Intervención de Stella Maldonado Esteras, del Foro por la Memoria de la Comunidad de Madrid, en el homenaje a las fusiladas/os en las tapias del cementerio municipal del Zanjón

Compañeras, compañeros:
Desde el Foro por la Memoria de la Comunidad de Madrid es un placer acompañaros en este homenaje a las fusiladas y fusilados en las tapias de este cementerio municipal del Zanjón y en sus inmediaciones.
Como diría Don Manuel Azaña, alcalaíno, presidente de la II República, “en donde haya un español o un puñado de españoles que se angustian pensando en la salvación del país, ahí hay un ánimo y una voluntad que entran en cuenta”. Debemos tenerlos en cuenta con un sentimiento de inmensa gratitud y orgullo, dignificando su lucha por la democracia y la fraternidad de los pueblos.
Hace 95 años, nuestros abuelos y abuelas construyeron una República concebida en libertad, equidad e igualdad. La Constitución de 1931 definía a España como una “República de trabajadores de toda clase” y recogía una amplia declaración de derechos y deberes políticos, sociales, educativos y culturales. Estos, si no seguimos peleando por mantenerlos y conservarlos, pueden decaer frente al avance de la extrema derecha, envueltas en una internacional del odio, interesada en un relato histórico sesgado, de héroes con nombre y apellidos en masculino y uniformes militares.
Fue conocida como la República de las mujeres porque fueron, por fin, sujetos de derecho: la mujer pudo acceder al sufragio, a la educación, al trabajo más allá de las cuatro paredes de casa, a ejercer su conciencia política de manera libre y responsable. Muchas de esas mujeres pasaron por la conocida como “la galera de Alcalá”, que funcionaba como una metáfora del hogar doméstico mientras que se redimía moralmente a aquellas consideradas “perdidas” por el régimen.
De la noche a la mañana, la indigna sublevación militar destruyó las esperanzas de tantas personas, y para ello tuvo que anegar en dolor, represión, sufrimiento, hambre y sangre el país entero. Hasta tal punto fue cruel aquel conflicto y triste su desenlace que se llegó a dudar si la nación y su república podrían algún día brillar de nuevo. Pero no desfallezcamos porque las luces de la república vuelvan a brillar en un futuro próximo.
En este espacio en el cual nos encontramos, el cementerio antiguo de Alcalá de Henares, yacen más de 200 personas asesinadas por el franquismo. Hay familias enteras que perecieron por la ignominia desencadenada aquel 18 de julio de 1936. El recuerdo de estas personas, hombres y mujeres, debe formar parte de nuestra memoria hoy y siempre. Las generaciones actuales y futuras son las que debemos, en este abril y en los que vendrán, consagrarnos a la tarea inconclusa que emprendieron quienes supieron luchar valientemente con sus armas cargadas de sueños e hicieron avanzar tanto y tan noblemente la causa republicana.
Gracias a la acción persistente de las asociaciones memorialistas, familiares, partidos y sindicatos con un claro sentir democrático, se suceden diferentes homenajes a esas personas que defendieron, incluso con su vida, la legalidad de un gobierno democrático, y en el caso de Zanjón, el memorial con los nombres de luchadoras y luchadores, recordando la fecha de su ejecución, gracias a la labor de dignificación de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Alcalá de Henares, es un ejemplo digno y justo de reconocer.
Hace escasamente unos días, el actor, director y activista por los derechos humanos e hijo de desaparecido durante la dictadura argentina Juan Diego Botto, afirmaba que la memoria es un territorio en disputa, y cada día que no damos esa disputa, es un terreno que perdemos. Esa disputa puede ser incómoda… pero no dar esa batalla día a día, a cada momento en las conversaciones con amigos y familiares, los libros de texto, en las escuelas y universidades, en las artes, en los medios de comunicación, en las calles, educando a las generaciones presentes y futuras en la verdad, la justicia y el valor de la memoria reparada, con la intensidad, la valentía, el coraje y la determinación con la que se tiene que dar, producirá consecuencias nefastas para la sociedad. Es, por tanto, nuestra responsabilidad por y con la memoria, por la de estas personas que aquí yacen, o en otras localidades, pueblos, cementerios y cunetas, muchos sin identificar. Y por nuestra propia memoria, la del presente y la del futuro.
José Saramago decía que somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos, sin responsabilidad quizá no merezcamos existir. Comprometámonos aquí y ahora ¡¡Salud y República, compañeros y compañeras!!
Alcalá de Henares, 18 de abril de 2026.
