La sonrisa de plástico y el petróleo de balde
En el despanchurrado circo de la política internacional, la última función roza el absurdo surrealista. Mientras en los pasillos de Washington y Caracas la vicepresidenta Delcy Rodríguez y Donald Trump firmaban un esperpéntico acuerdo para entregar el petróleo venezolano a precio de remate, la maquinaria propaganda del Gobierno venezolano tuvo una idea descollante para disimular el remate: inundar las redes con fotos de Nicolás Maduro en una cárcel estadounidense, luciendo una sonrisa de modelo de dentífrico y levantando los dedos en la clásica «V» de la victoria.
¿La victoria de qué, exactamente? ¿De entregar los recursos soberanos al imperio con moño y tarjeta de regalo? La dentadura reluciente y los dedos en alto no encajan ni a martillazos con la cruda realidad del pacto petrolero. Y para rematar el descaro, la sesión fotográfica ni siquiera era fresca: guardadas en un cajón desde hace meses, las imágenes fueron desempolvadas a toda prisa como cortina de humo mediática para tapar el despojo.
Pero el sainete no termina en el álbum de fotos. El lanzamiento vino empaquetado con una presunta carta «manuscrita» de Maduro desde el presidio. Hay que tener demasiada fe —o muy poca vergüenza— para atribuirle la autoría. El texto no suena a resistencia ni a dignidad histórica; suena, insólitamente, al sermón de un pastor evangélico pentecostal. Sí, exactamente de la misma corriente financiada históricamente por la CIA en América Latina para contrarrestar a los sacerdotes de la Teología de la Liberación, y de la misma vertiente que hoy rinde pleitesía al Estado sionista de Israel. Qué curiosa «coincidencia» que el propio hijo de Maduro, Nicolásito, frecuente esa misma feligresía.
Alguna mano traviesa en los servicios de inteligencia debió redactar semejante panfleto espiritual. ¿Alguien se imagina a Antonio Gramsci escribiendo desde la cárcel fascista reflexiones teológicas sobre el perdón? ¿O a Fidel Castro enviando bendiciones televangelistas tras el Moncada? La sola comparación produce escalofríos.
Entre la puesta en escena, las fotos recicladas y los sermones por encargo, todo el panorama huele a maniobra de distracción. La realidad de fondo es incuestionable: hay que exigir la libertad inmediata de Nicolás Maduro y arrancarlo sin contemplaciones de las garras del imperialismo norteamericano, dejando de lado este show de magia barato que pretende camuflar la entrega de la patria.
* Coordinador Regional del Sovintern para América Latina y el Caribe
