La juventud trabajadora sostiene el presente, pero sigue sin tener garantizado su futuro
- Cada 12 de agosto, Día Internacional de la Juventud, las instituciones llenan sus discursos de palabras como «talento», «oportunidad» o «futuro». Sin embargo, para cientos de miles de personas jóvenes en España, el futuro continúa siendo un horizonte que se retrasa una y otra vez. Porque el verdadero problema de la juventud de clase trabajadora ya no es únicamente acceder al empleo; es que, incluso trabajando, resulta cada vez más difícil construir un proyecto de vida.

España ha conseguido avances importantes en los últimos años. El desempleo juvenil se ha reducido de forma significativa respecto a los peores momentos de la anterior década y la reforma laboral ha contribuido a disminuir la temporalidad. Son logros que conviene reconocer. Pero sería un error confundir una mejora estadística con la resolución del problema.
Hoy la juventud trabaja más que hace unos años, pero continúa cobrando menos, con menor capacidad de ahorro y viviendo con mucha mayor incertidumbre que generaciones anteriores. La brecha salarial respecto al conjunto de la población trabajadora sigue siendo notable, la parcialidad involuntaria continúa afectando especialmente a las personas menores de 30 años y las carreras profesionales siguen marcadas por una elevada rotación, dificultades para acceder a empleos cualificados y una creciente precarización en determinados sectores.
Sin embargo, existe una realidad que ha terminado por eclipsar cualquier mejora laboral: la vivienda.
El último Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España dibuja una fotografía demoledora. La tasa de emancipación juvenil apenas alcanza el 14,5 %, el nivel más bajo registrado, mientras que la edad media para independizarse supera los 30 años. El alquiler medio de una vivienda equivale prácticamente al salario íntegro de una persona joven, haciendo económicamente imposible la emancipación en solitario para la inmensa mayoría. Trabajar ya no garantiza independencia; garantiza, en muchas ocasiones, seguir viviendo en la habitación de la casa familiar o compartir vivienda durante años por necesidad y no por elección.
Esta realidad tiene consecuencias que trascienden lo económico. Retrasa la formación de nuevos hogares, condiciona la natalidad, incrementa las desigualdades sociales y genera una sensación creciente de frustración entre una generación que ha estudiado más que ninguna otra, pero que percibe que tendrá mayores dificultades para alcanzar el nivel de vida de sus padres.
Desde la Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO conocemos bien esta realidad porque estamos presentes en los sectores que representamos cada día.
Miles de jóvenes desarrollan su actividad en la Administración Pública, en los transportes, en la logística, en las telecomunicaciones, en medios de comunicación, en Correos y otros servicios postales, en el ámbito de la Intervención Social, en la atención a la ciudadanía o en servicios esenciales que permiten el funcionamiento cotidiano del país. Son sectores estratégicos para la economía y para la cohesión social, pero también ámbitos donde persisten importantes desafíos.
En algunos de ellos encontramos problemas de envejecimiento de las plantillas y una insuficiente reposición generacional. En otros, especialmente en actividades ligadas al transporte, la logística o determinados servicios externalizados, las personas jóvenes siguen soportando condiciones laborales marcadas por jornadas irregulares, salarios que no evolucionan al mismo ritmo que el coste de la vida y dificultades para desarrollar carreras profesionales estables. Incluso en el empleo público, donde tradicionalmente existía una mayor estabilidad, el retraso en las ofertas de empleo, la temporalidad acumulada durante años y la dificultad para acceder a determinadas plazas han retrasado la incorporación de nuevas generaciones y han limitado el relevo generacional necesario para garantizar unos servicios públicos de calidad.
En este contexto, merece una atención específica el trabajo desarrollado a través de las plataformas digitales laborales, especialmente las dedicadas al reparto a domicilio. Se trata de uno de los ámbitos donde la juventud trabajadora y la población migrante convergen con mayor intensidad, configurando una realidad marcada por la vulnerabilidad laboral, la elevada rotación, la dependencia tecnológica y, en muchas ocasiones, por modelos empresariales que han tratado de eludir la aplicación plena de los derechos laborales.
