La historia me absolverá, de Fidel

Un discurso político que cambió el rumbo de América Latina
Las palabras son, a veces, como imágenes escondidas en la memoria. La memoria es como un laberinto por donde caminan los recuerdos. Hay palabras que se pierden en el camino, hay palabras marcadas por la pasión o el miedo, hay palabras cubiertas de dolor, hay palabras eternas y fugaces. Pero las palabras, sean eternas o fugaces, sirven para construir el mundo que queremos o el mundo que no queremos.
De los encontronazos con la realidad que queremos y con la realidad que no queremos nacieron, y nacen, palabras que en el instante de su alumbramiento, son parte palpitante de la historia, se hacen síntesis de ideales y pasiones.
La palabra revolución, por ejemplo, con el andar de los siglos se fue ahuecando, envileciendo, entrampando en su propio laberinto. Sin embargo, hay momentos históricos que no solo reivindicaron la palabra, si no que se constituyeron en hechos fundamentales para posicionar la revolución social en la memoria colectiva.
En los procesos revolucionarios existen derrotas militares que finalmente se transformaron en victorias políticas y hechos que marcaron el rumbo de los acontecimientos en el futuro. Los Asaltos a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en julio de 1953 en Cuba, fueron una derrota militar del movimiento revolucionario cubano, que Fidel Castro transformó en victoria política, pronunciando el discurso más trascendente del siglo XX en América Latina.
En Cuba a principios de 1953, el movimiento opositor a Batista liderado por Fidel Castro contaba ya con unos 1200 integrantes entre obreros, campesinos, profesionales universitarios y estudiantes. La realidad política hacía necesaria una acción importante para posicionar al movimiento y luego provocar una insurrección que llevará a la caída de Batista. Entonces, planificaron la toma de dos cuarteles.
Ubicado en Santiago de Cuba, el Cuartel Moncada era el segundo del país, con unos mil efectivos, pero estaba alejado como para recibir ayuda militar inmediato en caso de ser tomado. Santiago se hallaba situada en la costa sur, junto al mar, rodeada de montañas, lo que, en parte podía facilitar la defensa posterior a la ocupación y el inicio de la lucha guerrillera en las montañas si había que retirarse.
En la elección del lugar había además un contenido de reivindicación histórica y simbólica, ya que las tres guerras independentistas del siglo XIX, fueron en esa zona del país. También el pueblo de esa región era reconocido por su rebeldía ya que ahí se produjeron importantes insurrecciones populares en el siglo XX. En paralelo al asalto del Moncada se tomaría el cuartel Carlos Manuel de Céspedes en el municipio de Bayamo.
El mando militar del operativo era dirigido por Fidel Castro y el mando civil por Abel Santamaría. Los pocos recursos que habían logrado reunir sirvieron para adquirir 165 armas, entre fusiles calibre 22 y escopetas de caza, los uniformes y realizar el entrenamiento previo al asalto ya que nadie tenía experiencia militar.
El 26 de julio era domingo de carnaval, un festejo popular tradicional en Santiago, al que concurría gente de distintos lugares del país. Esa fiesta por un lado mantendría distraída a la población y a las fuerzas represivas y por otro no despertaría sospechas de que jóvenes de otras provincias estuvieran en la ciudad. Participaron 131 combatientes, organizados en tres grupos. El primero al mando de Fidel atacaría el Moncada. Los otros dirigidos por Abel Santamaría y Raúl Castro ocuparían el Hospital y el Palacio de Justicia que estaban al lado.
Antes de la acción Fidel Castro pronunció las siguientes palabras: «Compañeros: Podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante. El pueblo nos respaldará en Oriente y en toda la isla. ¡Jóvenes del Centenario del Apóstol! Como en el 68 y en el 95, aquí en Oriente damos el primer grito de ¡Libertad o muerte! Ya conocen ustedes los objetivos del plan. Sin duda alguna es peligroso y todo el que salga conmigo de aquí esta noche debe hacerlo por su absoluta voluntad. Aún están a tiempo para decidirse. De todos modos, algunos tendrán que quedarse por falta de armas. Los que estén determinados a ir, den un paso al frente. La consigna es no matar sino por última necesidad”.
El Hospital y el Palacio de Justicia fueron tomados. En el Moncada, el grupo principal, logró desarmar la guardia pero llegó una patrulla y se provocó un tiroteo. Eso alertó a la tropa que se movilizó rápidamente para atacar a los rebeldes. Tras un duro enfrentamiento y ante un enemigo superior en efectivos y armas, Fidel Castro vio que era imposible continuar la lucha y ordenó la retirada. Los 28 combatientes que intentaron tomar el Cuartel de Bayamo, también fracasaron.
Tras la derrota, Batista decretó estado de sitio y aumentó la represión contra diversos sectores opositores, clausuró medios de comunicación de izquierda y aplicó medidas de censura a la prensa y la radio. Seis combatientes de los dos cuarteles murieron en los enfrentamientos, más de cincuenta fueron asesinados después por el ejército pero los presentaron como caídos en el combate, unos pocos escaparon y los demás fueron capturados y torturados.
Como nadie es amigo de las derrotas, en la época muchos sectores de la izquierda latinoamericana criticaron la acción diciendo que fue una aventura.
Meses después, en octubre, el juicio a Fidel Castro se transformará en una tribuna para denunciar los asesinatos y torturas, cuando el líder revolucionario pronunciará su alegato de autodefensa, conocido posteriormente como La historia me absolverá, por la última frase pronunciada al realizar su defensa.
