Entrevista con la escritora Rossmary Rodríguez: “Detenernos a tiempo también es una forma de avanzar”
- “Trabajar con personas de diferentes realidades me ha enseñado algo profundamente poderoso: el dolor no necesita pasaporte y la dignidad tampoco debería necesitarlo”. Quien así se expresa es Rossmary Rodríguez, periodista, educadora, escritora y líder humanitaria que presenta su nuevo libro “La distancia entre existir y vivir”. En esta entrevista, la autora da su impresión sobre la velocidad de la sociedad actual y el ruido que nos desvincula como seres humanos.

Pregunta: – ¿La prisa nos ha hecho perder la brújula como sociedad?
Respuesta: – La prisa puede hacernos avanzar mucho sin saber hacia dónde estamos avanzando. Nos acostumbramos a vivir con agendas llenas, responsabilidades, metas y una necesidad constante de llegar a lo próximo. En medio de ese ritmo, pocas veces nos preguntamos si la dirección que llevamos corresponde realmente con la vida que queremos construir.
Movimiento y avance no significan lo mismo. Podemos cumplir objetivos, alcanzar posiciones y responder a todas nuestras responsabilidades mientras interiormente nos alejamos de nosotros mismos. Uno de los planteamientos que hago en “La distancia entre existir y vivir” nace precisamente de allí: podemos cumplir con todo y al mismo tiempo estar ausentes de nuestra propia vida. Aprendimos a mirar el reloj para llegar a tiempo, pero necesitamos aprender también a mirar hacia dentro para saber hacia dónde estamos llegando.
Recuperar la brújula implica revisar nuestras decisiones, nuestras prioridades, los límites que hemos dejado de colocar y aquello que seguimos permitiendo por costumbre. A veces la pregunta más importante deja de ser qué tengo que hacer hoy y se convierte en otra mucho más profunda: ¿para qué estoy viviendo de esta manera?
P: – Se nos pide producir, se nos pide hacer. ¿Cómo detenernos sin rodar en el intento?
R: – Detenernos a tiempo también es una forma de avanzar. Detenernos significa aprender a cumplir nuestras responsabilidades sin abandonarnos en el proceso. Vivimos en una sociedad que suele reconocer a quien produce, resuelve, trabaja y continúa, incluso cuando hacerlo implica sobrepasar constantemente sus propios límites.
Yo también he sido esa persona que resuelve, que continúa y que piensa que detenerse puede esperar. Por eso este libro nace de preguntas que primero tuve que hacerme a mí misma. Descubrí que hay una diferencia enorme entre ser responsable y acostumbrarnos a sostenerlo todo a cualquier precio. Existen temporadas en las que detenernos permite revisar la dirección, establecer límites y reconocer aquello que llevamos demasiado tiempo postergando. Las acciones que repetimos construyen nuestra vida, pero también la construye aquello que toleramos permanentemente.
Podemos perseguir nuestros sueños, trabajar y avanzar. Lo importante es recordar que ningún éxito debería exigirnos desaparecer de nuestra propia vida para alcanzarlo.
P: – ¿Cuál sería la distancia entre existir y vivir?
R: – Para mí, existir es estar; vivir es estar consciente de que estás. Esa diferencia constituye el corazón del libro. Existir puede convertirse en levantarse, trabajar, resolver problemas, cumplir responsabilidades, cuidar a otros, pagar cuentas, acostarse y comenzar nuevamente al día siguiente. La vida continúa funcionando exteriormente mientras algo dentro de nosotros comienza a quedarse atrás. Vivir implica presencia. Significa reconocerte, escuchar lo que ocurre dentro de ti, cuidar tus vínculos, agradecer, establecer límites, tomar decisiones conscientes y comprender el valor del tiempo mientras todavía puedes decidir qué hacer con él.
Por eso la distancia entre existir y vivir no necesariamente se mide en años. Puede caber en una decisión que seguimos postergando, una conversación pendiente, un perdón, un sueño abandonado o un límite que nunca nos atrevimos a colocar. En algún momento todos deberíamos hacernos una pregunta: ¿estoy viviendo la vida que tengo o simplemente estoy aprendiendo a sobrevivir dentro de ella?
P: – ¿Qué te lleva a escribir este libro?
R: – Me llevó la necesidad de ponerle palabras a procesos que muchas personas vivimos en silencio. “La distancia entre existir y vivir” nació de observar mi propia historia y también de escuchar durante años las historias de otras personas. Nuestras circunstancias pueden ser diferentes, pero existen preguntas profundamente humanas que terminan encontrándonos: quién soy, cuánto de mí he postergado, qué estoy haciendo con mi tiempo, qué relaciones estoy sosteniendo por costumbre, qué estoy permitiendo y cuánto de mi vida estoy construyendo desde mis propias convicciones.
Este libro no nació para convertirse en un manual. Cada persona tiene una historia, circunstancias y procesos diferentes. Mi intención es abrir preguntas, provocar conciencia y permitir que cada lector encuentre sus propias respuestas. Creo profundamente en Dios. Mi fe, mis convicciones y mi espiritualidad forman parte de mi esencia y sería imposible contar honestamente mi experiencia excluyendo aquello que ha sido fundamental para mí. Eso no significa que quien lea estas páginas tenga que pensar, creer o vivir como yo. Compartir mis convicciones no significa imponerlas; significa escribir desde un lugar verdadero.
