Olga Sainz de Aja Iges •  Opinión •  23/08/2026

Desnudez sin doctrina

Desnudez sin doctrina

Otro verano leyendo en la prensa que las mujeres en España ya no hacemos topless. Dividiría dichos artículos en dos categorías genéricas, la primera mojigatos y/o reaccionarios y la segunda racistas. ¡Una alegría de lecturas!

Por mi parte, recientemente, he puesto nombre al gusto y disfrute de mi propia desnudez. La verdad, nunca me había interesado entender corrientes de pensamiento del despelote, hasta que no he tenido la primera interacción en mi vida, de carácter negativo. Una señora que se denominaba naturista y que por lo que sea le molestaba mi perro anciano (¡que no puede andar!) en una playa que es legalmente nudista y específicamente permitida para perros. Aquí esta señora, de cuyas extrañas costumbres me voy a ahorrar hablar, me vino a explicar que yo como naturista, tenía que entender su molestia.

Y pensé ¿seré yo naturista? La verdad, no lo sabía, a mí lo que me gusta es ir a coño libre. Oigan, pues estudiada y resuelta la duda, concluimos, que yo naturista no soy, y ello porque no soy adepta de una suerte de secta alemana del siglo XIX. Así que soy sólo una nudista, porque lo mío es desnudez sin doctrina.

Abandonados los hipismos (y protonazismos) que podrían generar contradicciones que yo no tengo, vayamos a la otra cara, la del retrógrado profundo, ese que nos dicen que viene o de Ecuador o de Marruecos y resulta ser un señor, obscenamente peludo y de Albacete, que sale de nazareno en Semana Santa.

En fin, todos sabemos que ni los reaccionarios ni los hippies han hecho nada positivo en la historia.

Sé que debo apuntar una cuestión cultural ineludible. La inmigración de Latinoamérica nos ha traído a nuestras playas y piscinas, los minibikinis y tangas, y tremendo pudor a los pezones, pero oiga, jamás me ha reprendido una mujer latinoamericana por ir en bolas, ni por enseñar las tetas. Y es verdad, nos han traído el culto al culo, pero no un renovado pudor.

No pienso ni dar pábulo a la estupidez de “ay es que me ha mirado un moro” y lo pongo así con la voluntad absoluta de representar lo estúpido de tal argumento. Claro, amiga, nunca te ha mirado un tío con lascivia en la playa, nunca has vivido un momento asqueroso con un mirón, te pasa con los marroquíes (que acaban de emigrar ahora, parece creen que no vivían aquí hace 40 años). Si alguien piensa que el desuso del topless y la desnudez en España tiene alguna relación con el Magreb, colega, te has equivocado muchísimo de persona a la que leer y además eres una miaja estulto/a.

Así que el problema no es de convivencia cultural, de costumbres creo sinceramente que el problema es la señora de Cuenca, que le dice a otra mujer en una piscina pública que “tendría que taparse los pechos porque hay niños”, la de Teruel que va a una playa nudista de vacaciones y se ofende porque la gente está en pelotas y recrimina “y los niños…”. Todas estas señoras, es muy probable que hayan hecho topless en algún momento de su vida, sin embargo, lo consideran impuro, inapropiado, obsceno. Una locura de juventud. (Aquí la que suscribe, está llamando a la puerta de los 40).

Y me cuesta mucho comprender que alguien encuentre en el cuerpo de un semejante o en el suyo propio obscenidad, a salvo de la intervención de patologías psiquiátricas que no son mi competencia. Y el problema no radica en su reaccionario concepto del cuerpo, sino en que pretenden imponérnoslo, a todas y especialmente a las generaciones venideras.

Gentes en guerra contra las tetas y los coños, si sus hijos no conocen el cuerpo humano, también el adulto, resulta imposible que sus hijos puedan dirimir si lo que les está planteando un adulto es o no inapropiado. Si un niño no conoce su cuerpo, no entiende el motivo por el que un adulto (por ejemplo, su tío lejano) no puede tocarle las gónadas, no puede pedirle que se las toque a él, y no reconoce que eso es una señal de alerta ante la que tiene que pedir ayuda.

No es que quiera yo decir que educan uds a sus hijos como el culo, es que si que los educan francamente como el culo. Y lo hacen desde su reacción y lo más retrógrado que el puto TikTok ha traído a nuestras familias y por ende a nuestras vidas.

“Pero es que tienen derecho a sentirse incómodos” NO. No lo tienen, porque es un derecho que la Ley no les otorga, así que no lo tienen. Fácil, ¿eh? Derecho tengo yo a ir desnuda en todo espacio en el que sea legal y con las tetas a la fresca en los correspondientes.

Y siendo yo quien tiene derecho. Lo que no tengo es paciencia para leer argumentos tan simples, pueriles y así como de pata racista.

Nos están diciendo también que las mujeres no hacen topless y no se desnudan, porque ahora hay muchas formas de hacernos fotos. Hay que ser paleto e ignorante. Toda la vida en las playas nudistas hemos tenido que batallar contra el señor con la Kodak desechable. He tenido hasta la suerte de ver como han comido tierra, para decirlo de forma suave. El problema no son las nuevas maneras de violentar y exponer el cuerpo de las mujeres, nos han violentado siempre, es el patriarcado amigos. El problema es que nuestra sociedad (y estoy hablando de la población española, para no regocijo de racistas) ha dado un giro opusiano, casposo y reaccionario que es francamente repugnante.

Generado en gran medida por las redes sociales, donde han salido de debajo de las piedras una legión de señores con la cara del malo de Aladdín y la doctrina del malo de tu parroquia, con sus podcasts de macho alfa de marca blanca y sus cursos online de 49 euros para enseñarte a ser mujer como Dios manda, rebuznando cosas como «mujeres de alto valor» y “conceptos” como su puto body count (que es básicamente contar cuántas pollas has tocado para ponerte precio como si fuéramos ganado marcado, un concepto que me dan ganas de morirme, sólo de tener que explicarlo), y además sus mítines evangélicos con filtro de Instagram y estética de gimnasio. Son los nuevos curas, sólo que ya no llevan sotana, llevan polo, o camisetas sin mangas. Esa es la mierda opusiana, casposa y reaccionaria que nos están metiendo en casa, a nosotras y a nuestros niños.

Así que más que otra cosa esto es un llamado a que saquéis las tetas a orear cada vez que podáis, y el resto del cuerpo también. Porque esa es la manera de defender nuestros espacios, nuestra libertad, y la autonomía sobre nuestros cuerpos. Y sobre todo, porque es la mejor manera de educarnos como sociedad.

Así que como dice mi queridísimo Andrés: ¡Libres domingos y domingas!


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