Rubén Bleda •  Cultura •  20/05/2026

Entrevista con Julio Hardisson a propósito de su novela: «Apartamentos Géminis»

Entrevista con Julio Hardisson a propósito de su novela: «Apartamentos Géminis»

Julio Hardisson: “Apartamentos Géminis está concebido como un espacio intermedio entre lo físico y lo digital”

Apartamentos Géminis (Editorial Tercero Incluido), la última novela de Julio Hardisson, nos sitúa en una vieja idea, la de la isla como sede de la utopía, o de la distopía: vacaciones eternas, un otoño que nunca llega, un paisaje que ralentiza la mente. Pero también está repleta de inquietudes nuevas, con un movimiento casi febril en un complejo turístico que acoge un festival multitudinario de artistas e influencers de la era digital. Una novela cargada de pensamiento crítico, no exenta de esperanza, pero nunca ingenua. Clásica, juvenil, turbia, surrealista, cienciaficcional…

El protagonista de la novela, Leo, es un joven que ha sufrido recientemente un golpe en la cabeza. Sus síntomas pueden funcionar como paradigmáticos del estado mental contemporáneo: ensimismamiento, intermitencia de la atención, discontinuidad de la percepción…

Apartamentos Géminis parte de una experiencia personal sin demasiada trascendencia. Un día me di un pequeño golpe en la cabeza cuando estaba en el lavabo. Fue algo muy leve, pero me produjo una extraña sensación de alejamiento de la realidad y como de ralentización en el flujo del pensamiento.

De ese estado transitorio, surgió una especie de conciencia disociada que me llevó a construir el espacio y los personajes que pululan por este libro. Todos están un poco dañados, en lo emocional o en lo psicológico, y viven en una suerte de limbo, físico y mental.

La mayoría de ellos va a parar al complejo turístico desde múltiples procedencias, no son ya ni de aquí ni de allí. Viven en una suerte de destierro, geográfico, pero también mental y simbólico, ya que no se sabe a ciencia cierta si pertenecen al ámbito de lo virtual o de lo real.

El espacio mismo de los apartamentos está concebido también como una suerte de espacio liminal entre lo físico y lo digital.

La novela deriva hacia el género de la ciencia ficción colapsista de un modo muy sui generis. Planteas un tipo de colapso metafórico y psicológico: la multiplicación y aceleración de interacciones en internet se termina por exteriorizar en el mundo real. ¿Estamos ya en la distopía de la red? ¿Es internet un superorganismo que coloniza nuestros cuerpos?

Obviamente, Apartamentos Géminis es un relato de ficción. Es una especie de laboratorio, un espacio cerrado donde se especula, en clave literaria, metafórica e hiperbólica, acerca de cómo lo digital coloniza subrepticiamente lo real. Coloniza el lenguaje, el modo en que nos relacionamos y nuestra manera de pensar.

En la novela, lo digital, como si fuera un liquen, cubre y penetra el mundo físico y la arquitectura, hasta llegar incluso a la piel y a la psique de los protagonistas.

Se trata de una novela, desde luego, pero todos somos conscientes de que a día de hoy, en gran medida, la tecnología modela y condiciona nuestro modo de vida.

Leo se relaciona con distintos personajes del complejo turístico. En algunos casos, se trata de chicas jóvenes que trabajan en internet, en la música o como camgirls. Paula fue una cantante adolescente de enorme éxito y ahora, con apenas 25 años, tiene algo de artista en decadencia. Escuché a un psicólogo decir que el éxito, para ser digerible, tiene que venir tarde y no ser demasiado…

En el caso de Paula, una cantante de trap venida a menos, se vuelve a representar esa duplicidad que penetra muchos de los rincones de este libro. Ella tuvo mucho éxito, demasiado, demasiado joven. Y ahora siente el peso de la máscara del personaje que ella misma creó (Paulie Pol). Paula sigue viva, pero el personaje ha pasado de moda, para los medios ya “murió”.

El problema del “éxito”, en mi opinión, aparece cuando la sociedad establece como valor central el “principio de popularidad”. No de manera abstracta, sino de modo explícito, medible y material a través de mecanismos como el “liking”, “friending”, “sharing” o “trending”. Una ideología inscrita en la misma interfaz de las redes sociales y que, de algún modo, también se ha instalado como mediadora de las relaciones presenciales interpersonales. Es ahí cuando vemos la carga nociva del orden social contemporáneo, basado en el personal branding y el marketing individual.

