Absentismo andaluz entre el sino y la miseria
No va de arquetipos este texto. No pretende afianzar la leyenda negra de la indolencia andaluza. Sin embargo, cuando de Andalucía se trata, parecen convocarse los fantasmas ancestrales del SINO de los pueblos. Y a este, el andaluz, le han cortado muchos trajes a medida con aquello de su indolencia. No obstante, esta Andalucía, que en buena medida, sigue siendo de charanga y pandereta, con sus magníficas ferias y espectaculares procesiones de “Pasión”, lleva tiempo desperezándose de un maligno y casi eterno sueño de siglos de opresión, esclavitud disimulada y lavado de coco místico. Quienes ya van entrando en años no verán el esperanzador despertar de tanta energía creadora y sabio sentido de lo que supone “vivir”, que sin duda atesora el pueblo andaluz.
Las elecciones andaluzas ya se han celebrado y más de una persona se pregunta: ¿por qué hay millones de personas andaluzas que no votan? El fenómeno del abstencionismo es digno de análisis, sobre todo en una tierra muy dura de vivir para la mayoría de las gentes que la habitan. Opiniones se ofrecen a diestro y siniestro. Y como el fenómeno sociológico es complejo, las múltiples posibles causas se codean unas con otras para ver cuál de ellas explica mejor y en mayor medida el por qué. Quien ponga oído podrá escuchar, por aquí o por allá, expresiones del tipo: Si está de Dios, ¿para qué ir? Sí, salga quien salga, todo seguirá igual o a peor. ¿Votar, para qué? Quienes tienen muy poco que perder, porque nada tienen, sea que venza tal o cual partido en la contienda electoral, ¿qué ventaja podrán ver en eso de ir a votar? A quienes se ajustan en su vivir cotidiano a lo que el día les traiga o puedan rebañar. ¿Qué les va o les viene eso de votar? Y siendo verdad que en “todas partes cuecen habas”, también es cierto que en unas partes muchas más que en otras. Para acercarse, aunque sea de lejos, al fenómeno abstencionista, algunos datos son necesarios: De las 8 provincias andaluzas, ninguna baja la abstención por debajo del 30% y todas se sitúan entre ese porcentaje y el casi 40%. Curiosidades: Las 4 provincias interiores presentan menos abstencionismo que las cuatro provincias costeras, siendo Cádiz la provincia que casi alcanza el 40% de abstencionismo. ¿El mar, actuará de alguna forma sobre eso de no ir a votar? Pudiera ser, pero eso requiere una indagación cuasi terraplanista. Por qué no analizar el comportamiento de las personas que conforman el censo electoral en las 17 mesas electorales de una ciudad andaluza media (128.000 habitantes), como es Algeciras, Se seleccionan esta 17 mesas porque en todas ellas se produce una abstención superior al 60%. Sí. Está bien escrito, Todas están comprendidas entre el 59,88% y el 69,87% de personas que NO HAN IDO A VOTAR. Si la cita electoral es para manifestar el grado de “satisfacción” con la realidad que se vive, ¿podría alguno concluir que estas personas están tan, tan satisfechas de sus vidas, que les da igual el resultado electoral? ¿Por qué no? Igualmente, alguien se preguntará en qué entornos socioeconómicos-culturales viven. La variabilidad del absentismo en esta ciudad es enorme y ello bien pudiera probar la enorme desigualdad que se refleja en las gentes “especiales”. Si una de las funciones principales de la acción política es precisamente reducir las desigualdades, es evidente el fracaso de la misma en esta “bendita” ciudad de Algeciras.
