Los árabes: necesidad de resistir o…

Desde los nuevos rostros de la extrema derecha que arrasan el mundo, hasta los discursos políticos teñidos de silicona, adornados con los accesorios de la seguridad, el desarrollo y la tecnología- discursos que, en esencia, no son más que un servicio a los nuevos sistemas coloniales, presenciamos las lecciones de la historia. Asistimos hoy a la traición de la esencia misma de las ideas de la independencia y la libertad.
Estas traiciones se manifiestan de muchas formas: aceptar los genocidios de todo tipo, comenzando con el genocidio en Gaza; legitimar la ocupación de territorios; justificar las guerras y las agresiones; justificar la huida de la patria en nombre de las migraciones; estrechar relaciones con las potencias imperiales ocupantes y con quienes derraman sangre, saquean y destruyen la memoria; asolar pueblos, desplazarlos y despojarlos de sus recursos, violar el derecho internacional; sembrar la discordia, propagar el sectarismo y divulgar su lenguaje; afianzar la cultura de la violencia; promover el consumismo; perpetuar guerras globales y continuas; monopolizar la verdad como una mercancía más; y convertirlo todo en un arma al servicio del poder.
En verdad, este mundo se está convirtiendo en una gran prisión. Lo que estamos experimentando no es un cambio de rumbo político. Es un insulto directo y una humillación deliberada al legado de la lucha de los hombres y las mujeres contra cualquier forma de tiranía y contra todo tipo de colonialismo, especialmente este nuevo colonialismo que traza los mapas de las tierras que habitamos, dividiéndolas y repartiéndolas como quiere y cuando quiere. Y esta prisión no está solo afuera. También llevamos las cárceles por dentro. Somos prisioneros de nuestras patrias, y de los regímenes, que nos han traicionado y se han hundido en nuestros pechos como puñales, plantando en cada uno de nosotros un enemigo contra el que luchar.
Así este enemigo interno se ha vuelto más peligroso y letal que el exterior. Y en nombre de la libertad, la revolución, la independencia y la justicia, nos fagocita. Mata al hermano, al hijo, al padre, al amigo, al vecino. Y lo hace por ignorancia o deliberadamente, por el pan o el agua, por la luz o el aire.
Este es el último acto de nuestra existencia. La escena final de nuestra muerte como pueblo. Y todo está preparado para que caiga el telón sobre nosotros.
¿Qué hacer, entonces? ¿Seguir durmiendo, despertando, bebiendo y comiendo? ¿Seguir huyendo? ¿Nos rendiremos ante el espectáculo de nuestra muerte? ¿Seguiremos traicionándonos, sordos y mudos? ¿Sucumbiremos a todo esto y ordenaremos a nuestras gargantas que se callen o que se ahoguen en un murmullo?
Hay una gran necesidad de resistir. Y no me refiero solo a la resistencia armada, que es una necesidad existencial y un derecho legítimo y reconocido por el derecho internacional frente a cualquier ocupación exterior que se apodere de tierras y mate a niños, mujeres e inocentes. Me refiero también a una resistencia consciente que lo reexamine todo, absolutamente todo. Y todo en nuestro mundo árabe necesita ser reexaminado. Me refiero a una resistencia que transforme nuestra mentalidad y nos ayude a superar los miedos y lo que nos ha hecho perder la capacidad de afrontar el peligro y las preguntas, la capacidad de vivir.
Sí, nuestro mundo se ha convertido en una gran prisión, y sobrevive la necesidad de resistir. La tarea de los hombres y las mujeres libres en este mundo es socavar los muros de esta inmensa prisión y derribarlos. Para que esto suceda, no hay otro camino que el de la resistencia, que es aquí un acto de creación. Es crear esa libertad que implica un riesgo. Los creadores, los resistentes y los librepensadores deben ser los primeros guerreros que se arriesguen y luchen contra las instituciones, los sistemas y las formas de pensamiento dominantes. Deben ser los primeros resistentes frente a cualquier forma de tiranía.
La resistencia debe trascender la política y la economía, llegando a los fundamentos mismos de la vida, especialmente al corazón de la vida árabe actual. Debe penetrar hasta el fondo de las estructuras psicológicas, intelectuales, sociales, religiosas y culturales. Resulta necesario cambiar al ser humano árabe desde dentro, cambiar su pensamiento. Es necesario transformar nuestra identidad desde dentro.
La resistencia no será eficaz a menos que se cambie este yo interior. La resistencia es fundación. Es la inauguración de una vida nueva. Es una elección difícil, porque cada uno de nosotros tiene a su alrededor una guerra declarada. Una guerra que lo persigue desde el nacimiento hasta la muerte. Una guerra cultural, social, religiosa, psicológica y política. O perdemos nuestras vidas en esta guerra-muerte, o resistimos. Y la resistencia aquí requiere una conciencia profunda y ardua. O erradicamos lo que nos limita la vida, o seremos aniquilados.
Resistir es lo único que demuestra que una vida digna es posible.
*Jaafar Al Aluni.Poeta y traductor de origen sirio. Autor de “Diván de poetisas árabes contemporáneas”. Traductor de “Adoniada” y “Entre lo fijo y lo mudable. Creación y la tradición en la cultura árabe”, entre otros. Corresponsal de Al- Araby Al-Jadeed en España y colaborador de Tercera Información.
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