Alba Otero •  Xataka •  Ciencia •  11/05/2026

México apuesta por la agrovoltaica: paneles solares que no compiten con la tierra, sino que la protegen

  • Atrapados en la ventanilla: el laberinto legal que frena a los campesinos que quieren cosechar energía limpia.
  • Más allá de la electricidad: la pirólisis solar y el biochar que prometen jubilar a los fertilizantes químicos en México.
México apuesta por la agrovoltaica: paneles solares que no compiten con la tierra, sino que la protegen

En las vastas regiones del norte de México, donde el sol golpea con una intensidad implacable y el agua es un recurso cada vez más escaso y codiciado, se está gestando una revolución silenciosa. La creciente demanda de alimentos, la escasez de agua y la urgencia de transitar hacia energías limpias nos obligan a replantear cómo gestionamos nuestros recursos. En este escenario, emerge una tecnología que parece desafiar la lógica tradicional de la competencia por el suelo: la agrovoltaica.

Lejos de elegir entre sembrar comida o cosechar luz, la agrovoltaica combina estratégicamente la producción agrícola y la generación de energía solar en una misma superficie. Al instalar paneles solares elevados sobre los cultivos, se aprovecha el espacio de forma dual sin interrumpir las actividades agrícolas. 

Un concepto que llega desde Alemania. Esta idea, que comenzó a germinar en la Alemania de los años ochenta, logró aterrizar como una opción real en México gracias al desplome histórico en los precios de los paneles solares durante la última década, lo que transformó esta visión en una alternativa financieramente viable para países con nuestras características climáticas.

En el año 2023, nace la Red Agrovoltaica Mexicana (RAMe), una iniciativa que, según su propia declaración de misión, busca analizar, difundir y promover estos proyectos integrando a especialistas de múltiples disciplinas. Hoy, la RAMe agrupa a más de 70 organizaciones —incluyendo universidades, empresas y comunidades rurales— con presencia en al menos 14 estados del país.

La urgencia por optimizar el territorio. De acuerdo con datos revelados en Intersolar Mexico 2026, tan solo para este año se han autorizado desarrollos fotovoltaicos convencionales que devorarán alrededor de 5.000 hectáreas de suelo. Esto evidencia una voraz necesidad de espacio para la generación eléctrica que, de no gestionarse adecuadamente, podría desplazar actividades primarias.

«La agrovoltaica aborda de manera integral tres desafíos críticos para el país: la seguridad energética, la seguridad hídrica y la seguridad alimentaria», explicó Valeria Amezcua, presidenta de la RAMe. 

El agua es crucial. En México, el sector agropecuario consume cerca del 76% del agua dulce disponible. Aquí es donde los paneles solares hacen su magia: actúan como sombrillas tecnológicas que moderan las altas temperaturas y protegen a los cultivos de la radiación solar intensa. Esto reduce drásticamente la evapotranspiración de las plantas, ayuda a conservar la humedad del suelo y disminuye la demanda hídrica.

El potencial para el país es masivo. Si miramos hacia el sureste, en la península de Yucatán —donde el consumo eléctrico crece por encima del promedio nacional— los datos son reveladores: utilizar apenas entre el 1% y el 2% del territorio ganadero de la región permitiría instalar hasta 12,000 MW de capacidad solar. Se cubrirían las necesidades energéticas actuales sin necesidad de talar una sola hectárea de bosque ni sacrificar la vocación ganadera del terreno.

Los retos del campo a la ley. No obstante, llevar la teoría a la parcela implica desafíos técnicos y económicos. Las estructuras fotovoltaicas deben ser modificadas e instaladas a mayor altura (hasta dos metros) para permitir el paso de tractores y el crecimiento natural de las plantas. Esta adaptación eleva los costos de instalación entre un 50% y un 100%. A pesar de la barrera del costo, la evidencia en campo es prometedora, ya que existen pruebas exitosas con cultivos de lechuga, jitomate, zanahoria y chile chiltepín.

Además, la RAMe está liderando proyectos de alto impacto social, como la colaboración con comunidades otomíes en el Estado de México, instalando paneles sobre invernaderos para generar energía limpia que alimenta sistemas de riego por goteo, ahorrando hasta un 80% de agua. También destaca el esfuerzo académico en la Ciudad de México con la Parcela Agrovoltaica Sostenible y Educacional (PASE) impulsada por la UNAM.

Sin embargo, el mayor freno actual es burocrático. En México, la agrovoltaica carece de una figura legal propia. Los productores y desarrolladores se enfrentan a un laberinto normativo donde se les exige tramitar los mismos permisos que una central eléctrica a gran escala, a pesar de que el suelo mantiene su vocación agrícola original. Esto contrasta con países como Italia, que ya han adecuado su legislación para facilitar este modelo dual.

Hacia la economía circular. Para que el modelo sea verdaderamente revolucionario, no basta con generar sombra y electricidad; hay que mirar también hacia la tierra. La revista de la Asociación Nacional de Energía Solar (ANES) pone sobre la mesa una propuesta innovadora: integrar la pirólisis solar para gestionar los residuos agrícolas (tallos, rastrojos, hojas) que quedan después de la cosecha.

La pirólisis solar es un proceso donde la biomasa se descompone a altas temperaturas (entre 400 y 800 °C) limitando el oxígeno. A diferencia de los métodos convencionales, este utiliza un horno solar (compuesto por un helióstato y un concentrador parabólico) como fuente de calor puro, eliminando el uso de combustibles fósiles. Con ello se obtiene biochar (biocarbón), un material altamente estable y poroso que permanece en el suelo durante décadas. Este biocarbón es un excelente mejorador que aumenta la fertilidad del suelo, optimiza la retención de agua y secuestra carbono de la atmósfera, convirtiéndose en el aliado perfecto contra el cambio climático y sustituyendo a los fertilizantes químicos.

Un llamado a la acción. El modelo agrovoltaico circular, anclado en el nexo vital de Agua-Energía-Alimentos, es mucho más que una curiosidad de la ingeniería. Pero como advierten desde la RAMe, existe un riesgo latente: que la transición energética sea puramente tecnológica y olvide a la gente. Cambiar el origen de los electrones de fósil a solar sirve de poco si no mejora la calidad de vida y la economía de las familias campesinas.

El desarrollo de este sector requerirá, ineludiblemente, de políticas públicas efectivas, inversión estratégica y una colaboración genuina entre los sectores agrícola, energético y académico. La agrovoltaica no es solo una alternativa técnica para cumplir cuotas de generación limpia; es un llamado a la acción imperativo para construir un futuro más resiliente y equitativo. México tiene el sol, tiene la tierra y tiene la urgencia; ahora solo falta la voluntad para despertar este gigante dormido.

Fuente: https://www.xataka.com/energia/mexico-apuesta-agrovoltaica-paneles-solares-que-no-compiten-tierra-sino-que-protegen


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