Redacción •  Cultura •  22/06/2026

Arte y creación vasca en el corazón de Nueva York

Arte y creación vasca en el corazón de Nueva York

Nueva York sigue siendo uno de los grandes laboratorios del arte contemporáneo mundial. Museos, galerías, ferias internacionales y espacios alternativos convierten la ciudad en un escenario donde se miden tendencias, se confrontan discursos y se ponen a prueba nuevas formas de creación. En ese ecosistema altamente competitivo, la creciente presencia del escultor vasco Patxi Xabier Lezama invita a reflexionar sobre la capacidad de la escultura vasca para seguir renovándose y dialogando con los lenguajes del siglo XXI.

La historia del arte contemporáneo difícilmente puede entenderse sin la aportación de Euskadi a la escultura internacional. Durante la segunda mitad del siglo pasado, Eduardo Chillida y Jorge Oteiza transformaron la manera de concebir el espacio, la materia y el vacío, situando la creación vasca en el mapa de los grandes centros artísticos internacionales. Aquella herencia, lejos de haberse agotado, continúa generando nuevas interpretaciones y formas de expresión.

Patxi Xabier Lezama forma parte de una generación posterior que ha sabido asumir ese legado sin quedar condicionada por él. Su trabajo se aleja de las formulaciones estéticas de sus predecesores, aunque mantiene algunos de los rasgos que históricamente han definido la escultura vasca: la vinculación con los materiales, la conexión con el territorio y una constante búsqueda de significado simbólico.

Hierro, piedra, mitología y memoria cultural aparecen de manera recurrente en una obra que entiende la escultura como un espacio de relato y reflexión. En sus piezas, la materia deja de ser un mero soporte para convertirse en lenguaje, en una herramienta capaz de explorar cuestiones relacionadas con la identidad, los orígenes y la transmisión de la memoria colectiva.

Nueva York como plataforma internacional

Durante los últimos años, la obra de Lezama ha estado presente en diversos encuentros celebrados en Nueva York, entre ellos ArtExpo New York, el Congreso Mundial de Arte y Cultura (COMAC) y varias iniciativas relacionadas con los entornos digitales y el metaverso.

Estos espacios reúnen habitualmente a artistas, galeristas, coleccionistas, comisarios y gestores culturales de numerosos países, convirtiéndose en plataformas privilegiadas para la difusión y el intercambio de ideas dentro del circuito artístico internacional.

Su actividad también ha encontrado eco en instituciones vinculadas a la comunidad cultural hispana de la ciudad, como El Barrio’s Artspace o la histórica Spanish Benevolent Society Gallery, conocida popularmente como La Nacional. Fundada en el siglo XIX, esta institución continúa siendo uno de los principales puntos de encuentro para creadores españoles e iberoamericanos en Nueva York.

Más allá del prestigio de estos escenarios, la presencia de Lezama evidencia el interés que siguen despertando las propuestas capaces de combinar una identidad cultural definida con lenguajes plenamente contemporáneos.

Cuando la mitología dialoga con la tecnología

Uno de los proyectos más representativos de esta etapa es Sugaar, inspirado en la figura mitológica vasca asociada al fuego, la transformación y las fuerzas de la naturaleza. Presentada inicialmente en el marco del COMAC, la obra evolucionó posteriormente hacia formatos digitales vinculados al universo NFT y a espacios expositivos virtuales.

La propuesta resulta especialmente significativa por la forma en que conecta tradición y tecnología. En un momento en que gran parte del arte digital tiende a desprenderse de referencias culturales concretas, Lezama utiliza las herramientas tecnológicas para reinterpretar relatos ancestrales y proyectarlos hacia nuevos territorios visuales.

El resultado es un diálogo entre tiempos aparentemente distantes: símbolos procedentes del imaginario vasco encuentran nuevas formas de representación en contextos definidos por la cultura digital y las posibilidades inmersivas del metaverso.

Entre la forja y el algoritmo

La convivencia entre procesos artesanales y recursos tecnológicos constituye uno de los aspectos más singulares de su producción. Sus esculturas mantienen una relación directa con la materialidad, el oficio y la presencia física de la obra, al tiempo que incorporan herramientas procedentes del modelado digital, la inteligencia artificial y las plataformas virtuales de exhibición.

Sin embargo, la innovación tecnológica no desplaza una preocupación constante por la dimensión simbólica del espacio. Algunos críticos encuentran en esta búsqueda ciertos paralelismos con investigaciones históricas de la escultura vasca, donde la forma trasciende su condición física para activar experiencias emocionales, espirituales e incluso filosóficas.

La mirada de la crítica

La evolución de su trayectoria ha despertado el interés de distintos especialistas. Francisco Arroyo Ceballos, miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte y de la Asociación Española de Críticos de Arte, ha destacado la capacidad del artista para integrar mitología, memoria ancestral e innovación formal dentro de un lenguaje propio y reconocible.

Por su parte, la historiadora y crítica de arte Rosalía Torrent ha señalado la dimensión totémica presente en muchas de sus esculturas, interpretándolas como formas vinculadas a símbolos universales relacionados con los orígenes, la memoria colectiva y la construcción de la identidad.

Ambas lecturas coinciden en subrayar la capacidad de su obra para proyectar narrativas de raíz cultural hacia un diálogo abierto con sensibilidades contemporáneas de alcance internacional. En ello reside buena parte de la singularidad de su propuesta: no se trata únicamente de conservar un imaginario heredado, sino de reformularlo desde los lenguajes, las herramientas y las preguntas de nuestro tiempo.

Una tradición en permanente transformación

La trayectoria internacional de Patxi Xabier Lezama constituye también un reflejo de la capacidad de renovación de la escultura vasca contemporánea. Lejos de permanecer anclada en los lenguajes que le otorgaron prestigio internacional durante el siglo XX, esta tradición continúa explorando nuevos formatos, herramientas y espacios de creación.

A lo largo de su carrera, el escultor ha mostrado su obra en España, América y diversos países de Europa, Asia y Oceanía. Sus trabajos forman parte de museos, galerías, instituciones culturales y colecciones públicas y privadas repartidas por numerosos países.

Esa proyección internacional demuestra cómo determinadas propuestas surgidas desde contextos culturales específicos pueden incorporarse a las conversaciones artísticas globales sin renunciar a los elementos que les otorgan identidad y singularidad.

Quizá por ello una ciudad como Nueva York, acostumbrada a detectar nuevas sensibilidades creativas, comienza a prestar atención a artistas que exploran la intersección entre patrimonio cultural, innovación tecnológica y lenguaje contemporáneo. Un proceso que confirma que la escultura vasca sigue evolucionando, ampliando horizontes y encontrando nuevas formas de relacionarse con el mundo sin perder de vista las raíces que históricamente han alimentado su imaginario.


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