Ceuta, entre los intereses de Estados Unidos, Israel y Marruecos
Analistas sostienen que la crisis en Ceuta habría servido para aumentar la presión sobre el Gobierno de Pedro Sánchez, en un momento marcado por el acercamiento de Madrid a Argelia, rival regional de Rabat y uno de los principales proveedores energéticos de España.

Ceuta constituye, junto con Melilla, una de las dos ciudades autónomas españolas ubicadas en el norte de África. Ambos territorios permanecen bajo administración española desde hace siglos y forman parte de la Unión Europea. Su particular ubicación geográfica, con una frontera terrestre con Marruecos, ha convertido a Ceuta en uno de los principales puntos de presión migratoria hacia territorio europeo y en escenario recurrente de tensiones entre Madrid y Rabat.
Entre el 30 y el 31 de julio pasado, la llegada masiva de unas 80.000 personas a la ciudad, incluidas aquellas que perdieron la vida al intentar atravesar la frontera marítima, presentó características que llamaron especialmente la atención.
Numerosas imágenes difundidas durante la emergencia mostraron a jóvenes que aparentemente no portaban equipaje ni pertenencias, mientras otros registros audiovisuales evidenciaron el traslado de grupos hacia las inmediaciones de Ceuta en vehículos de gran capacidad. También circularon imágenes en las que efectivos marroquíes parecían facilitar el desplazamiento de personas hacia la frontera española.
A estas circunstancias se sumaron versiones que apuntaron a la posible presencia de integrantes de los servicios de inteligencia marroquíes entre los grupos que llegaron a la zona, con el supuesto propósito de observar el dispositivo de seguridad español y evaluar la reacción de las autoridades. Aunque estas acusaciones no han sido demostradas de manera independiente, la magnitud y simultaneidad de la llegada de personas plantearon interrogantes sobre la capacidad logística necesaria para movilizar a decenas de miles de individuos hasta la frontera.
El episodio fue interpretado como una nueva muestra de la utilización de la cuestión migratoria dentro de las disputas políticas entre España y Marruecos. Desde esta perspectiva, la crisis en Ceuta habría servido para aumentar la presión sobre el Gobierno de Pedro Sánchez, en un momento marcado por el acercamiento de Madrid a Argelia, rival regional de Rabat y uno de los principales proveedores energéticos de España.
A estas circunstancias se sumaron versiones que apuntaron a la posible presencia de integrantes de los servicios de inteligencia marroquíes entre los grupos que llegaron a la zona, con el supuesto propósito de observar el dispositivo de seguridad español y evaluar la reacción de las autoridades. Aunque estas acusaciones no han sido demostradas de manera independiente, la magnitud y simultaneidad de la llegada de personas plantearon interrogantes sobre la capacidad logística necesaria para movilizar a decenas de miles de individuos hasta la frontera.
El episodio fue interpretado como una nueva muestra de la utilización de la cuestión migratoria dentro de las disputas políticas entre España y Marruecos. Desde esta perspectiva, la crisis en Ceuta habría servido para aumentar la presión sobre el Gobierno de Pedro Sánchez, en un momento marcado por el acercamiento de Madrid a Argelia, rival regional de Rabat y uno de los principales proveedores energéticos de España.
Sánchez había mantenido recientemente un encuentro con el presidente argelino, en una coyuntura internacional marcada por la presión sobre los mercados energéticos y las consecuencias de los conflictos en Ucrania e Irán.
La situación recuerda además a los acontecimientos de 2021, cuando una llegada masiva de personas a Ceuta se produjo después de que España permitiera el ingreso de Brahim Ghali, presidente de la República Árabe Saharaui Democrática y secretario general del Frente Polisario, para recibir atención médica. Marruecos reaccionó entonces con dureza ante una decisión que consideraba contraria a sus intereses sobre el Sáhara Occidental.
