Nicolás Puerto Barrios •  Memoria Histórica •  03/05/2026

El número 3818, de Córdoba a Mathausen

  • «Parece que en Mauthausen la matrícula no estaba tatuada en el brazo de los presos como en otros campos, sino marcada en pequeñas placas de metal.»
El número 3818, de Córdoba a Mathausen

Después de su lucha en el frente republicano y su huida a Francia en el invierno de 1939, mi tío Bartolomé fue confinado a la interperie en la playa de Argeles Sur-Mer, en la que murieron muchos españoles. De allí pasó a un Campo de Trabajo para Extranjeros (CTE) francés en Dijon, de donde fue apresado por los nazis, en abril de 1941 y trasladado al Campo de Mauthausen (AUSTRIA), siendo uno de los pocos supervivientes al ser liberado este Campo por el ejército estadounidense el 5 de mayo de 1945.  ¡Nueve años sin saber la familia nada de él, desde que salió de Obejo (Córdoba)! Mi sobrina francesa Christine Andreu, su nieta, profesora de español en el instituto Pablo Picasso de Toulouse, presentó en el Ayuntamiento de Carbonne, un libro en los dos idiomas, sobre las vicisitudes y sufrimientos de su abuelo desde 1936 a 1945, que escribió con ayuda de su padre José Barrios Gómiz (fallecido el pasado 3 de marzo), a la que yo asistí el 18 de junio de 2024. Algunos datos de su libro, en el que tuve una modesta colaboración, muestran como un ser humano aún convertido en un número, logra mantener y recuperar su identidad.

“La última etapa protocolar de la llegada de los prisioneros a Mauthausen era la identificación. El secretario del campo los recibía en un despacho para apuntar su nombre, apellido, fecha y lugar de nacimiento y les asignaba un número. Al entrar en los campos de concentración alemanes, los deportados perdían de inmediato su identidad y se convertían en una matrícula. Mi padre llevaba el número 3818”.

”Parece que en Mauthausen la matrícula no estaba tatuada en el brazo de los presos como en otros campos, sino marcada en pequeñas placas de metal. Tengo en mi posesión las dos placas que mi padre llevó en la muñeca durante su deportación. Son los únicos objetos que volvieron del infierno del campo y para mí tienen un gran valor. Estas dos placas de metal las talló mi propio padre que siempre fue muy hábil y meticuloso. En la primera placa, en medio de ella y de tamaño grande, mi padre puso su número de matrícula: 3818, con un corazón arriba y un corazón abajo. Arriba a la izquierda puso: KLM (KL es la abreviatura de Konzentrationslager, que en alemán significa campo de concentración y la M es la primera letra de Mauthausen). Debajo, las cifras “1.4.41” correspondientes a la fecha de su entrada en el Campo de Mauthausen. Añadió una rosa arriba a la derecha y otra rosa abajo a la izquierda”.

Quisiera finalmente destacar, que el haber sido requerido por su profesiòn para la herrería del Campo, le permitió, poco a poco, ir labrando en varias placas con gran habilidad artística, distintas letras agrupadas que son las siglas de los muchos de sus familiares, padre y madre, herman@s, esposa e hij@s, que yo ayudé a mi sobrina Christine a descifrar y que relaciona en su libro.  Destaca en una de las placas, las pequeñas poblaciones austriacas de Ternberg y Vocklabruck, en las que había dos Subcampos de Concentración dependientes de Mauthausem y donde posiblemente tuvo que desplazarse Bartolomé con frecuencia para herrar caballos. Finalmente, quizá en la duda de que no pudiera salir vivo de allí. En otra placa, Bartolomé también realza en sus orejetas, las siglas de su provincia de nacimiento y origen:  Córdoba y España.


Mathausen /