Ceuta como espejo de las contradicciones geopolíticas y la amenaza neofascista
El conflicto en la frontera de Ceuta y el giro histórico de la política exterior española respecto al Sáhara Occidental no pueden entenderse de forma aislada. La decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de ceder ante el chantaje migratorio y geopolítico del Reino de Marruecos —respaldado por la agenda transaccional de Estados Unidos bajo la administración Trump y los intereses del Estado de Israel en la región— representó una traición directa al pueblo saharaui y una vulneración flagrante del derecho internacional.
Sin embargo, en lugar de garantizar la prometida «estabilidad» y «soberanía» en la frontera sur, esta cesión actuó como un potente catalizador para la extrema derecha. El uso de la crisis en la valla y la presión sobre Ceuta por parte de Rabat fue instrumentalizado de inmediato por la reacción españolista. Las manifestaciones convocadas por Vox y el Partido Popular en Ceuta y en la península no solo buscaron rentabilizar la tensión migratoria mediante un discurso abiertamente xenófobo y chauvinista, sino también dinamitar la cohesión social y cuestionar la propia legitimidad del Ejecutivo «progresista».
Frente a esta ofensiva, la estrategia de Moncloa ha sido escudarse en un relato de equilibrios geopolíticos, justificando un viraje mediante la contraposición de posturas retóricas en Gaza o el alineamiento atlantista en Ucrania. Es la clásica maniobra socialdemócrata de la «teoría de los dos demonios» y la «una de cal y otra de arena», que intenta maquillar una rendición estratégica en el Magreb con gestos de política internacional que no neutralizan el peligro real en casa.
La realidad que ha dejado al descubierto la crisis de Ceuta es que el neofascismo español utiliza la frontera sur como su principal laboratorio de desestabilización. Tanto Pedro Sánchez como el conjunto de las fuerzas de izquierda del Estado español han presenciado en directo cómo la instrumentalización de la tensión territorial alimenta una ola reaccionaria de imprevisibles consecuencias.
Por todo ello, cobra hoy más vigencia que nunca la propuesta formulada desde la tribuna del Congreso por Gabriel Rufián sobre la urgente necesidad de conformar un frente popular antifascista. La respuesta a la provocación chauvinista en Ceuta no puede ser el repliegue defensivo ni la asunción de los marcos del adversario, sino la articulación democrática, la unidad de acción de las fuerzas de izquierda y la construcción de un bloque amplio capaz de plantar cara a la amenaza neofascista.
Lois Pérez Leira
Coordinador Regional del Sovintern para América Latina y el Caribe, España, Portugal y el Sahara