El contexto internacional añade otro elemento a la controversia. Las relaciones entre el Gobierno español y las administraciones de Estados Unidos e Israel atraviesan momentos de tensión debido, entre otros factores, a la posición de Madrid en defensa de los derechos del pueblo palestino y a sus críticas a las operaciones militares desarrolladas en Oriente Medio.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha lanzado duras críticas contra España, especialmente por la negativa de Sánchez a incrementar el gasto militar en los términos exigidos por Washington. La postura española también incluyó restricciones relacionadas con el uso de sus bases militares por parte de Estados Unidos y con el tránsito de aeronaves militares estadounidenses vinculadas a las operaciones en la región.
Una narrativa impulsada desde círculos conservadores y proisraelíes
Tras los acontecimientos registrados en Ceuta, distintos analistas, expertos y figuras vinculadas a sectores conservadores y proisraelíes comenzaron a utilizar la crisis migratoria para cuestionar al Gobierno de Pedro Sánchez y su política exterior, especialmente su postura crítica frente a las acciones de Israel en Gaza y su rechazo a determinadas políticas impulsadas por Donald Trump.
En paralelo, cobró fuerza en esos espacios un discurso que presenta a Ceuta y Melilla como territorios bajo ocupación española. Esta narrativa no se limita a los cuestionamientos habituales de sectores de la extrema derecha internacional contra Madrid por su gestión migratoria, sino que plantea una disputa sobre la soberanía de ambas ciudades y las reivindicaciones territoriales de Marruecos.
El hecho de que algunas de esas publicaciones aparecieran incluso antes de la llegada masiva de migrantes a Ceuta ha alimentado especulaciones sobre una posible conexión entre distintos actores de Estados Unidos, Israel y Marruecos y los acontecimientos registrados en la ciudad.
Uno de los actores que ha contribuido a difundir esta visión es el Middle East Forum, un centro de estudios estadounidense identificado con posiciones conservadoras y proisraelíes. La organización ha sido objeto de críticas por sus posturas sobre el islam y Oriente Medio y también ha promovido iniciativas dirigidas contra académicos estadounidenses que mantienen posiciones críticas respecto a Israel.
Dentro de ese entorno también se ha impulsado durante años la defensa de las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla. Según analistas citados en este contexto, los círculos favorables a Rabat han encontrado una mayor plataforma en sectores conservadores de Estados Unidos e Israel tras el establecimiento de relaciones entre Marruecos e Israel mediante los Acuerdos de Abraham.
El vínculo entre estos sectores y la política israelí también aparece reflejado en iniciativas como el denominado «Proyecto Victoria» de Israel, promovido por el Middle East Forum, cuyo objetivo declarado es orientar la política estadounidense e israelí hacia una estrategia destinada a garantizar la victoria de Israel sobre los palestinos como vía para poner fin al extermino de la entidad sionista.
La controversia alcanzó incluso a publicaciones de centros de pensamiento de gran influencia en Washington. Un artículo del investigador Michael Rubin, en el que Ceuta era presentada como territorio ocupado y sus habitantes eran descritos como “colonos”, fue posteriormente reproducido por el American Enterprise Institute (AEI), uno de los principales think tanks conservadores estadounidenses. Rubin, además de su trabajo en ese organismo, se desempeñó como asesor del Departamento de Defensa. Actualmente es director de análisis de política del Middle East Forum.
Para Matt Duss, vicepresidente del Center for International Policy, la presión contra el Gobierno español debe entenderse dentro de un contexto más amplio. Según el analista, la posición de Madrid respecto a Gaza y su crítica a las políticas de Israel han convertido al Ejecutivo de Sánchez en un objetivo atractivo para sectores fuertemente alineados con Tel Aviv.
“Esa red existe. España ha sido crítica con Israel, especialmente en Gaza, y ha sido una de las voces más importantes de Europa. Esa es parte de la razón por la que existe un esfuerzo coordinado para atacar al Gobierno español”, resaltó Duss.
En este escenario, diferentes actores parecen coincidir en sus cuestionamientos a España, aunque ello no implica necesariamente la existencia de una operación única y centralizada. Investigadores consultados señalan que los intereses de grupos favorables a Marruecos, sectores proisraelíes y corrientes conservadoras estadounidenses pueden converger en su oposición al Gobierno español, aun cuando actúen de manera independiente.