Plataformas como Glovo o Uber Eats, también a través de sus subcontratas, concentran a miles de personas jóvenes que buscan su primera oportunidad laboral en España y que, con frecuencia, encuentran condiciones de trabajo caracterizadas por la incertidumbre, la presión algorítmica y dificultades para ejercer derechos fundamentales como la representación colectiva o la negociación.
Para la Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO, organizar sindicalmente estos nuevos espacios de trabajo constituye una prioridad estratégica. La digitalización de la economía no puede construirse sobre nuevas formas de precariedad, sino sobre empleo decente, cumplimiento efectivo de la legislación laboral, garantía de los derechos colectivos e integración social y laboral de quienes hacen posible, cada día, un servicio esencial para millones de personas.
No podemos permitir que quienes sostienen los servicios públicos, el transporte, el reparto, las comunicaciones o la logística del país tengan que elegir entre dedicar la mayor parte de su salario al alquiler o renunciar a emanciparse. Tampoco podemos aceptar que sectores llamados a liderar la transformación digital, la movilidad sostenible o la modernización de las Administraciones Públicas no sean capaces de ofrecer perspectivas atractivas para la juventud.
Porque el verdadero debate no es únicamente cuánto empleo se crea, sino qué empleo se crea, qué salarios ofrece y qué calidad de vida permite construir.
La respuesta debe ser colectiva
Es necesario seguir fortaleciendo la movilización y la negociación colectiva para garantizar salarios suficientes, carreras profesionales transparentes y derechos laborales adaptados a las nuevas formas de organización del trabajo. Del mismo modo, resulta inaplazable la aprobación definitiva del Estatuto de las Personas en Formación Práctica, que ponga fin al uso fraudulento de las prácticas como mano de obra barata o gratuita, garantice el carácter verdaderamente formativo de las mismas, asegure derechos básicos para quienes las realizan y evite que miles de estudiantes sigan soportando situaciones de explotación encubierta bajo la apariencia de una oportunidad de aprendizaje. Resulta igualmente imprescindible reforzar las políticas públicas de vivienda mediante un incremento decidido del parque público de alquiler asequible, la movilización de vivienda vacía y medidas eficaces que impidan que la especulación convierta un derecho constitucional en un privilegio.
Al mismo tiempo, España necesita una estrategia de empleo juvenil vinculada a la formación continua, la digitalización, la transición ecológica y la mejora de la productividad. No basta con crear puestos de trabajo; debemos crear empleos que permitan desarrollar un proyecto de vida digno.
En los sectores de la Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO esto implica acelerar el relevo generacional en las Administraciones Públicas; impulsar convenios colectivos que redistribuyan la riqueza generada por las empresas; garantizar condiciones dignas en la logística, el transporte, las telecomunicaciones y los servicios esenciales; reforzar la formación profesional pública y la cualificación permanente; y situar la salud laboral, la igualdad de oportunidades y la conciliación como elementos centrales de la organización del trabajo.
La juventud no necesita discursos sobre el futuro. Necesita certezas en el presente
Necesita saber que estudiar tendrá recompensa. Que trabajar permitirá vivir con autonomía. Que formar una familia será una decisión personal y no un lujo económico. Que el esfuerzo volverá a ser el principal ascensor social.
Ese es el compromiso del sindicalismo de clase
Porque defender a la juventud de clase trabajadora no significa hablar únicamente de quienes hoy tienen menos de treinta años. Significa defender el modelo de país que queremos construir durante las próximas décadas. Un país donde el empleo digno vuelva a ser la puerta de entrada a la emancipación, donde los servicios públicos sean un motor de igualdad y donde ninguna generación tenga que resignarse a vivir peor que la anterior.
Ese debe ser el verdadero significado del Día Internacional de la Juventud. Y también el gran reto colectivo que tenemos por delante.
*Carlos Sola de la Torre-Verdejo, responsable de Juventud de FSC-CCOO.
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