Foro por la Memoria del Bajo Guadalquivir •  Memoria Histórica • 20/07/2020

Muertes sin despedida

Apostamos por la España de los aplausos al personal sanitario y esencial que nos ha llevado de la mano en estos momentos tan duros. Esa misma España que no se siente indiferente ante ninguna injusticia y se emociona ante el balcón de las plantas marchitas porque sus dueños dejaron esta vida sin sus seres queridos. La misma España que logra entender que la tragedia es la misma, ahora o hace ochenta años. Que no hay víctimas de segunda, como no hay convivencia sana sin justicia ni reconocimiento.

Muertes sin despedida

Hoy (18 de julio) se repiten los traumas de ayer. Éstos aún sin reconocimiento oficial

Estamos en un año en el que una crisis sanitaria y socioeconómica de medidas incalculables azota nuestro país y el mundo entero. Los medios de comunicación e incluso personas cercanas nos informan de la tragedia que sucede a hombres y mujeres cuando sus seres más queridos dejan la vida sin la posibilidad de una mirada, de un solo gesto de despedida. Nos horroriza a todos imaginar esa soledad, la más grande, la que antecede el adiós a este mundo, en una alienación sin gestos, sin calor humano ni un cierre digno y cercano.

Pero no es la primera vez que hay personas en España que mueren exiliadas de todo lo suyo y de cualquier despedida, incluso de la comprensión y reconocimiento de estos sentimientos.

Un 18 de julio, como hoy, pero de 1936, desde África un grupo de militares tomó a sangre y fuego Ceuta, Melilla y Andalucía. No hubo guerra, no dio tiempo a ello. Estos sublevados, mediante las armas y la fuerza intentaron derrocar al gobierno democráticamente elegido en las urnas. Algunas ciudades tuvieron tiempo de organizarse y resistir, dando lugar a tres años de cruenta guerra que dejó cientos de miles de muertos, de exiliados y, a partir del 1 de abril de 1939, ya instaurado el régimen dictatorial, cientos de miles de personas ejecutadas extrajudicialmente, torturadas, encarceladas o desaparecidas a cuenta de un Estado apoyado por las fuerzas fascistas y nazis de la Italia y la Alemania de Mussolini y Hitler. Las ejecuciones, las desapariciones y las fosas clandestinas se multiplicaron por toda España. Una serie de violaciones de los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad definidos y reconocidos por organismos internacionales internacionales como la ONU.

Cerca de casi cuarenta años después ese dictador que impidió elecciones libres y democráticas en nuestro país e instauró ese régimen de terror murió en la cama un 20 de noviembre de 1975. A partir de ahí se abrió una transición en la que los autores de estos crímenes, de este régimen y sus herederos han seguido ostentando cargos de poder y responsabilidad, mientras décadas después siguen yaciendo bajo tierra y exiliadas de su propia familia y de su merecida paz cientos de miles de personas, y todas sus respectivas familias e historias.

En cuarenta años sólo han conseguido muy tímidas medidas de reconocimiento de diferentes gobiernos, más bien administrativas que efectivas. La historia, las víctimas, los verdugos, los delitos, las sentencias ilegales siguen sin ser reconocidas.

Apostamos por la España de los aplausos al personal sanitario y esencial que nos ha llevado de la mano en estos momentos tan duros. Esa misma España que no se siente indiferente ante ninguna injusticia y se emociona ante el balcón de las plantas marchitas porque sus dueños dejaron esta vida sin sus seres queridos. La misma España que logra entender que la tragedia es la misma, ahora o hace ochenta años. Que no hay víctimas de segunda, como no hay convivencia sana sin justicia ni reconocimiento.

Para que la historia no se repita debemos primero conocerla, y reconocerla.

Franquismo nunca más

#18JYocondeno


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