El discurso también ha encontrado eco en medios y figuras públicas de Israel. En una publicación difundida por The Times of Israel, el académico Jose Lev Alvarez llegó a sostener que España había “perdido” Ceuta y planteó que Marruecos aprovechara la coyuntura para impulsar una revisión internacional del estatus de Ceuta, Melilla y las Islas Canarias.
En ese sentido, afirmó que “con el respaldo de Washington y Jerusalén, Rabat puede impulsar una revisión jurídica internacional formal de estos enclaves […] Marruecos debería proponer a Estados Unidos y al Estado de Israel un pacto integral de seguridad para el Mediterráneo occidental en el marco del Acuerdo de Abraham”.
En una línea similar, el analista marroquí Amine Ayoub defendió en Ynetnews que la alianza entre Marruecos e Israel podía contribuir a que Rabat avanzara en sus reclamaciones sobre Ceuta y Melilla. El analista vinculó además las diferencias entre Washington y Madrid en torno a la OTAN y el conflicto con Irán con una oportunidad para que Marruecos fortaleciera sus posiciones diplomáticas.
El investigador David Hernández, del Real Instituto Elcano, ha descrito esta convergencia como la coincidencia de tres intereses: el trabajo diplomático del lobby marroquí en Washington, la influencia de los sectores proisraelíes sobre la política exterior estadounidense y la agenda de los grupos conservadores de Estados Unidos.
La cuestión llegó incluso al terreno diplomático. El embajador de Israel ante Naciones Unidas, Danny Danon, cuestionó públicamente a España por mantener, según él, enclaves coloniales en África, precisamente durante la jornada en que miles de migrantes cruzaron hacia Ceuta.
Mientras tanto, sectores del Congreso estadounidense también comenzaron a incorporar la cuestión de Ceuta y Melilla a sus debates sobre las relaciones con Marruecos. Un informe presupuestario presentado por el congresista republicano Mario Díaz-Balart incluyó una referencia a ambas ciudades y respaldó que Washington fomente conversaciones entre Rabat y Madrid sobre su futuro estatus.
Aunque el documento señala que Estados Unidos respalda la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, también atribuye al Gobierno de Sánchez una supuesta falta de firmeza para defender sus fronteras. Díaz-Balart, por su parte, ha sostenido que el estatus de las dos ciudades continúa siendo un asunto susceptible de debate.
Sin embargo, especialistas en derecho internacional rechazan la caracterización de Ceuta y Melilla como territorios pendientes de descolonización. Ambas ciudades no figuran en la lista de territorios no autónomos de Naciones Unidas y, de acuerdo con los argumentos expuestos por expertos, tampoco formaron parte del protectorado español establecido en Marruecos entre 1912 y 1956.
La narrativa ha trascendido además los círculos académicos y políticos para instalarse en las redes sociales. Hananya Naftali, antiguo integrante del entorno de comunicación de Benjamin Netanyahu, utilizó la crisis migratoria de Ceuta para comparar la situación con el conflicto palestino y cuestionar la posición española sobre la solución de dos Estados.
Yair Netanyahu, hijo del primer ministro israelí, también ha recurrido en distintas ocasiones a la comparación entre Ceuta y Melilla y los territorios palestinos. En sus publicaciones ha cuestionado que Madrid defienda la creación de un Estado palestino mientras mantiene su soberanía sobre territorios reclamados por Marruecos.
“Ceuta y Melilla son unos territorios minúsculos que pertenecen al otro lado del mar, en otro continente. Ahora imagina cómo nos sentimos cuando vuestro Gobierno pide a Israel que ceda Judea y Samaria, que es el corazón del pueblo judío”, publicó en 2019.
Una alianza estratégica que aumenta la presión sobre el Gobierno de Sánchez
La relación cada vez más estrecha entre Estados Unidos, Israel y Marruecos constituye otro de los factores que tensionan el escenario político español. Tanto la Administración de Donald Trump como el Gobierno de Benjamin Netanyahu mantienen profundas diferencias con Pedro Sánchez, mientras Rabat ha consolidado sus vínculos con ambos países en áreas estratégicas que también afectan directamente a los intereses de Madrid.
