Redacción •  Actualidad •  21/01/2021

Ecologistas en Acción: «Madrid disfrutó de un aire serrano durante 2020»

Ecologistas en Acción presenta su informe sobre la calidad del aire en Madrid durante el pasado año. Las restricciones de movilidad para luchar contra la COVID-19 han hecho que la contaminación atmosférica registrada en la capital marque mínimos históricos. Con todo, la ciudad aún sigue por encima de los límites que marca la normativa para el dióxido de nitrógeno y el ozono.

Ecologistas en Acción: «Madrid disfrutó de un aire serrano durante 2020»

Es obvio que la movilidad en Madrid ha estado fuertemente condicionada por las restricciones relacionadas con el primer estado de alarma (14 de marzo al 21 de junio) y otras posteriores restricciones, que redujeron de manera drástica los desplazamientos motorizados en la capital, mejorando notablemente la calidad del aire.

Analizada esta situación por contaminantes, a partir de los datos de las 24 estaciones de medición de la contaminación de la ciudad, encontramos:

Dióxido de nitrógeno (NO2):

  • En 2020, solo una de las 24 estaciones de la red, Plaza Elíptica, rebasó el límite legal por escaso margen: registró 41 microgramos por metro cúbico (µg/m3), cuando la ley no permite pasar de 40 de media anual. En 2019, el primer año de Madrid Central, fueron dos las estaciones que vulneraron este límite, lo que en aquel momento fue un gran avance puesto que en el período 2010-2018 hubo por término medio 11 estaciones incumplidoras al año.
  • En conjunto, los niveles de contaminación por NO2 en Madrid se redujeron un 31% respecto a los valores habituales de los últimos 10 años. La reducción durante el primer periodo de alarma fue la más drástica: un 56%, cuando la contaminación era equiparable a la de cualquier pueblo de la sierra (ver gráfica)
  • Por primera vez desde que hay mediciones de NO2 en Madrid, ninguna estación de la red rebasó el valor límite horario de NO2 (200 µg/m3 durante más de 18 horas al año).
  • A pesar de la mejora histórica en relación al dióxido de nitrógeno, Madrid ha vulnerado otra vez la normativa, sumando ya once años consecutivos (2010-2020) de incumplimiento del límite legal.

Partículas en suspensión (PM10 y PM2.5)

  • Ninguna estación superó el valor límite legal anual de PM10 (40 µg/m3) durante el pasado año, y solo una de las 13 estaciones que miden PM10 superó el valor límite anual recomendado por la OMS (20 µg/m3).
  •   En cuanto a las partículas más finas, PM2.5 –las más perniciosas para la salud– por primera vez ninguna estación superó el valor límite anual recomendado por la OMS (10 µg/m3).

Ozono troposférico (O3).

  • Algo peor fue la situación con este contaminante. A lo largo de 2020, cinco de las 14 estaciones que miden la contaminación por O3 registraron más de 25 superaciones del valor objetivo octohorario (120 µg/m3). Con todo, esto supone una disminución de un 18% respecto a los registros del periodo 2012-2019.
  •   Ninguna estación registró superaciones del umbral de información por ozono (180 µg/m3 durante 1 hora), algo que no ocurría desde 2012.

En definitiva, las reducciones de tráfico ligadas a los confinamientos, demuestran a las claras lo que desde posiciones científicas, técnicas y ecologistas se viene argumentando: que el mejor camino para lograr una calidad del aire saludable en Madrid pasa por conseguir una reducción sustancial del uso del coche.

El año precedente, 2019, el primero con Madrid Central funcionando, junto con las primeras medidas del Plan A (aún vigente a diferencia del tan publicitado Madrid 360 del Consistorio Actual, todavía no aprobado), ya registró niveles de contaminación significativamente más bajos que los años anteriores, demostrándose como una medida en la dirección correcta, si bien no suficiente para garantizar un aire limpio en toda la ciudad. Y en 2020 las restricciones de movilidad por algo tan indeseable como la pandemia han vuelto a constatar que la reducción de la movilidad motorizada mejora sustancialmente el aire que respiramos.

Hasta ahora las irregulares y discontinuas “salidas” de la crisis y restricciones provocadas por la pandemia están suponiendo una vuelta a la vieja normalidad en lo que a movilidad se refiere, con mayores incrementos del uso de automóviles en detrimento de formas de movilidad más sostenibles, singularmente por un importante retroceso en el uso del transporte público, derivado del miedo a posibles contagios.

Por desgracia, no resulta previsible que estos bajos niveles de contaminación alcanzados en 2020 se mejoren o al menos se mantengan en un futuro próximo. El motivo no es otro que la poca voluntad del Gobierno municipal para avanzar en una verdadera movilidad sostenible urbana: solo por los reveses judiciales han mantenido Madrid Central, mientras que durante los primeros meses de su mandato han dedicado más tiempo a criticar las medidas de la anterior corporación en materia de movilidad sostenible que a tratar de mejorarlas. También el gobierno de Almeida ha desaprovechado la ocasión de oro del final del confinamiento de junio para reducir espacio al coche y mejorar sustancialmente la movilidad peatonal y ciclista, como ha ocurrido en muchas ciudades europeas. Tampoco ha habido mejoras del transporte público, más allá de alguna irrelevante línea gratuita de autobuses eléctricos, detraídos de otras líneas. Con este panorama, lo esperable es que la mejora del aire dure lo que las restricciones ligadas a la COVID-19.


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