Este es un libro para el ser humano. Para quien alguna vez se ha sentido perdido aun teniendo aparentemente todo bajo control. Para quien ha postergado partes importantes de sí mismo. Para quien ha sobrevivido durante demasiado tiempo y comienza a preguntarse si ha llegado el momento de hacer algo diferente con su vida.
P: – Trabajas en labores humanitarias a nivel internacional. ¿Qué sientes que nos vincula como humanos y qué nos distancia en la actualidad?
R: – Nos vincula nuestra humanidad; nos distancia la facilidad con la que olvidamos reconocerla en el otro. Trabajar con personas de diferentes realidades me ha enseñado algo profundamente poderoso: el dolor no necesita pasaporte y la dignidad tampoco debería necesitarlo. Cambian nuestros países, culturas, oportunidades, creencias y circunstancias, pero permanecen necesidades esencialmente humanas. Queremos ser escuchados, respetados, amados, reconocidos y sentir que nuestra existencia tiene significado.
La distancia comienza cuando una diferencia se convierte en una razón para clasificar al otro antes de conocerlo. Nacionalidad, condición económica, posición social, ideología o creencias pueden convertirse en fronteras mucho más profundas que las geográficas cuando dejamos de mirar primero a la persona. El servicio humanitario me enseñó que ayudar va mucho más allá de entregar algo. También significa escuchar, acompañar y mirar a una persona sin reducirla a la circunstancia que atraviesa. Antes de una necesidad, una estadística o un problema, siempre hay un ser humano. Recordarlo podría cambiar profundamente nuestra manera de relacionarnos.
P: – ¿La hiperconexión digital nos está fracturando las relaciones humanas?
R: – La hiperconexión puede acercarnos a miles de personas mientras nos aleja de quienes tenemos delante. La tecnología ha reducido extraordinariamente las distancias físicas, pero la cercanía digital por sí sola no construye intimidad emocional. Podemos saber dónde estuvo alguien, qué comió, qué está celebrando o cuál fue su última fotografía y desconocer completamente qué está atravesando. La tecnología es una herramienta extraordinaria. El desafío aparece cuando la conexión sustituye la presencia. Podemos tener cientos o miles de contactos y descubrir, en un momento difícil, que no sabemos con quién sentarnos a conversar de verdad. Estamos desarrollando una enorme capacidad para reaccionar rápidamente mientras perdemos, en algunos espacios, la capacidad de escuchar profundamente. Estar disponibles digitalmente no equivale a estar presentes emocionalmente.
El verdadero desafío consiste en utilizar la tecnología sin permitir que ella determine la calidad de nuestros vínculos. Porque intentar estar conectados con todos puede terminar alejándonos de las personas que tenemos cerca y también de nosotros mismos.
P: – ¿El ruido es un abismo entre el individuo y su existencia?
R: – El ruido se convierte en un abismo cuando dejamos de escucharnos para vivir respondiendo únicamente a lo que ocurre afuera. Cuando hablo de ruido voy mucho más allá del sonido. Existe el ruido de las expectativas, las comparaciones, las redes sociales, las opiniones ajenas, las obligaciones y esa presión constante que nos hace sentir que todavía debemos hacer más, demostrar más o llegar más lejos. Cuando todas esas voces ocupan demasiado espacio, nuestra propia voz puede quedar sepultada. Por eso el silencio puede resultar incómodo. Cuando disminuyen las distracciones aparecen preguntas que quizá llevábamos años evitando. Preguntas sobre nuestras decisiones, relaciones, prioridades, límites y sobre aquello que continuamos permitiendo aun sabiendo que nos está alejando de quienes queremos ser.
Una de las distancias más profundas que podemos experimentar es la que construimos con nosotros mismos. Podemos conocer perfectamente lo que los demás esperan de nosotros y haber olvidado lo que nosotros esperamos de nuestra propia vida. Por eso, en algún momento, necesitamos apagar el ruido y atrevernos a preguntar: ¿qué quiero hacer con la vida que todavía tengo por delante?
P: – ¿Qué te gustaría que quedara en los lectores luego de la lectura de tu libro?
R: – Quisiera que el lector terminara mi libro mirando su propia vida con más conciencia que cuando comenzó a leerlo. No quisiera que cerrara la última página pensando solamente en mi historia. Quisiera que mi historia se convirtiera en un puente para mirar la suya. Si después de leerlo alguien decide tener una conversación que llevaba años postergando, establece un límite necesario, recupera un sueño, abraza nuevamente a alguien, cambia una decisión, se permite comenzar otra vez o simplemente aprende a reconocerse con mayor conciencia, entonces estas páginas habrán cumplido parte de su propósito.
“La distancia entre existir y vivir” no es un manual y tampoco pretende ofrecer una fórmula universal. Hay experiencias que puedo compartir, preguntas que puedo dejar sobre la mesa y aprendizajes que nacieron de mi propio camino, pero cada lector tendrá que decidir qué hace con aquello que descubre al mirarse. Me gustaría que el libro permaneciera después de la última página. Que alguna frase regrese en medio de una decisión. Que alguna pregunta incomode cuando volvamos a postergar lo importante. Que alguna reflexión nos recuerde que los límites que colocamos, las decisiones que tomamos, aquello que permitimos y aquello que dejamos para después también terminan construyendo nuestra historia. Porque “La distancia entre existir y vivir” pretende, sobre todo, colocar un espejo frente a nuestra manera de vivir. No esperes perder algo para descubrir cuánto valía. Tampoco esperes que la vida tenga que detenerte para preguntarte si realmente la estabas viviendo.

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