poemario «La ventana infinita», le pedí a una compatriota escritora que vive en la misma ciudad que yo, y a la que entrevisté en un par de ocasiones para un medio de Madrid, si le gustaría escribir el prólogo.

Entiendo, tal vez erróneamente, que estas cosas son como invitar a tu mesa a alguien que te hace bien que esté.

Pero aquí no es habitual invitar a nadie.

Todo pasa en la calle.

La señora en cuestión me dijo, entre pitos y flautas, que estaba muy ocupada y que buscara a alguien «famoso».

Yo no le hablé de fechas, pero tampoco me suelo vincular con las personas según la fama que ostentan, sino por ciertas cosas que nos hermanan.

Lo cierto es que no. Para lo único que me ha convocado es para ser espectador de sus presentaciones. Nada más. Y, cuando me di cuenta, dejé de ser un número, lógicamente.

Al poco tiempo, me contacté con otro escritor, también de allá, es decir, de Argentina, que vive más al norte de España.

Lo sigo, me gusta lo que escribe, aunque lo suyo no es la poesía, pero me dijo que le envíe el libro y que haría lo posible.

Se lo envié dos veces porque la primera lo borró por error; de eso me enteré al tiempo.

Pasado un año y medio, le dije: «Gracias», porque entendí que o estaba muy atareado, o no le interesó; eso sí, me hubiera gustado saberlo en su momento.

Me respondió que, efectivamente, estaba muy atareado entre correcciones y trabajos varios que no vienen al caso.

Hace unos días me contacté con una compatriota que vive en nuestro país, con la cual coincidimos en muchas cosas: periodismo, radio y hasta apellido.

Después de cambiar algunas palabras de rigor, me invita a participar de unos talleres de lectura, pero, ¡oh, sorpresa!, ¡¡¡son de pago!!!

Quise empatizar y me trataron como un cliente.

Por ahí anda, ahora que recuerdo, un poeta que vive en Valencia que me ha prometido un prólogo para mi libro, el cual valoró afectuosamente hace más de un año y medio, pero el prólogo no llega y yo no insistiré.

También está pendiente desde hace varios meses un reportaje cuyas preguntas envié a una persona que valoro mucho por su música y compromiso social, pero no lo ha respondido todavía, ni me ha dicho el porqué, aunque en la previa me manifestó mucho interés.

¿Será que es para un medio digital de Madrid y no es para el diario El País?

Solo un poeta de larga trayectoria, de aquellos de la vieja generación, compañero de Roberto Jorge Santoro, de palabra y compromiso, ha leído y valorado el poemario con afecto, y me ha escrito un comentario para la contratapa, hermoso y sentido.

Dijo que sí, y lo hizo.

Nos conocimos allá por los años 90 en la radio y, a sus 86 años, sigue peleándola.

Esa generación, la del poeta amigo de Santoro, es la que se llevaron los genocidas. Es la que falta. Y se nota.

Y cuando veo actualmente las actitudes de muchas personas, me doy cuenta de que hemos perdido la batalla.

Que si no sos de la tribu o de los guetos, no sos nadie.

Que si no llevás un apellido ilustre, no sos nada.

¿Dónde ha quedado el valor de la palabra?

Otro cantar sería si yo fuera, supongamos, un poeta famoso; ahí sacarían tiempo de donde fuera.

Hace unas semanas se ha comunicado conmigo una importante editorial de Valencia, interesada en publicar el libro.

Me han enviado un cuestionario, el cual respondí lo más honestamente posible.

Todavía no tengo noticias. Ni las tendré.

No soy joven, no tengo títulos de licenciado, no doy clases en universidades, soy inmigrante.

En fin.

A veces, y solo a veces, celebro ser invisible para algunas personas.

Tal vez sea un premio.

Yo qué sé.

Ay, Julián Centeya, cuánta razón tuviste…

España, 22 de agosto de 2024

Posdata: Desde la editorial valenciana nunca más se volvieron a comunicar.

España, agosto de 2026


Santos y pecadores / 

Escritor y radio apasionado argentino / español: En 1989 comienza una experiencia comunicacional en Radio Nacional Esquel, Patagonia, Argentina, por lo cual es convocado por la Dirección Municipal de esa ciudad para realizar trabajos de prensa y difusión. A partir de 1992, en Buenos Aires, crea, produce y conduce un programa de cultura y derechos humanos que se extenderá en el tiempo hasta 2018. Allí vincula las letras con las entrevistas, convoca a importantes músicos, historiadores, artistas y vuelca periodísticamente todas esas experiencias en lo que se denomina "radio arte". Con una fuerte impronta en los derechos humanos, colabora para el periódico Madres de Plaza de Mayo, organismo mundialmente conocido. La poesía ha sido siempre la forma de encarar los proyectos comunicacionales, anclando las temáticas en cuestiones marcadas por sucesos históricos y también atemporales. Su trabajo comunicacional le ha valido algunos premios y varios reconocimientos. Forma parte de seis antologías literarias en España y dos en Argentina. Actualmente reside en la Comunidad Valenciana.
Primer año en España A un año de varias fotos: abrazos, lágrimas, miedos, incertidumbre, canciones, porvenir, un avión en Ezeiza rumbo a Madrid, un sol radiante. Qué rápido pasamos por el tiempo. En estos días la red me recuerda últimos brindis, palabras con significado profundo, sonrisas, regalos, buenos deseos. No somos originales; el mundo está hecho de adioses y bienvenidas. Cuando uno se aleja, invariablemente algo sepulta y, a la vez, algo siembra. Toda evocación conlleva cierta nostalgia y la rara sensación de observar con el zoom de la mirada que permite discriminar lo bueno, lo malo y lo feo de cada sitio, de cada época, de cada persona, pero también, permite reflexionar sobre las propias sombras, los propios demonios y hacer de la distancia una experiencia de búsqueda y aprendizaje.

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