José Haro Hernández •  Opinión •  26/07/2026

El rearme escondido de España

Tras las restricciones impuestas a Alemania por el Tratado de Versalles, a lo largo de la década de 1920 el país vencido tras la I Guerra Mundial inició un proceso de rearme que se desarrolló de forma clandestina o encubierta. Tras la llegada de Hitler al poder en 1933, esa dinámica belicista se aceleró y pasó a desarrollarse de manera abierta y explícita.

En España -y en Europa- asistimos hoy, salvando las diferencias históricas, a un fenómeno que guarda cierto paralelismo con el de aquella Alemania de hace un siglo. El gobierno progresista de coalición se presenta ante la opinión pública española e internacional como el adalid de la causa de la paz. De cara a la galería, se ha negado a suscribir el compromiso de alcanzar el 5% del PIB en gasto militar fijado en la cumbre de la OTAN; se ha enfrentado a Donald Trump en lo tocante al eventual envío de tropas a la guerra con Irán; e igualmente mantiene, al menos sobre el papel, un embargo de armas a Israel. De este modo, Sánchez y su Ejecutivo han construido una imagen internacional pacifista que contrasta vivamente con los vientos de guerra que soplan desde el llamado Occidente colectivo a través de sus dos principales instrumentos de poder: la OTAN y la Unión Europea.

Pero la realidad es muy distinta. Asistimos a un intenso rearme, sin precedentes en nuestra historia, que se inscribe en el que vive Europa, particularmente Alemania. Mientras el país germano lleva el proceso con luz y taquígrafos, anunciando a sus vecinos y al mundo entero que Berlín quiere volver a ser una gran potencia militar —con las inquietantes evocaciones históricas que ello suscita—, en el caso español el fenómeno actúa como el colesterol en el cuerpo humano: un asesino silencioso que, aunque comienza a mostrar síntomas, especialmente en la merma del gasto social, apenas suscita debate porque permanece parcialmente oculto.

Y el principal factor de esa ocultación es el amplísimo consenso político existente en torno a una cuestión que históricamente ha sido muy controvertida para una parte importante de la opinión pública. Efectivamente, PSOE y PP apenas mantienen diferencias relevantes en esta materia. Pero es que la izquierda que comparte gobierno con Pedro Sánchez, buena parte de la cual nació políticamente al calor de las movilizaciones contra la OTAN y el gasto militar, guarda un silencio clamoroso ante las sucesivas oleadas de créditos del Ministerio de Industria y de contratos del Ministerio de Defensa con fines estrictamente bélicos que se vienen aprobando desde 2018 y, con especial intensidad, desde 2020, prácticamente en cada Consejo de Ministros.

Ese disimulo y ese encubrimiento interesados, por parte de unos y otros, provocan que el rearme que vivimos permanezca prácticamente ausente del debate político, como si no existiera o tuviera una importancia marginal.

Nada más lejos de la realidad. Sin ánimo de abrumar con cifras, conviene aportar algunos datos que permitan arrojar luz sobre la intensa, aunque subrepticia, reestructuración del gasto público que se está produciendo.

En los sucesivos Consejos de Ministros de 2025 se han aprobado programas especiales de modernización (PEM) por valor de unos 35.000 millones de euros, con ejecución prevista a lo largo de diez años. El Centro Delás calcula que, al término de ese periodo, el gasto militar español alcanzará el 3,5 % del PIB, objetivo fijado por la Unión Europea.

El año pasado, las modificaciones presupuestarias realizadas ante la ausencia de nuevos Presupuestos beneficiaron principalmente a Industria y Defensa, que recibieron conjuntamente casi 10.000 millones de euros en proyectos vinculados al esfuerzo militar. En cambio, Educación perdió alrededor de 1.000 millones; Ciencia, 360 millones; y Transición Ecológica, 310 millones.

Ese mismo año, según el Centro Delás, el conjunto de las partidas vinculadas a Defensa absorbió 40.457 millones de euros, equivalentes al 2,48 % del PIB.

Durante el primer trimestre de 2026 se produjeron, además, transferencias de crédito a Defensa por importe de 3.620 millones de euros. Por otra parte, el Gobierno se dispone a lanzar una nueva andanada de programas militares (PEM), unos 15 de momento, que van a suponer la firma de contratos por un importe total de  15.000 millones de euros.

El pasado abril, España solicitó a la Comisión Europea acogerse a la disposición comunitaria aprobada en abril de 2025 que permite a los Estados incrementar su gasto militar en una cantidad equivalente al 1,5 % del PIB sin que ello compute a efectos de las reglas fiscales. En nuestro caso, eso significa que el Gobierno ha solicitado autorización para aumentar el gasto en Defensa en unos 25.000 millones de euros.

Este ardor guerrero también tiene una clara proyección internacional. Hasta marzo de 2026, La Moncloa había destinado 17.000 millones de euros a la guerra de Ucrania, aproximadamente el 10 % del total de la ayuda europea. A ello habrá que sumar la parte alícuota española de los 90.000 millones de euros que Bruselas canalizará hacia Kiev entre 2026 y 2027: unos 9.000 millones adicionales. Sánchez se ha adherido al plan PURL, aportando, de momento, 100 millones para la compra de armamento estadounidense destinado a Ucrania; también ha solicitado participar en SAFE, instrumento comunitario que pone a disposición de los Estados miembros hasta 150.000 millones en préstamos para inversiones en defensa.

Según la metodología empleada por la OTAN, el gasto militar español se ha casi triplicado entre 2020 y 2025. No resulta extraño, por tanto, que hace apenas dos meses el director ejecutivo de la Agencia Europea de Defensa, André Denk, afirmara: «España está colaborando. El Gobierno y, sobre todo, Margarita Robles, respaldan decididamente los esfuerzos de la Unión Europea para reforzar nuestras capacidades militares. España es muy activa en ese ámbito».

Nos lo tienen que recordar desde fuera, aunque aquí llevemos tiempo percibiendo sus efectos en el deterioro de las infraestructuras, de la sanidad y de la educación. Cuando queramos reaccionar, puede que el infarto ya se haya producido.

                               joseharohernandez@gmail.com


Opinión / 

Información en la que puede confiar:

Reuters, la división de noticias y medios de comunicación de Thomson Reuters, es el mayor proveedor de noticias multimedia del mundo, con un alcance diario de miles de millones de personas en todo el mundo. Suscríbase a nuestro boletín informativo diario gratuito: thomson@reutersmarkets.com