La mejor situación en cuanto al abstencionismo se refleja en cuatro mesas donde el abstencionismo se dibuja por debajo del 30%. Dos en San García (23,5% y 25,8%) y otras dos en el Centro (28,1% y 29,4%). En estas zonas, 7 u 8 personas de cada diez se desplazan para votar. Podría, este abstencionismo, considerarse normal, dadas las circunstancias personales que pudieran justificar la inasistencia. El fenómeno de mayor abstencionismo se sitúa en 17 mesas que superan el 60% de inasistencia al votar. Datos cuantitativos: La media de abstención en esas 17 mesas ha sido del 66,57%. De las 11791 personas llamadas a votar, solo han emitido voto 3942 personas. Esto supone solo un 33,43% del total censado. 7849 personas no han aparecido a la cita electoral. Estas 17 mesas se encuentran en las barriadas de La Bajadilla, El Saladillo y La Piñera. Los datos socioeconómicos y culturales de estas tres zonas algecireñas pudieran calificarse de precarios. Precisamente son las zonas que más ayudas sociales precisan y que más déficits en la prestación de servicios municipales se observa, Es interesante analizar la respuesta electoral, del menguado censo electoral que vota, con respecto a los apoyos que han recibido las distintas opciones políticas: la más votada ha sido VOX con 1225 votos, el 31% del total de votos emitidos, seguida de PSOE 1029, 26%, y el PP con 912, un 23%. Adelante Andalucía ocupa el 4.º puesto en todas las mesas analizadas con 313 votos, que suponen un 8%. Las otras opciones han sido: Se Acabó la Fiesta con 160 votos, 100×100, 99 votos, Por Andalucía, 92 y Pacma con 31 votos. La distribución de los resultados permite observar una posición preeminente de VOX, que es 1.ª opción más votada en 8
de las 17 mesas, la 2.ª en otras 8 mesas, mientras que PP y PSOE han sido 3.ª opción en 9 y 7 mesas respectivamente.
En zonas “populares”, “obreras”, a pesar del enorme paro que se registra, cabría esperar una respuesta electoral favorable a opciones políticas que al menos predicaran la generación de empleo, el afianzamiento y mejora de los servicios públicos esenciales (sanidad, educación, vivienda, ayuda a la dependencia, …), así como los relacionados con el transporte público, la limpieza, parques y jardines, centros culturales y de mayores, … Vox, la fuerza más votada, no predica sobre estos asuntos. El PP tampoco hace bandera de ellos. Los temas recurrentes son inmigración, prioridad nacional, bajada de impuestos… Y eso si Pedro Sánchez, el sanchismo…
¿Cómo explicar el apoyo masivo a estas opciones políticas en zonas tan especialmente afectadas por la falta de servicios básicos esenciales? ¿Cómo interpretar el “pasotismo” electoral de dimensiones extraordinarias, en barriadas como estas?
Volviendo al SINO o a “todos son iguales” o, peor aún, ¿qué me pueden quitar si no tengo nada? Cabe concluir que la política, la de verdad, aún no ha visitado estos sectores de la población. Que son invisibles para quienes gobiernan y que quizás por esta razón también las urnas son invisibles para las personas que habitan estos barrios, al menos entre un 60 y un 70% de los casos.
Quienes apoyan decididamente a PP, algo más de 19000 personas; en las municipales, algo más de 22000, tienen referentes municipales y podrían fundamentar su voto. Para comprender a quienes votan, por ejemplo, a VOX o a Se acabó la fiesta (SALF) (11572 y 2030 respectivamente), sería preciso preguntarles, ya que no existe referente de acción política concreta para fundamentar el voto. Desde la perspectiva de la llamada «izquierda», el panorama en esta ciudad es bastante desolador. Las llamadas “derechas” -PP, VOX y SALF- suman algo más de 32757 votos de los 52827 que se emitieron, es decir, el 62% de quienes fueron a votar. Del total del censo actual, 94013 personas, no votaron 41186 y 32757 votaron «derecha». Una prueba evidente de que la batalla cultural (Antonio Gramsci) está siendo ganada por la “derecha”, que ostenta actualmente la “Hegemonía cultural” políticamente hablando. Si las opciones de “izquierda” pretenden gobernar en Algeciras u obtener buenos resultados en las elecciones generales próximas en 2027, según se anuncia, deben animar o convencer a nada menos que 73943 personas, ya que solo 20070 parecen tener clara la opción de “izquierdas”. Arduo trabajo por delante que requeriría de una presencia de apoyo, ayuda y colaboración con las personas que viven en las barriadas, comenzando por aquellas en que el abstencionismo es pandemia. La otra conclusión es la necesidad de aglutinar a las “izquierdas” en un bloque que recoja un programa de acciones inmediatas que permitan generar algo de esperanza a la inmensa mayoría de la población. Pero si, eso de la unidad, en las “derechas” el asunto es imposible; en las “izquierdas” se antoja utópico, de momento.