Paula, en mayor medida por ser más joven y vulnerable, es víctima de esa ideología que parece haber colonizado la mayor parte de las áreas de nuestra existencia en la actualidad.

En algunos momentos te acercas a J. G. Ballard, con la presencia turbia del porno, de la explotación y el control mental en un entorno idílicamente vacacional, y otras veces te aproximas a la novela juvenil, de aventura y misterio. ¿Cuáles han sido tus influencias para esta novela?

Al final del libro incluyo una lista de samples que he utilizado para confeccionar la novela. Me gusta pensar que construyo los libros con materiales encontrados, de manera precaria, a partir de lecturas dispersas, mezclas de géneros diversos e intuiciones que aparecen durante el proceso de escritura. Entiendo la literatura como un reto con el lenguaje y un diálogo con la tradición.

La lista de autores que me han influido es bastante larga, pero si tuviera que destacar unos pocos del ámbito de la literatura, tendría que citar al Peter Handke de La mujer zurda; al John Banville de El mar; al Coetzee de Hombre lento; e incluso a autores tan dispares como Enid Blyton o Apollinaire.

De J. G. Ballard me fascinan sus entrevistas, no tanto sus libros. Me interesan sus ideas sobre la literatura y la distopía, pero no me gusta recrearme en exceso con las imágenes de las ruinas contemporáneas. Prefiero una mirada más clínica, crítica y lírica sobre estas cuestiones.

Y hablando de influencias. Es evidente que la abuela de Jean-Paul es el personaje que vehicula la carga filosófica de la novela. ¿Qué referentes filosóficos has manejado para la creación de este discurso?

La abuela de Jean-Paul es una mujer, nacida en la isla de Martinica, que también ha ido a parar al complejo turístico de manera un tanto casual. Es escritora y contrasta con el resto de personajes más jóvenes de la novela. Su figura es un contrapunto, pero, como en todo lo que concierne a este libro, es también una proyección en otro nivel, metanarrativo, de las ideas que aparecen dispersas a lo largo de la novela. Es, de algún modo, la conciencia del libro en clave dialogal y ensayística. Su personaje “aclara” aquello que Leo, el personaje principal, apenas intuye y que, por su condición mental, no sabe ver ni expresar.

La abuela es un personaje discursivo, aunque un discurso encarnado y situado. Una suerte de espejo puesto frente a la novela que sintetiza y pone voz a las ideas que el filósofo Édouard Glissant recogió en su Poética de la relación, una visión del mundo basada en la diversidad, el mestizaje y el intercambio constante.

Por lo demás, este libro está fuertemente influido por la filosofía de Epicuro, en lo que se refiere a la creación de comunidades pequeñas y la amistad; y la de Jean Baudrillard, a quien llevo décadas leyendo, quizá sin entenderlo del todo, pero intuyendo que es quien mejor ha entendido, y profetizado, la sociedad digital actual.

A veces, terminas párrafos con frases en cursiva que parecen una suerte de mantras o resúmenes oníricos o conceptuales. Ejemplo: Establecerse en un espacio sin historia. Descubrir una realidad cósmica. Volverse un desconocido. ¿Qué sentido tienen?

Son fruto también de esa disociación que impregna todo el libro. Hasta el título mismo, Apartamentos Géminis, incide en esa cuestión. Todo está, en cierto modo, duplicado o reproducido en otra esfera. Y todo, incluso lo más disímil, se roza, se superpone y, a veces también, se acaricia.

Esos segmentos son pequeñas incrustaciones aforísticas, como meteoritos que impactan sin previo aviso en la narración. Yo los entiendo como una suerte de conciencia paralela a lo que sucede en el libro, que emerge de golpe de la misma trama y de las relaciones entre los personajes.

Son su doble, y también un registro distinto con el que explicar lo mismo. En este caso vinculado a la tradición de la literatura sapiencial o parémica, que engloba máximas, proverbios y aforismos.

Me gustaba ese tono entre visionario y distante que esas frases cortas introducían en medio de las descripciones más pedestres y la trama ciencia ficcional. Son como una especie de eco que retumba en la mente del protagonista, sin que este, y por extensión el lector, sepa del todo cómo decodificarlas ni qué hacer con ellas.

*Julio Hardisson: Apartamentos Géminis│Ed. Tercero Incluido│Barcelona, 2026│ 222 págs.│18€

Autor de la entrevista: Rubén Bleda.


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