Santos y pecadores •  22/07/2021

«El puerto invisible», de Adriana Serlik

Acaba de aparecer y ser presentada, la primera novela de la escritora argentina, residente en España, Adriana Serlik, una obra donde se cruza la historia real y la ficción. La autora, activista cultural y poeta, asume la narrativa en base a investigación y recopilación de testimonios tomados en diversas regiones de la península.

El libro, publicado por Legados Ediciones, fue presentado el 8 de julio en el Palacio Ducal de la ciudad de Gandía.

“La derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece”, Jorge Luis Borges “Nota para un cuento fantástico” 

El poeta argentino Hamlet Lima Quintana refiere a la palabra como nacida del silencio; en su poema “La breve palabra”, dice entre otras cosas:

“A veces el silencio es la palabra justa, la que enciende las luces, la que mejor se escucha, la que place o se sufre cargada de milenios, la que otorga hermosura, la flor del pensamiento”

La primera novela de la escritora argentina Adriana Serlik, residente en España desde hace 40 años, es una obra nacida del silencio, un silencio guardado por varias generaciones, entre miedo, dolor e impotencia, un desierto aparente donde se hacen visibles las esquirlas de un tiempo trágico como fue la Guerra Civil Española, pero también, la posguerra y sus derivas.

Las historias, principalmente protagonizadas por mujeres, dan cuenta de los entramados más sutiles y oscuros de lo padecido, pero no siempre nombrado; también de la valentía y los ideales de seres valerosos. De esos territorios y de lo que la escritora ha recogido en investigaciones y en atentas escuchas en pueblos y ciudades, nace la novela.

“El puerto invisible” no presume de investigación histórica, aunque en sus páginas se pueda leer historia, tampoco de autobiografía, aunque las vicisitudes de alguno de los personajes puedan atravesar la propia existencia de Serlik, mujer batalladora si las hay.

Lo que subyace al cabo de la lectura es que el peso de la derrota puede significar resignaciones y olvido, pero también nuevos desafíos para los que habitamos este presente pandémico e incierto o, como escribiera Borges, “una dignidad que la ruidosa victoria no merece”.

Quizás, lo que simboliza la dignidad de estas páginas sea haber podido rescatar fragmentos de vida de mujeres y hombres comunes, de trabajadores generalmente mal pagos, de obreros portuarios, de pequeños comerciantes o limpiadoras que, sin embargo, se hicieron de un tiempo para luchar por sus sueños aun en condiciones desfavorables.

La novela es una invitación sencilla y sin victimizaciones ni golpes bajos a desmenuzar un silencio repartido en fábricas, grandes ciudades, calles y pueblos perdidos.

Es una obra que se va escurriendo entre los dedos de una mano como si dejáramos caer la tierra en un cementerio después de recuperar los huesos de algún ser querido, depositados por decreto como NN en una fosa común. Y esa simpleza que brota de sus capítulos nos abraza sin fundamentalismo, ni retórica tan común en este tipo de narrativa; es una paciente recopilación de voces que ha traído el viento entre generaciones.

Asimismo decir que lo escrito por Serlik, si bien está enmarcado en una determinada época y territorio, también podría ser un retrato de lo sucedido en la Argentina, o en Chile, en Uruguay o Paraguay donde la violencia y el terrorismo de Estado todavía tiene sus secuelas. A fin de cuentas, todos estamos hechos de retazos, surcados por guerras, viajes, represión, luchas y esperanzas.

“Casi nadie está hecho tan sólo con lo propio”Roberto Juarroz

“El puerto invisible”, como dice el poema de Hamlet, ha sido parido desde el silencio, un silencio que habitó por años en las casas de muchos ciudadanos de España, pero fundamentalmente, es una novela que habla de la potencia del amor, por eso lo valioso, lo prometido, lo callado, lo gritado, por eso la memoria.

Néstor Alejandro Tenaglia

 


Santos y pecadores / 

Néstor Tenaglia Álvarez

 https://nestortenaglia.wordpress.com/

Comunicador y escritor argentino: En 1989 comienza una experiencia comunicacional en Radio Nacional Esquel, Patagonia, Argentina, por lo cual es convocado por la Dirección Municipal de esa ciudad para realizar trabajos de prensa y difusión. A partir de 1992, en Buenos Aires, comienza el programa de radio "SANTOS Y PECADORES "que se extenderá en el tiempo hasta 2018. Allí vincula las letras con las entrevistas, convoca a importantes músicos, historiadores, artistas y vuelca periodísticamente todas esas experiencias en lo que se denomina "radio arte". Con una fuerte impronta en los derechos humanos, colabora para el periódico Madres de Plaza de Mayo, organismo mundialmente conocido. La poesía ha sido siempre la forma de encarar los proyectos comunicacionales, anclando las temáticas en cuestiones marcadas por sucesos históricos y también atemporales. Su trabajo comunicacional le ha valido algunos premios y varios reconocimientos. En 2005, la Editorial Dunken edita "La gran apuesta", antología poética donde participa con el texto "Mapuche". En 2020, Ediciones La Esfera Cultural (España) edita "El club de los relatores" donde participa con el texto "Un árbol gigante" siendo premiado entre más de seiscientos participantes. En 2021 gana el segundo puesto en el Concurso Relatos de Otoño que organiza Ediciones Embrujo, por lo que su relato "Viento de octubre" forma parte de la antología "Flor de Otoño y otros relatos" editada en el mismo año. En 2022, forma parte del Libro editado por la Falla Sant Nicolau Mosquit de Gandia, titulado "Construim" con el poema "Tierra removida", traducido al valenciano. También, en 2022, es seleccionado para participar de una antología como resultado del Fallo del III Certamen Literario de Relato y Poesía, organizado por el Ayuntamiento de Encinas Reales, Córdoba, Andalucía con su poema "Hoja en blanco". Es director de contenidos en su sitio, "Periodismo en Cronopia" Actualmente reside en la Comunidad Valenciana, desde 2019.
Primer año en España A un año de varias fotos: abrazos, lágrimas, miedos, incertidumbre, canciones, porvenir, un avión en Ezeiza rumbo a Madrid, un sol radiante. Qué rápido pasamos por el tiempo. En estos días la red me recuerda últimos brindis, palabras con significado profundo, sonrisas, regalos, buenos deseos. No somos originales; el mundo está hecho de adioses y bienvenidas. Cuando uno se aleja, invariablemente algo sepulta y, a la vez, algo siembra. Toda evocación conlleva cierta nostalgia y la rara sensación de observar con el zoom de la mirada que permite discriminar lo bueno, lo malo y lo feo de cada sitio, de cada época, de cada persona, pero también, permite reflexionar sobre las propias sombras, los propios demonios y hacer de la distancia una experiencia de búsqueda y aprendizaje.