José Martí y la verdad sobre Estados Unidos
La construcción narrativa de una supuesta “superioridad” civilizatoria de los Estados Unidos en comparación con otras naciones del mundo, sobre todo latinoamericanas y caribeñas, ha servido a las políticas imperialistas estadounidenses como excusa para la implementación de la Doctrina Monroe desde 1823 hasta la fecha, y como un arma mediática empleada a través de campañas permanentes de difamación y desprestigio de gobiernos y pueblos que no se someten a la voluntad inhumana del monopolio del capital, tal y como ha sucedido desde la liberación de Cuba con el triunfo de la Revolución en 1959 y su posterior declaración socialista en 1961.
El imperialismo ha tratado con todas las formas posibles (y algunas que creeríamos imposibles) derrotar a la Revolución Cubana y reimplantar en la isla caribeña un gobierno sometido con mandatarios títeres y un pueblo alienado. Pero el pueblo cubano ha demostrado resistir los embates y mantenerse firme en la defensa de su soberanía, autodeterminación y de las conquistas socialistas que han distinguido a Cuba por encima del propio Estados Unidos en temas como educación y salud.
La narrativa imperialista ha buscado crear una imagen distorsionada de la realidad cubana, desde el inicio de las agresiones, poco después del triunfo revolucionario, comenzó el discurso acusatorio contra el gobierno socialista con mentiras relacionadas a los derechos humanos y la democracia, partiendo de una narrativa belicista que acusa a Cuba de “terrorista” y de implantar una “dictadura”, pero con el paso de los años esas acusaciones sin fundamento han sido, poco a poco, desmentidas y aclaradas, y los pueblos del mundo han divulgado las conquistas históricas de la Revolución y se han solidarizado con la verdad, mediante el internacionalismo proletario y las campañas antiinjerencistas para revertir las falacias imperialistas; hoy Cuba es reconocida por su solidaridad, por sus avances en ciencia, educación, cultura, deporte, salud, y por mantenerse firme en la defensa de su libertad, oponiéndose al colonialismo y al imperialismo sin temor y con la “cara al sol”, como dijera el prócer cubano José Martí, quien falleció el 19 de mayo de 1895, y ahora cumple 131 años de su partida física al caer en combate durante la Guerra de Independencia de su nación, en Dos Ríos, provincia de Oriente de Cuba.
La realidad es que el imperialismo estadounidense ha intensificado el bloqueo económico, mercantil y financiero contra Cuba, al firmar el presidente Donald Trump una orden ejecutiva el pasado 29 de enero de este año, para imponer un cerco petrolero, advirtiendo de sanciones y agresiones a toda nación, empresa u organización que envíe petróleo a la isla de la dignidad, esto con el fin de paralizar todos los sectores productivos y golpear de esta forma a la economía cubana; además, el imperialismo busca que el desgaste por la asfixia genere al interior de Cuba un malestar social que desemboque en una crisis sociopolítica, y esa es la mayor apuesta, pues Estados Unidos pretende justificar así una intervención militar contra la Revolución, acompañando estas agresiones con una nueva campaña mediática construida con otra narrativa en la que cínicamente quiere transferir la culpa de la situación generada por los más de sesenta años de bloqueo al gobierno cubano, cuando el mundo sabe bien que la responsabilidad es absolutamente del imperialismo estadounidense, hecho que se demuestra en el rechazo global de las medidas genocidas e injerencistas creadas y desarrolladas por los Estados Unidos.
El prócer José Martí advirtió, a través de su vasta obra intelectual, lo funesto para la humanidad que resultan las políticas e intereses de los Estados Unidos, siendo Martí un visionario sobre el desarrollo imperialista que ya se mostraba a todas luces a partir del último tercio del siglo XIX. En reiteradas ocasiones Martí señaló la importancia de la independencia de las naciones de nuestra América frente a los resabios colonialistas de las potencias europeas, pero, sobre todo respecto a la nación yanqui cuya beligerancia se acompaña de una decadencia moral en su seno, pues no por casualidad escribió el prócer cubano que vivió “en el monstruo, y le conozco las entrañas, y mi honda es la de David”, refiriéndose a cómo la narrativa civilizatoria estadounidense se destruye cuando es enjuiciada con las evidencias del desmoronamiento social en su interior. La decadencia que hoy se vive en Estados Unidos con el incremento de la pobreza, marginación, represión, discriminación, drogadicción, autoritarismo y muchas más señales, ya lo advertía Martí divulgando la urgencia de la unidad latinoamericana para hacer frente al avance imperialista. De manera particular, un texto que mantiene vigencia y es de utilidad para esclarecer el acontecer actual, es el artículo publicado en el periódico Patria, el 23 de marzo de 1894, a poco más de un año del fallecimiento de Martí, intitulado “La verdad sobre los Estados Unidos”, en el que escribe el prócer: “no augura, sino certifica, el que observa cómo en los Estados Unidos, en vez de apretarse las causas de unión, se aflojan; en vez de resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen; en vez de amalgamarse en la política nacional las localidades, la dividen y la enconan; en vez de robustecerse la democracia, y salvarse del odio y miseria de las monarquías, se corrompe y aminora la democracia, y renacen, amenazantes, el odio y la miseria. Y no cumple con su deber quien lo calla, sino quien lo dice […] Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos”. La claridad de Martí en su análisis sociopolítico es vigente aún hoy, ya que en al interior de los Estados Unidos se refleja la verdad que oculta la narrativa seudocivilizatoria que pregona, y no es otra que la decadencia de un imperio que se creyó invencible, pero que el pueblo cubano ya lo ha derrotado y lo seguirá haciendo con la dignidad que construye verdadera humanidad. La verdad del imperialismo estadounidense está expuesta a plena luz con sus contradicciones y su carácter inhumano; y los pueblos del mundo ya la conocen.
