Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973: ¡Yo no voy a renunciar!
Desde el Palacio de La Moneda, el presidente Salvador Allende dejó clara la certeza de que «el pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar», en sus últimas palabras a Chile el 11 de septiembre de 1973.

«Esta Será Seguramente la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación», comenzó diciendo el Presidente Salvador Allende a los chilenos el 11 de septiembre de 1973 mientras resistía el golpe de Estado.
Allende dio su vida por Chile, el día de la asonada militar que terminó con el proyecto de la Unidad Popular y cerró la democracia en ese país durante un período de 17 años.
En su último discurso, difundido a través de las ondas de Radio Magallanes, dejó claro que sus palabras no tenían «amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron.»
Así, mencionó a los «soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino que se ha autodesignado, más el señor Mendoza, general rastrero… que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al gobierno, también se ha nominado director general de Carabineros».
Allende: !Yo no voy a renunciar!
Fue entonces cuando, desde sus palabras, transmitió al pueblo de Chile la seguridad de que no declinaría.
«Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente».
Aseguró que los golpistas en ese momento poseían la fuerza: «podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen… ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos».
Habló en su discurso a los trabajadores de su patria: «quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley y así lo hizo», dijo Allende desde el Palacio de la Moneda aquel 11 de septiembre, hace ya 53 años.
«En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección. El capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara Schneider y que reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas, esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios», agregó.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!
Durante su discurso, tuvo presente a los humildes, los obreros y trabajadores del pueblo chileno, también a la mujer.
«Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros; a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños», dijo.
También mencionó a «los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días estuvieron trabajando contra la sedición auspiciada por los Colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas que una sociedad capitalista da a unos pocos».
«Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron, entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos», agregó.
La mano cruenta del facismo: Allende avizoró lo que vendría
Al dirigirse a los chilenos, aseguró que en su país «el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando la línea férrea, destruyendo los oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de proceder: estaban comprometidos. La historia los juzgará».
Por último, instó a Chile, a defenderse, «pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse. Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse»
«Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor», subrayó.
El 11 de septiembre de 1973, Salvador Allende habló por última vez al pueblo chileno. Horas antes, la Fuerza Aérea había bombardeado varias radios que transmitían su voz. Solo Radio Magallanes seguía en pie.
Ese mismo día, Augusto Pinochet asumió el poder e instauró una dictadura que duró casi 20 años. Salvador Allende murió en La Moneda defendiendo la Constitución. Pinochet murió en 2006, a los 91 años, sin una sola condena por crímenes de lesa humanidad.
