Rafael Méndez •  Opinión •  25/08/2026

Derecha internacional: aplaude al unísono designación de Bisonó como canciller de la República Dominicana

Dime con quién andas y te diré qué política exterior representas. Más que mensajes dispersos de cortesía, se produjo una convergencia política internacional celebrando la llegada de una figura reconocida como parte de su mismo espacio, y fueron de tantos litorales continentales que parecían conocer el momento exacto en que se produciría la designación.  

La excepcional y casi simultánea concentración de salutaciones dirigidas al nuevo ministro de Relaciones Exteriores de la República Dominicana por expresidentes y dirigentes conservadores de América Latina y el Caribe, Estados Unidos, Europa e Israel, sin precedentes conocidos ante la designación de un alto funcionario público dominicano, revela el entramado ideológico y político al que pertenece Víctor “Ito” Bisonó y confirma la profundización del giro a la derecha del Gobierno de Luis Abinader.

Las felicitaciones protocolares constituyen una práctica habitual en las relaciones internacionales, pero lo ocurrido tras el nombramiento del nuevo canciller dominicano desborda ampliamente esa formalidad, tanto por la cantidad y rapidez de las reacciones como por su procedencia ideológica. Más que mensajes dispersos de cortesía, se produjo una convergencia política internacional celebrando la llegada de una figura reconocida como parte de su mismo espacio.

La designación, anunciada el 16 de agosto mediante el Decreto 554-26, tampoco recayó sobre un diplomático de carrera desconocido fuera del país. Bisonó fue diputado durante dieciocho años, se formó en el conservador Partido Reformista Social Cristiano, pasó posteriormente al gobernante Partido Revolucionario Moderno y desde 2020 ocupó los Ministerios de Industria, Comercio y Mipymes y de la Vivienda, posiciones desde las cuales fortaleció sus vínculos políticos y económicos con Washington.

Una convergencia ideológicamente 

Entre los primeros en celebrar su nombramiento estuvieron los expresidentes colombianos Iván Duque y Andrés Pastrana, el exmandatario boliviano Jorge “Tuto” Quiroga y la dirigente opositora venezolana María Corina Machado, quienes no se limitaron a felicitarlo, sino que lo identificaron como amigo y compañero de una trayectoria compartida en defensa de la libertad y la democracia, conceptos convertidos en distintivos políticos de la derecha regional.

A las salutaciones se incorporaron el exvicecanciller uruguayo Nicolás Albertoni, el opositor venezolano Antonio Ledezma, el expresidente panameño Juan Carlos Varela, el diplomático guatemalteco Edmond Mulet y el congresista republicano estadounidense Carlos Giménez. Desde Israel se pronunció su ministro de Relaciones Exteriores, Gideon Sa’ar, mientras representantes de organizaciones regionales también expresaron su satisfacción por la designación.

La amplitud de las reacciones no debe llevar a colocar mecánicamente a todos los felicitantes dentro de una misma corriente. También se pronunciaron el congresista demócrata estadounidense de origen dominicano Adriano Espaillat, el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Albert Ramdin, y representantes de instituciones regionales cuya salutación responde a relaciones oficiales. Sin embargo, el núcleo más numeroso, inmediato y políticamente expresivo procedió del universo conservador internacional.

Esa identificación no comenzó con su llegada a la Cancillería. Desde el Centro de Análisis para Políticas Públicas, fundado por él en 2007, y mediante su participación en la Fundación Internacional para la Libertad y otras plataformas, Bisonó cultivó relaciones con José María Aznar, Mariano Rajoy, Mauricio Macri, Felipe Calderón, Guillermo Lasso, Iván Duque, Sebastián Piñera y José Antonio Kast, además de dirigentes y organizaciones de la centroderecha europea y latinoamericana.

Las salutaciones, por sí solas, no demuestran la existencia de una coordinación previa alrededor del nombramiento, pero su simultaneidad, homogeneidad ideológica y extensión geográfica permiten formular una legítima interrogante política. Tantos dirigentes parecían conocer el momento exacto en que se produciría la designación, como si supieran que el caldo llevaba tiempo cocinándose y estuvieran avisados de cuándo se bajaría el caldero de la estufa.

Un canciller para la nueva coyuntura

A esa imagen se agregó otro hecho cargado de simbolismo. A pocas horas de su designación, el nuevo ministro recibió la visita de Leah Campos, embajadora de Estados Unidos en la República Dominicana, con quien reafirmó la disposición de mantener un diálogo permanente. Aunque se trata de un encuentro normal dentro de la actividad diplomática, su rapidez y el contexto en que se produjo reforzaron la percepción de que Washington reconoce en Bisonó a un interlocutor confiable.

La relación venía construyéndose desde su anterior responsabilidad ministerial. Bisonó desarrolló con Estados Unidos una agenda relacionada con el nearshoring, las zonas francas, los semiconductores, los dispositivos médicos, las inversiones y la seguridad de las cadenas de suministro, e incluso realizó un viaje a Washington que incluyó encuentros en la Casa Blanca, el Pentágono y el Departamento de Estado, actividades que sobrepasaban el ámbito ordinario de un ministro de Industria y Comercio.

Su perfil encaja con la nueva visión estadounidense sobre América Latina y el Caribe, una región contemplada cada vez más desde los intereses de seguridad, energía, migración, minerales estratégicos, comercio, narcotráfico y competencia con China. En esa concepción, las inversiones y las cadenas productivas dejan de ser simples asuntos económicos y pasan a convertirse en instrumentos directos de la geopolítica de la Administración de Donald Trump.

La sustitución de Roberto Álvarez también representa un cambio apreciable. Mientras el anterior canciller poseía una formación esencialmente diplomática, jurídica y multilateral, Bisonó llega con un instrumental político, económico y comercial, acompañado de una red de afinidades conservadoras que puede abrirle puertas ante gobiernos ideológicamente cercanos, pero también estrechar el margen de actuación de la política exterior dominicana frente a gobiernos de izquierda, países no alineados y potencias como China.

Su nombramiento se produce, además, después de la expulsión de diez integrantes de la misión diplomática cubana, ejecutada sin explicaciones públicas por las autoridades dominicanas. Esa medida, unida al progresivo alineamiento del Gobierno de Abinader con Washington y a la celebración conservadora que acompañó la llegada del nuevo canciller, apunta hacia una política exterior cada vez más distanciada de la tradición nacional de soberanía, equilibrio y respeto a la autodeterminación de los pueblos.

Las relaciones internacionales de Bisonó podrían convertirse en activos para la República Dominicana si son colocadas al servicio de los intereses permanentes del Estado y no de una corriente ideológica particular. Sin embargo, las compañías políticas también hablan, identifican y comprometen. Ante semejante convergencia de salutaciones, el antiguo refrán adquiere una renovada dimensión diplomática: dime con quién andas y te diré qué política exterior representas.


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