El enfrentamiento entre Sánchez y Trump se ha hecho especialmente visible en los últimos meses, mientras que Israel ha cuestionado de manera reiterada la posición del Ejecutivo español sobre Palestina y la guerra en Oriente Medio. España se ha convertido en una de las voces más críticas con las políticas israelíes dentro de la Unión Europea, una postura que ha provocado sucesivos desencuentros diplomáticos entre ambos gobiernos.
A esta situación se suma el antecedente del espionaje mediante el programa Pegasus, desarrollado por la empresa israelí NSO Group. En 2022, el Gobierno español confirmó que los teléfonos móviles de Pedro Sánchez, la entonces ministra de Defensa Margarita Robles y otras autoridades habían sido intervenidos con este software.https://www.youtube.com/embed/4i6xyR3CEfs?si=Bt1JGXEvttwqWyGX
Las investigaciones posteriores apuntaron a Marruecos como posible responsable de parte de las intrusiones. La utilización de Pegasus también generó cuestionamientos sobre el papel de Israel, debido a que la exportación y utilización del programa están sujetas a licencias otorgadas por las autoridades israelíes. El caso abrió entonces un nuevo frente de tensión entre Madrid y Rabat y puso bajo escrutinio la dimensión tecnológica de la cooperación entre Marruecos e Israel.
Por su parte, la politóloga egipcia Nadia Helmy, especialista en las relaciones entre China e Israel, sostuvo que algunos análisis elaborados en Beijing interpretan la llegada masiva de personas desde Marruecos como una posible operación de guerra híbrida destinada a incrementar la presión sobre el Gobierno de Sánchez.
Helmy incluso señaló una posible participación del Mossad, los servicios de inteligencia israelíes, aunque esta acusación no ha sido corroborada de manera independiente. En un artículo publicado en Modern Diplomacy, la politóloga argumentó que el deterioro de los vínculos entre España e Israel podría haber creado condiciones para que actores vinculados a Tel Aviv intentaran aprovechar la crisis migratoria con fines de desestabilización.
La hipótesis se inserta en una relación entre Marruecos e Israel que cuenta con antecedentes históricos y que se ha desarrollado durante décadas, incluso en periodos en los que los vínculos diplomáticos no eran oficiales. Uno de los episodios más controvertidos asociados a esa relación es el caso del opositor marroquí Mehdi Ben Barka, desaparecido en París en 1965.
Investigaciones de los periodistas Stephen Smith y Ronen Bergman han señalado una presunta participación de agentes israelíes en la operación contra Ben Barka, quien se había convertido en uno de los principales adversarios políticos del rey Hasán II. El dirigente fue atraído a París bajo el pretexto de participar en un proyecto cinematográfico, donde posteriormente fue secuestrado. Su desaparición y la ausencia de sus restos han convertido el caso en uno de los episodios más oscuros de la historia política de Marruecos.
Uno de los nombres más representativos de esa conexión es André Azoulay, miembro de la comunidad judía marroquí y antiguo asesor del rey Hasán II. Azoulay desempeñó un papel relevante en la política económica y diplomática del reino y posteriormente participó en iniciativas relacionadas con el acercamiento entre Marruecos e Israel.
Los vínculos adquirieron una nueva dimensión con los Acuerdos de Abraham, mediante los cuales Marruecos normalizó formalmente sus relaciones con Israel en 2020. Desde entonces, ambos países han ampliado su cooperación en ámbitos como defensa, seguridad, inteligencia, tecnología y comercio.
Las relaciones entre Marruecos e Israel tienen una larga trayectoria y están estrechamente ligados a sus respectivas comunidades judías. En Israel viven más de 190.000 personas de origen marroquí, de acuerdo con el Informe Mundial de Migración, mientras que Marruecos alberga la comunidad judía más numerosa de África. Aunque esta última apenas ronda las 5.000 personas, conserva una notable influencia en la vida política y social del país.
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