Redacción •  Rubén Salgado Escudero / ACNUR •  Internacional • 25/04/2020

La pandemia del coronavirus aumenta el riesgo de violencia de género hacia mujeres y niñas desplazadas y apátridas

“En estos tiempos de pandemia debemos prestar atención urgente a la protección de mujeres y niñas refugiadas, desplazadas y apátridas. Ellas se encuentran entre las personas en situación de mayor riesgo. No se debe abrir la puerta a quienes perpetran las agresiones, ni se debe escatimar en ayudas para las mujeres que sobreviven a los abusos y a la violencia”, afirma la Alta Comisionada Adjunta para Protección de ACNUR Gillian Triggs.

La pandemia del coronavirus aumenta el riesgo de violencia de género hacia mujeres y niñas desplazadas y apátridas

El COVID-19 está cobrándose vidas y afectando a comunidades en todo el mundo, pero el virus también está planteando riesgos de protección importantes para las mujeres y niñas que se ven forzadas a abandonar sus hogares, según ha explicado esta semana Gillian Triggs, Alta Comisionada Adjunta para Protección de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

“En estos tiempos de pandemia debemos prestar atención urgente a la protección de mujeres y niñas refugiadas, desplazadas y apátridas. Ellas se encuentran entre las personas en situación de mayor riesgo. No se debe abrir la puerta a quienes perpetran las agresiones, ni se debe escatimar en ayudas para las mujeres que sobreviven a los abusos y a la violencia”, dice Triggs.

Las políticas de confinamiento y cuarentenas adoptadas en todo el mundo como respuesta ante la pandemia conllevan la restricción de movimientos, la reducción de las interacciones en la comunidad, el cierre de servicios y el empeoramiento de las condiciones socioeconómicas. Estos factores están disparando los riesgos de sufrir violencia doméstica.

“Algunas personas pueden terminar confinadas en sus hogares o lugares de acogida, atrapadas con sus agresores y sin la oportunidad de distanciarse o de poder pedir ayuda en persona a alguien”.

“Otras, incluidas quienes no cuentan con documentación, o quienes han perdido los medios de vida precarios de los que dependían como resultado de los efectos devastadores del COVID-19 en algunas economías, pueden verse obligadas a recurrir a la prostitución o a los matrimonios infantiles forzados, empujadas por sus familiares. Dentro de los hogares, muchas mujeres también están asumiendo cada vez más cargas como cabezas de familia”.

Para las supervivientes de violencia y para quienes están en riesgo de sufrirla, otra de las consecuencias del COVID-19 también puede ser el acceso limitado a recibir ayudas que pueden ser vitales, como los servicios psicosociales, de salud y de seguridad. Las restricciones de movimiento y las medidas de contención impuestas dificultan a las mujeres poder acceder a estas ayudas, mientras que algunos servicios, como los alojamientos seguros, se han suspendido de forma temporal, se han cerrado o se están utilizando para otros fines.

“Nuestra red de protección global de ACNUR se encuentra en estado de máxima alerta. Estamos adaptando en la medida de lo posible los programas dirigidos a mujeres y niñas que sufren violencia y cuya importancia es vital. En algunos lugares, los programas se están gestionando de forma remota por parte de trabajadoras sociales con la ayuda de redes de personas voluntarias de la comunidad que han sido formadas”, explica Triggs. 

Las propias mujeres desplazadas continúan en la primera línea de respuesta, informando a sus comunidades sobre los riesgos de sufrir violencia y diseminando información sobre prevención y medidas sanitarias de protección. También están ayudando a las supervivientes a recibir la ayuda especializada disponible.

ACNUR también está distribuyendo asistencia en efectivo de emergencia para ayudar a supervivientes y mujeres en situación de riesgo. Se están coordinando las acciones en el sector humanitario para asegurar que se mitigan los riesgos de sufrir violencia sexual y de género en todas las intervenciones en este ámbito, incluyendo, entre otras, la respuesta de emergencia sanitaria.  

“Para proteger las vidas y garantizar los derechos de mujeres y niñas, los gobiernos, junto con las agencias humanitarias, deben asegurarse de que, a la hora de diseñar los planes nacionales de prevención, respuesta y reconstrucción por COVID-19, se tengan en cuenta los riesgos de sufrir violencia a los que se enfrentan mujeres desplazadas y apátridas”, afirma Triggs. 

Esto requiere garantizar que los servicios críticos para las personas supervivientes de violencia de género sean considerados como esenciales y sean accesibles para las mujeres desplazadas forzosas.  Esto incluye servicios de salud y seguridad, apoyo psicosocial y alojamientos seguros, así como el acceso a la justicia que tampoco debe reducirse.

Debido al empeoramiento de las condiciones socioeconómicas a las que se enfrentan ahora muchos de los países de acogida de refugiados, resulta vital el apoyo de donantes para mantener operativos los servicios esenciales de prevención y de respuesta ante la violencia de género, incluyendo los que ofrecen las organizaciones locales lideradas por mujeres.

“Todas las mujeres y niñas tienen el derecho a vivir una vida libre de cualquier forma de violencia. Debemos apoyar a las mujeres desplazadas y apátridas al tiempo que reiteramos el mensaje del Secretario General e instamos a todos los gobiernos a priorizar la seguridad de las mujeres y de las niñas en su respuesta ante la pandemia”.


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