Por un nuevo orden mundial más justo y equitativo en la era de la IA
La reconfiguración de un nuevo orden mundial es un proceso histórico complejo, en un momento coyuntural impulsado generalmente por grandes crisis (guerras, pandemias, colapsos económicos) que alteran el equilibrio del poder existente. Actualmente, el mundo atraviesa una transición del orden unipolar que se caracteriza por la decadencia de los capitalismo de los Estados Unidos y Europa, hacia un modelo multipolar, caracterizado por el ascenso de China y Rusia, y la entrada en la escena de los BRICS+, ASEAN y una mayor asertividad de potencias emergentes.
En este contexto global marcado por tensiones geopolíticas crecientes, desigualdades económicas y desafíos transnacionales como el cambio climático, el avance científico tecnológico y la aparición de la IA, contribuye que vaya va creciendo el debate sobre la necesidad de reconfigurar el actual sistema internacional, hacia un modelo más inclusivo, equitativo, más justo.
Diversas voces del ámbito político internacional, académico y social coinciden en que un nuevo enfoque basado en el multilateralismo efectivo podría contribuir a una mayor estabilidad global. Este modelo implicaría fortalecer la cooperación entre países, evitando la concentración de poder en una sola nación o bloque, y promoviendo decisiones compartidas que reflejen mejor la diversidad del mundo actual.
En el plano económico, se plantea la urgencia de avanzar hacia un sistema comercial más justo, que reduzca las brechas entre países desarrollados y emergentes, garantizando oportunidades equitativas y sostenibles. La actual arquitectura económica internacional, según algunos expertos, no siempre responde a las necesidades de las poblaciones más vulnerables.
Asimismo, el fortalecimiento de una democracia más representativa y participativa se posiciona como un elemento clave. Esto incluiría no solo procesos electorales transparentes, sino también mecanismos reales de participación ciudadana y rendición de cuentas.
El respeto universal a los derechos humanos continúa siendo un pilar esencial en cualquier propuesta de reconfiguración global. Organizaciones internacionales y movimientos sociales subrayan la importancia de garantizar estos derechos sin excepciones ni dobles estándares.
Sin embargo, la construcción de un nuevo orden internacional enfrenta importantes desafíos. Las diferencias de intereses entre países, las dinámicas de poder existentes y la complejidad de los problemas globales hacen que este objetivo requiera voluntad política, diálogo continuo y compromisos concretos.
En definitiva, más que una transformación inmediata, el debate apunta a un proceso gradual de evolución del sistema internacional, orientado hacia un equilibrio más justo, cooperativo y sostenible para todos los actores globales.
En el camino de cambio y transformación, cabe destacar que la inteligencia artificial (IA) puede tener el potencial de contribuir a un «nuevo orden mundial» no hegemónico, pero al mismo tiempo actúa como un factor de intensa competitividad que podría derivar en una mayor concentración de poder. La IA actúa como una tecnología habilitadora, o «facilitador definitivo», que altera el equilibrio de poderes globales y permite a nuevos actores participar en la esfera geopolítica más amplia, desafiando la unipolaridad en decadencia en el momento geopolítico actual.
La democratización de herramientas de IA generativa permite que países en desarrollo y pequeñas organizaciones puedan acceder a capacidades tecnológicas avanzadas y sin las grandes inversiones del pasado.
Actualmente diversos países están utilizando la IA para mejorar su competitividad, autonomía estratégica y para cuestionar la representatividad de las instituciones surgidas tras la Segunda Guerra Mundial.
Cabe destacar, que el poder ya no se distribuye únicamente por la fuerza militar, sino por la capacidad de procesar datos y desarrollar infraestructura tecnológica propia, lo que permite a países no alineados con potencias tradicionales encontrar su propio lugar.
A pesar de su potencial democratizador, la IA genera una alta dependencia de infraestructuras tecnológicas controladas por unos pocos actores, principalmente Estados Unidos y China, ante lo cual se corre el riesgo de consolidar una bipolaridad, que sería nefasta.
Aquellos países que no logren desarrollar o adquirir capacidades de IA quedarán rezagados, acentuando la polarización económica y social a nivel global.
La IA puede ser utilizada para ejercer un «capitalismo de vigilancia y represivo» o para que estados capitalistas dominantes (EE.UU. UE) vía amenazas ejerzan presión sobre las naciones más atrasadas.
Por ejemplo, Palantir Technologies es una empresa de software y análisis de datos estadounidense, que busca ejercer un poder hegemónico a escala global, a través de la inteligencia artificial. La empresa trabaja estrechamente con departamentos de defensa y agencias de seguridad (como ICE en EE. UU. para deportaciones), siendo descrita como un «ojo que todo lo ve y controla» en el ámbito de la seguridad y el análisis de datos y vigilancia de todos los ciudadanos del planeta.
Su tecnología está asociada con la vigilancia global, la gestión de conflictos (mencionada en contextos de guerra moderna) y una creciente influencia sobre decisiones estratégicas mundiales. Ante el conflicto ucraniano-ruso y la guerra en Oriente Medio, los EE.UU. junto al sionismo israelí, han estado utilizando la IA para los efecto de ganar las guerra y terminar con la influencia de Rusia y China en los acontecimientos mundiales e imponer una dictadura denominada “gobernanza algorítmica”.
En definitiva, la IA es una «arma de doble filo», si no hay un control sobre ella, puede democratizar el conocimiento y las capacidades, o ser el instrumento que concentre el poder en unos pocos actores (EE.UU. la UE el sionismo Israeli). La transición hacia un orden no hegemónico dependerá de la gobernanza global de la tecnología, la ética y la capacidad del Sur Global para implementar la IA de manera soberana, construyendo un “orden mundial más justo equitativo”, donde su eje central sea la democracia y el respeto irrestricto de los derechos humanos, todo esto conjugado con un proyecto económico global, justo y diverso.
