Título: La Cosiata: Los Intereses de Páez y Santander contra el Sueño de Bolívar

¡Soldado Tuyo, Pueblo Mío!
I
Lo que ocurre hoy en el tablero internacional y en el suelo patrio tiene sus raíces en las batallas, los triunfos y, también, en las grandes traiciones del pasado. Por eso, volver a examinar la herida abierta de La Cosiata (1826) no es un ejercicio de nostalgia: es una necesidad táctica para entender cómo la codicia imperial, la usura oligárquica y las ambiciones personales han intentado, desde hace dos siglos, desmembrar el proyecto de Simón Bolívar.
El proyecto bolivariano de Colombia la Grande era una amenaza colosal para los imperios de la época. Significaba la consolidación de un bloque meridional poderoso, autosuficiente, capaz de frenar el expansionismo anglosajón y las pretensiones europeas. Sin embargo, los grandes imperios no siempre necesitan invadir con sus ejércitos para destruir una nación; a menudo les basta con alimentar la vanidad, los celos y los intereses mezquinos de las élites locales.
II
En ese escenario trágico convergieron dos figuras claves: José Antonio Páez en Venezuela y Francisco de Paula Santander en Bogotá.
Por un lado, Santander encarnó el legalismo burgués, el centralismo antibolivariano y la conspiración oligárquica. Con la vista puesta en la complacencia de los centros de poder emergentes en Washington y Londres, usó la burocracia y las leyes como guadaña para minar la autoridad moral del Libertador, asfixiar económicamente a las provincias y dividir al ejército patriota.
Por el otro lado, Páez, el héroe de las lanzas e invicto centauro de las Queseras del Medio, sucumbió a los cantos de sirena de la oligarquía terrateniente caraqueña. Seducido por el poder local y temeroso de perder el control militar frente a las directrices de Bogotá, convirtió el malestar legítimo del pueblo venezolano contra la burocracia neogranadina en el detonante de la disolución.
La Cosiata no fué una revolución popular; fué el zarpazo de las oligarquías regionales para descuartizar la obra bolivariana y repartirse los despojos de la República.
Las oligarquías no tienen patria: solo tienen intereses. Cuando el egoísmo de las élites se alía con los designios imperiales, el resultado es la fragmentación y la pérdida de la soberanía.
III
Mientas el Libertador Simón Bolívar entregaba su vida y su salud en el Sur, cabalgando sobre los Andes para garantizar la libertad de América, en la retaguardia se incubaba el veneno de la traición. El choque de intereses entre Santander y Páez quebró la columna vertebral de la integración suramericana, sepultó la utopía anfictiónica de Panamá y entregó a nuestras naciones a la dominación neocolonial durante más de un siglo.
Hoy, los herederos de Santander y de la oligarquía paecista siguen operando en el continente, promoviendo la entrega de la soberanía a los imperios de turno, vendiendo la Patria por migajas de poder y subordinando el destino de los pueblos a intereses extranjeros.
IV
Frente a la traición histórica, la respuesta del pueblo debe ser conciencia Historica inquebrantable, la cohesión cívico-militar y la vuelta permanente a las raíces bolivarianas.
No habrá Cosiata moderna que pueda fracturar el destino de esta tierra si nos mantenemos firmes en la doctrina, alertas ante la intriga y leales al proyecto de soberanía popular, Soberanía absoluta.
¡Aprender del pasado para vencer en el presente y consolidar el futuro!
¡Independencia o Nada! ¡Venceremos!
Nos vemos en la próxima edición.Capítulo
CHRISTIAN MEDINA MACERO.
Teniente y Defensor del Poder Popular.
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