Cristina Hernández •  Opinión •  06/04/2026

¿Dónde están las andalucistas?

A pocas semanas de las elecciones andaluzas del 17 de mayo, hay una ausencia que debería incomodar al espacio andalucista mucho más de lo que aparentemente le inquieta: la falta de mujeres con visibilidad, centralidad y mando reconocible en la primera línea política. En una campaña en la que las fuerzas centralistas sí presentan rostros femeninos nítidos y competitivos, el andalucismo comparece hoy fomentando portavocías e hiperliderazgos personalistas masculinos, estructuras dirigidas por hombres y una alarmante debilidad para proyectar nuevos liderazgos femeninos.

No se trata esta de una cuestión estética, ni de una exigencia políticamente correcta para cubrir expediente. Se trata simplemente de credibilidad democrática, de no olvidar a la mitad de la población andaluza. Un movimiento que aspira a hablar de Andalucía y de sus preocupaciones no puede permitirse aparecer, en pleno 2026, como un espacio donde las mujeres sostienen militancia, trabajo orgánico y presencia territorial, pero no encarnan un mando político visible. Cuando eso ocurre, el problema no es escaparate: es de estructura.

El contraste resulta aún más evidente porque el andalucismo sí conoció en etapas recientes liderazgos femeninos con tirón público, voz propia y capacidad de marcar agenda. Algunos ejemplos fueron Teresa Rodríguez, Sandra Heredia, Maribel Mora o Pilar González. Que hoy ese caudal no tenga continuidad no puede despacharse como un relevo natural ni como una casualidad coyuntural, es más bien, la señal de una regresión política constante que también afecta a las organizaciones de izquierdas y al andalucismo. Donde antes hubo mujeres sintetizando discurso, territorio y conflicto social, hoy hay siglas en recomposición y hombres ocupando el centro del plano.

Todo ello revela una carencia cada vez más profunda: el andalucismo ha sido capaz de construir discurso identitario, denuncia social y crítica territorial, pero no está demostrando la misma eficacia para garantizar una sucesión femenina sólida, visible y políticamente investida. Siempre, desde sus inicios, sus referentes de renombre han sido hombres y hoy seguimos en esa misma situación. Cualquier proyecto político que falle en incluir a mujeres y darles visibilidad falla en algo esencial: la reproducción de su propia legitimidad política, pues sigue siendo parte de las desigualdades del sistema patriarcal de pensamiento.

Porque la pregunta no es solo dónde están las mujeres en el andalucismo. La pregunta es por qué, cuando llega la hora decisiva -la candidatura, el foco, el cartel, el debate, la dirección-, vuelven a ser hombres quienes representen la voz principal del espacio. Si la igualdad queda reducida a un principio teórico mientras el poder eeal conserva inercias masculinas, entonces lo que fracasa no es la comunicación del proyecto andalucista, sino su coherencia moral.

El andalucismo haría mal en minusvalorar este déficit. No basta con declararse progresista, feminista o transformador. Hay que demostrarlo en la distribución efectiva del poder, tanto a la interna como de cara a la sociedad andaluza. Y hoy, de cara al 17 de mayo, la fotografía es elocuente: Andalucía cuenta, debate y decide, pero las cabezas visibles del andalucismo vuelven a tener, en su mayoría, nombre de hombre. Mientras tanto, son numerosas las mujeres que construyen andalucismo desde las distintas organizaciones y colectivos políticos, desde las redes sociales o en la vida cotidiana y no queremos seguir siendo invisibles. El feminismo andaluz debe tener voz y liderazgo, sin ello, el andalucismo no tiene razón de ser ni será posible su avance.

Esta situación solo empobrece la representación política, también reduce el propio horizonte político del andalucismo. Unas fuerzas políticas o colectivos que no ensanchan sus liderazgos termina estrechando su proyecto y sin mujeres siendo cabezas visibles del andalucismo, difícilmente podrán convencer al electorado de ensanchar la democracia andaluza.

Tal vez aún estemos a tiempo todas las organizaciones y colectivos andalucistas de corregir esta situación, por eso esta llamada a la concienciación. Pero, a día de hoy, el mensaje que se transmite a la ciudadanía es claro: que el andalucismo sigue reivindicando una tierra nueva con moldes aún demasiado viejos.


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