Fin de una ERA
La noticia nos sorprendió, Ediciones ERA iniciará, poco a poco, la reducción al mínimo de sus operaciones y pondrá a través de ferias, librerías y redes de amigos a disposición su catálogo, incluyendo “joyas de archivo de nuestros primeros años”, según indica el comunicado difundido en sus redes sociales y rápidamente reproducido por medios de comunicación y entre la comunidad intelectual y cultural, que, sin esperarlo, recibió la primicia de que el fin de una ERA está a la vuelta.
Los libros de Ediciones ERA delinearon una ruta como proyecto editorial, pero, sobre todo, de lectura de la realidad mexicana y mundial con la publicación de obras que, en tiempos complejos de represión, censura y mucha simulación intelectual, rompieron el canon, crearon otro y sirvieron para ampliar y diversificar las miradas críticas que no encontraban espacios para su divulgación, ya sea por cuestiones políticas, económicas o incluso morales, pues lo que ERA dio a luz fue un parteaguas que hoy, como bien se ha dicho, ya tiene un lugar asegurado en la historia cultural e intelectual de México y buena parte de América Latina.
En particular, fue a través de los libros de ERA que conocí a José Revueltas, un autor clave en mi formación política y en mi educación sentimental, compartiendo utopías con generaciones anteriores y en la postrimería de un tiempo que fue patentando sus huellas en quienes, en el tránsito generacional, alimentamos nuestras esperanzas en los ejemplos de lucha plasmados en las páginas de cada obra publicada bajo el sello de ERA.
Al igual que Revueltas, Adolfo Sánchez Vázquez, Pablo González Casanova y Bolívar Echeverría son autores cuya renovación del marxismo y del pensamiento crítico ha servido como guía en este andar mundano que busca referencias y también un poco de luz en la oscura noche que el mundo atraviesa, pues, sus obras editadas por ERA no solo significaron una salida al dogmatismo carcelario, sino de igual forma impulsaron la generación de criterios renovadores del quehacer intelectual, y más todavía en sociedades como la mexicana marcada durante tantas décadas por la cerrazón del Estado y la banalización del pensamiento a través de la cooptación de escritores y artistas, y justo ahí es donde los libros de ERA tienen una mayor dimensión por su posicionamiento sin titubeos ante un orden gubernamental y social que pintaba mediante la propagación del discurso oficial una realidad distorsionada y alejada de acontecer real. Y es que cómo olvidar los volúmenes integrados por los comunicados del EZLN emitidos en sus primeros años de resistencia, o los 60 números de la revista “Cuadernos Políticos” que desde 1974 a 1990 contribuyó al análisis socioeconómico y político.
Y en ese sentido, basta recordar “La noche de Tlatelolco”, editada cuando el régimen de Luis Echeverría comenzaba y cuando hablar de la masacre del 2 de octubre de 1968 significaba aún un peligro, y así como Elena Poniatowska, el catálogo de ERA divulgó a muchos más intelectuales comprometidos y revolucionarios que en las circunstancias más adversas escribieron sus testimonios y sus reflexiones, como, por ejemplo, Antonio Gramsci con sus “Cuadernos de la Cárcel”, o los textos de György Lukács, entre tantas otras plumas de la izquierda mexicana y mundial, que hoy siguen representando la renovación del pensamiento emancipador.
La paulatina disminución de las operaciones de ERA es un duro golpe para quienes crecimos con sus libros y nos formamos no solo en las aulas, sino en los diversos campos de la resistencia cultural y social. Estamos desde hace un tiempo en un cambio de era del mundo editorial, donde, el mercantilismo y el pensamiento posmodernos han querido debilitar la fuerza de la palabra comprometida, y por eso la noticia de ERA representa un nuevo reto de salvaguardar aquello que nos formó abajo y a la izquierda, y también de generar nuevos espacios donde la palabra conserve su compromiso de nombrar lo que sea necesario, aunque se incomoden los poderes conservadores y retiemble en las capillas del saber anquilosado y perfumado, pues las ideas que ERA sembró ya mucho han florecido y con ellas la proliferación de muchos otros mundos, pues si bien estamos en el fin de una ERA, también estamos en el nacimiento de otra más humana.
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