Catástrofe económica amenaza a 62 millones de personas en el Golfo
La guerra en el Golfo paraliza infraestructuras clave, cierra rutas marítimas y desencadena una catástrofe económica que afecta a 62 millones de personas.

El experto económico Imad Akouche advierte que la confrontación entre Irán y sus aliados, frente a Estados Unidos e «Israel», pasó de un “conflicto militar limitado” a “una guerra económica integral” que golpea al Consejo de Cooperación del Golfo “a niveles sin precedentes en décadas”.
Según el autor, los ataques iraníes dejaron de ser simples represalias y se transformaron en “una estrategia sistemática destinada a convertir la región del Golfo en un campo de presión económica contra Washington”.
Akouche señala que, desde la Operación Ira Épica del 28 de febrero de 2016, Irán dirigió “aproximadamente el 85 por ciento de sus misiles y drones” hacia los estados del Golfo, con más de cinco mil proyectiles en el primer mes.
Estos ataques se concentraron en “infraestructuras vitales” como petróleo, gas, puertos, aeropuertos, plantas desalinizadoras y centros financieros. Teherán advirtió que “cualquier infraestructura económica que apoye operaciones militares” constituye un objetivo legítimo.
Los daños materiales directos ascienden a “58 mil millones de dólares”. Emiratos Árabes Unidos fue el más afectado, con 48 impactos confirmados en sitios estratégicos. Qatar sufrió una reducción del 17 por ciento en la capacidad de exportación de GNL tras los ataques a la planta Hamad Bin Khalifa.
Arabia Saudita enfrentó ataques contra refinerías clave como Ras Tanura y Yanbu. El cierre del estrecho de Ormuz dejó a unos 500 barcos a la deriva y provocó un aumento del 13 por ciento en los precios del petróleo y más del 40 por ciento en los futuros del gas europeo.
Mediante el artículo, el experto económico y financiero libanés explica que las rutas alternativas, como el oleoducto Saudita Este-Oeste y el Habshan-Fujairah, solo compensan “una pequeña fracción” de la capacidad perdida.
El cierre de Bab el-Mandeb agravó la crisis saudita y redujo en un 36 por ciento los envíos de petróleo. China disminuyó sus tasas de operación de refinería en un 18 por ciento. Con ambos estrechos en riesgo, el suministro mundial podría caer entre “15 y 17 por ciento”.
La crisis también afecta la importación de alimentos. El mar Rojo se volvió ruta vital para trigo, arroz y piensos. El bloqueo provocó interrupciones del 70 por ciento en las importaciones y una inflación que elevó los precios entre “40 y 120 por ciento”. Egipto reimpuso controles de precios al pan y Jordania enfrenta racionamiento de combustible.
El turismo y la aviación colapsaron. El aeropuerto internacional de Dubái suspendió operaciones indefinidamente. Hubo daños en Abu Dabi y Kuwait. Qatar Airways y Emirates paralizaron vuelos durante el Ramadán, con pérdidas cercanas a “40 mil millones de dólares”. Moody’s prevé que la ocupación hotelera en Dubái caiga al 10 por ciento.
Akouche subraya que la crisis del agua es “uno de los aspectos más trágicos”, ya que Kuwait y Qatar dependen en un 99 por ciento de la desalinización. Los ataques a plantas desalinizadoras fueron “un golpe directo a la existencia y supervivencia de la población civil”.
Esta guerra sacudió los mercados financieros. La bolsa de los Emiratos suspendió operaciones dos días. Hubo caídas en banca e inmobiliario y afectaciones a centros de datos de Amazon. El crecimiento del Golfo se contraerá un 0,2 por ciento, frente al 3,6 por ciento previsto antes del conflicto.
Las repercusiones alcanzan a Egipto y Jordania. El Fondo Monetario Internacional redujo su pronóstico de crecimiento regional al 1,4 por ciento para 2026. Teherán anunció la suspensión de compromisos con Washington y advirtió sobre nuevas represalias. Analistas alertan que el cierre de Bab el-Mandeb por Ansar Allah podría tener “consecuencias potencialmente catastróficas” para el comercio mundial.
El autor concluye que los estados del Golfo están en “una encrucijada crítica e histórica”. Con pérdidas superiores a 58 mil millones de dólares y daños que tardarán años en repararse, la región enfrenta una pérdida de confianza como destino seguro para inversión y turismo.
Si Irán extiende sus ataques a plantas desalinizadoras y otras instalaciones sensibles, las consecuencias serían “catastróficas” y afectarían mucho más allá de los 62 millones de habitantes del Golfo. La pregunta central, afirma Akouche, es cómo contener este conflicto antes de que deje “cicatrices profundas e incurables”.
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