El discurso de cuatro horas provocó la reacción de distintos sectores de la sociedad y se transformó en un golpe directo a la imagen de Batista. La indignación de la población por el trato a los prisioneros dañó seriamente la imagen de Batista. Hubo pronunciamiento de jueces, religiosos y diversas organizaciones condenando el asesinato y la tortura de los prisioneros. Tras el discurso Fidel Castro se convirtió en un héroe para los sectores populares. En el alegato, al decir de diversos analistas, Fidel Castro se transformó de acusado en acusador y logró quebrar el silencio impuesto por la dictadura, posicionando el discurso revolucionario y provocando un crecimiento de su imagen como líder. “No se mató durante un minuto, una hora o un día entero, sino que en una semana completa, los golpes, las torturas, los lanzamientos de azotea y los disparos no cesaron un instante como instrumento de exterminio manejados por artesanos perfectos del crimen. El cuartel Moncada se convirtió en un taller de tortura y muerte, y unos hombres indignos convirtieron el uniforme militar en delantales de carniceros«, explicó Fidel.
El cuestionamiento de Fidel al pedido de sentencia realizado por el fiscal acusador fue en un cuestionamiento político al régimen de Batista y su Sistema Judicial.
Más adelante incluso ironizó utilizando un lenguaje que llegaba a la mayoría de la gente. El alegato también se transformó en un cuestionamiento al sistema económico e indirectamente al propio sistema capitalista.
Fidel denunció, describió y analizó la realidad política, social y económica de Cuba resumida en seis temas fundamentales y desarrolló propuestas para superar los problemas a partir de un gobierno revolucionario. La necesidad de distribuir de la tierra entre os campesinos para mejorar la producción, la urgencia de un proceso de industrialización para promover el desarrollo, la construcción de vivienda para los sectores populares en las ciudades, políticas para mejorar la educación con planes de alfabetización y mejora del salario de los maestros, y acciones urgentes para desarrollar el sistema de salud.
Para cumplir las propuestas sería necesario promulgar cinco leyes revolucionarias. Primero establecer la vigencia de la Constitución cubana de 1940 y restablecer el estado de derecho. Segundo realizar la Reforma Agraria. Tercero establecer que los trabajadores industriales reciban el 30 por ciento de los beneficios de sus empresas. Cuarto, decretar que los trabajadores de la industria azucarera reciban el 55 por ciento de los beneficios generados por su empresa. Quinto, confiscar los bienes de las personas culpables de fraude al Estado. Así, con estas y otras políticas se superaría el desempleo tan alto que existía en Cuba. Además, el discurso de Fidel estuvo atravesado por una reivindicación permanente de José Martí, de su figura histórica y de su pensamiento, generando simpatía en la población.
Luego describió las acciones que debería tomar un gobierno para solucionar los problemas económicos y sociales con propuestas que hasta hoy están vigentes.
Explicó además cómo resolver el problema agrario.
Sobre la falta de viviendas también hizo propuestas que seguramente sorprenden todavía a muchos.
También remarcó la importancia de la Educación para el avance de los pueblos y señaló la necesidad de una reforma estructural.
“¿De dónde sacar el dinero necesario?”, se preguntó Fidel. Y respondió con una acusación que golpea hasta hoy. “Cuando no se lo roben, cuando no haya funcionarios venales que se dejen sobornar por las grandes empresas con detrimento del fisco, cuando los inmensos recursos de la nación estén movilizados y se dejen de comprar tanques, bombarderos y cañones en este país sin fronteras, sólo para guerrear contra el pueblo, y se le quiera educar en vez de matar, entonces habrá dinero de sobra –explicó”.
El manifiesto fue además un llamado a la conciencia colectiva poniendo en evidencia la indiferencia de la sociedad ante la realidad social.
La historia me absolverá, es la defensa de la causa revolucionaria y la base teórica fundamental del plan de gobierno que sería asumido luego por el Movimiento 26 de Julio y diversos sectores políticos y sociales, que se aglutinarán en torno al documento político. Su posterior impresión y distribución clandestina aportó a un rápido crecimiento del movimiento revolucionario.
La historia me absolverá, no fue solamente un manifiesto de denuncia de los crímenes de las fuerzas represivas y defensa de los combatientes, si no, sobre todo, un pronunciamiento político que se transformará en antecedente fundamental para el triunfo de la Revolución en Cuba y pieza política clave en los distintos procesos revolucionarios que surgirán en toda América Latina.
En el imaginario cubano primero y latinoamericano luego, se posicionó la idea de que la revolución era única forma de cambiar la realidad social, política y económica. Si bien no es posible analizar qué hubiese ocurrido si Fidel Castro no realizaba su defensa y pronunciaba su alegato, si es posible determinar que el mismo se convirtió en un hecho político que superó la derrota militar.
La historia me absolverá no es un discurso más de Fidel Castro. Si bien son muchos sus discursos trascendentes al triunfar la Revolución y durante el proceso de construcción revolucionaria, éste es el más importante porque estableció las bases y marcó el camino hacia un triunfo revolucionario a pocos kilómetros de las costas estadounidenses en un momento histórico en que las luchas sociales empezaron a propagarse por todo el mundo. Pero además, es un documento político estratégico y de increíble vigencia en la actualidad. Ese alegato, que hoy la Campaña de Lectura Eugenio Espejo acerca en este libro, transformó la derrota militar en una victoria política de los revolucionarios cubanos. Al leer La historia me absolverá, los jóvenes podrán comprender de mejor forma la relevancia histórica que adquirió Fidel Castro, más allá de la Revolución Cubana.
En su excelente novela El año de la muerte de Ricardo Reis, José Saramago señala “A esta ciudad le basta saber que la rosa de los vientos existe, este no es el lugar donde los rumbos se abren, tampoco es el punto magnífico donde los rumbos convergen, aquí precisamente cambian los rumbos”. Con La historia me absolverá, se abren, convergen y cambian los rumbos…
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