Ramón Pedregal Casanova •  Opinión •  15/09/2026

Niños y niñas y mayores, ese es Trump

Esta es la historia del estafador Trump, también conocido como “Sacamantecas” y “Hombre del saco” en dos versiones, cada uno de los apodos corresponde a su afán por engañar, asesinar, secuestrar niños y niñas, ¿sabéis por qué?, porque a los que se quedan solos, juegan lejos de los mayores, o no van al colegio, se les acerca y les regala algo que parece un caramelo, una golosina, y les habla al oído como un amigo, les cuenta dulcemente que hay una isla a la que los niños y las niñas van, y pueden ir a jugar con ellos, y les hace ver que saca de su bolsillo una moneda de dólar y con los dedos les hace juegos con la pieza redonda de la que saca humo, y cuando se disipa aparecen torres con las letras “trump” pintadas de color oro arriba del todo.

Mientras el niño, el inmaduro, se queda mirando el juego con ojos bien abiertos le va hablando dulcemente, y conduciéndolo por un brazo con la promesa de que si cerraba los ojos le daría un premio, cuando éste los cierra confiado lo agarra del cuello y le da un tirón que lo mete en un arcón escondido en el carro del que tira un animal, al que le grita ¡Narco! Para que arranque a andar con sus dos patas peludas semejantes a las de una cabra y de la que cuelgan restos de pantalones de uniforme de marines, y de la cabeza por la frente le salen cuernos de cuarta y media puntiagudos como puñales, y debajo dos ojos por los que se disparan dos lanzas de fuego que queman el aire y dejan dos chorros de humo brotados de los grandes agujeros en las narices hinchadas, y bajo los labios cubiertos maquillaje rosa, estirados para atrás se le ven dos enormes colmillos arriba y otros dos en la mandíbula inferior de la boca maquillada, por la que abierta saca la lengua doble de serpiente, lengua que habla de dólar verdoso, baboso, pegajoso.

Como para entonces el Hombre del saco o Sacamantecas se ha ocultado en un bosque, o en una llanura alejada de la vista, hace un pase mágico y el dólar explota, acto que al niño le sorprende aunque ya venía adormecido o destensado, y el “mago” manda a la tierra que se abra, “¡ábrete, ábrete!” y se abre apareciendo una escalera de bajada estrecha a la que alumbra con los ojos del animal que tira del carro y baja más y más por ella hasta el lugar en el que todo es fuego de petróleo, el infierno, allí donde hay calderas de hidrocarburo o aceite de piedra, o líquido oleoso, o crudo hirviendo, allí el “Hombre del saco” o “Sacamantecas” agacha la cabeza para levantarla convertido en Satanás, arrogante y soberbio, que ruge desprendiendo un olor mefístico, … ese que ves no es otro que el que se lleva a los niños y mayores, y ahora los saca del arcón agarrados por el cuello, asustados, y sin contemplaciones en plena furia con un cuchillo les abre sus barrigas ¡zaaas! de abajo a arriba, y con una zarpa apretándole el gaznate, por la rajadura que le ha hecho y se desangra, mete su otra zarpa ganchuda sucia y le arranca las mantecas, tripas, hígado, riñones, y los echa a las calderas ardientes para hacer aceite que emplea para engrasar los cañones con los que tira las bombas contra las gentes que no quieren que sus hijos sean sus esclavos.

Niños, niñas, mayores, ese es Trump.


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