Danubio registra mínimos históricos por sequía extrema en Europa
El descenso de las aguas del segundo río más largo del continente afecta el comercio fluvial y supone una evidencia del cambio climático.

Una histórica ola de calor con temperaturas superiores a 40 °C redujo este domingo 09 de agosto los caudales de los ríos Danubio y Rin a mínimos históricos, afectando el comercio y la generación energética en Europa.
La extrema sequía en el Danubio, cuenca que discurre por diez países, obligó a administraciones de Europa Central y Oriental a implementar planes de ahorro energético.
La bajada del nivel de agua también reveló importantes vestigios históricos ocultos durante décadas. En el tramo fronterizo entre Serbia y Rumania, cerca del puerto de Prahovo, emergieron las estructuras oxidadas de decenas de embarcaciones de guerra de la Alemania nazi, hundidas durante la Segunda Guerra Mundial con su cargamento bélico.
Asimismo, el retroceso del caudal en Bulgaria expuso los cimientos del antiguo Puente de Constantino. Este hallazgo permite a arqueólogos locales inspeccionar de forma directa la emblemática estructura de ingeniería romana, mostrando los efectos de una crisis climática que transforma la geografía y el patrimonio histórico de la región.
Calor, evapotranspiración y sequía
El verano europeo de 2026 se está caracterizando no solo por ser «excepcionalmente cálido», sino también por ser «excepcionalmente seco» en Europa Central y Occidental, según los datos emanados del Programa de Observación y Monitorización de la Tierra, conocido como Copernivus.
Los resultados revelan que aunque las tendencias a largo plazo de las precipitaciones varían -de abril a junio de este año-, amplias zonas del continente, desde el suroeste de Portugal hasta el noreste del sur de Finlandia, «han registrado precipitaciones por debajo de lo normal».
También se señala que en la región occidental de Europa ni las observaciones ni los modelos climáticos muestran un cambio a largo plazo en las bajas precipitaciones de abril a junio en esta zona. Precisan que si se toma en cuenta la media de toda Europa Occidental entre abril y junio, «la falta de lluvia no se debe claramente al cambio climático».
El estudio de WWA apunta al calor como factor determinante de la sequía, y los episodios de calor extremo, como aceleradores potenciales de la evaporación y el agotamiento de la humedad del suelo.
Asegura que en el caso de la evapotranspiración potencial, tanto las observaciones como los modelos climáticos muestran fuertes aumentos en toda la región, lo que provoca «una sequía agrícola y ecológica cada vez más probable e intensa».
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