Vía Campesina •  Opinión •  26/07/2017

VII Conferencia Internacional de la Vía Campesina: Declaración de Euskal Herria

“Alimentamos nuestros pueblos y construimos movimiento para cambiar el mundo”

Euskal Herria-País Vasco, 16 al 24 de julio de 2017

 Delegados y delegadas de La Vía Campesina, en representación de nuestros movimientos y organizaciones, estamos reunidos en el País Vasco del 16 al 24 de julio de 2017 para celebrar nuestra VII Conferencia Internacional. Euskal Herriaes una hermosa tierra de solidaridad, lucha, resistencia, con lengua propia, donde la tradición de la buena comida producida por los campesinos/as y pescadores/as locales se mantiene viva. Nosotros los campesinos/as, trabajadores/as rurales, sin tierra, pueblos indígenas, pastoralistas, pescadores/as artesanales, mujeres campesinas, y otros pueblos que trabajan en el campo de todo el mundo declaramos que alimentamos nuestros pueblos y construimos un movimiento para cambiar el mundo.

Con el auge del capital financiero, se ha producido un periodo de acaparamiento desenfrenado de nuestra agua, semilla, tierra y  territorio.  Se impulsan tecnologías peligrosas, a veces con impactos irreversibles, como los transgénicos, la producción animal confinada en gran escala, y la biología sintética.  Se acelera la sustitución de las economías productivas reales por la economía financiera, bajo el dominio del capital especulativo. Las megafusiones concentran más que nunca el dominio sobre los sistemas alimentarios. Hay una nueva fórmula de neoliberalismo combinado con discursos de odio, en que los problemas causados por la misma concentración de riqueza están siendo usados para dividir nuestros pueblos y crear conflicto étnico, religioso y migratorio.  Estamos frente a una oleada de violaciones de nuestros derechos humanos, con compañeros y compañeras asesinados, encarcelados, torturados y amenazados por todo el mundo.

Los acaparadores de recursos hacen la guerra contra nosotros, muchas veces a través de la OMC, Banco Mundial, FMI, el imperialismo, los tratados de libre comercio y las leyes que privatizan nuestros bienes comunes, pero cada vez más a través de los bombardeos, las ocupaciones militares y las medidas económicas genocidas. Nos solidarizamos con Palestina y otros pueblos que continúan sufriendo y resistiendo frente a estas imposiciones. Millones de migrantes y refugiados están siendo desplazados forzosamente por la guerra, y la falta de acceso a las necesidades más básicas. Además se siente en muchas sociedades un viento frio de xenofobia, racismo, fundamentalismo religioso y odio de clase.

La criminalización de la migración y de la protesta social está vinculada al poder mediático corporativo hegemónico que demoniza a los sectores organizados del pueblo. Los medios de comunicación corporativos defienden los intereses del capital y últimamente están promoviendo el derrocamiento de algunos gobiernos y colocando a otros. El poder mediático manipula a grandes sectores de la población, creando las condiciones para las violaciones de derechos humanos.  

El sistema capitalista y patriarcal no es capaz de revertir la crisis en que vive la humanidad, solo sigue destruyendo a nuestros pueblos y a calentando la Madre Tierra. La Tierra está viva pero el capitalismo es una enfermedad que la puede matar. 

Frente a esta grave situación, nosotros y nosotras:

1. Alimentamos nuestros pueblos:

Durante más de medio siglo, nos vendieron la idea de la “revolución verde,” que nada tiene de revolución ni de verde. Bajo el pretexto de productividad a corto plazo, este modelo de agronegocio ha envenenado el suelo, monopolizado y contaminado el agua, tumbado los bosques, secado los ríos y sustituido la semilla nuestra con semillas comerciales y transgénicas. En vez de acabar con el hambre, el agronegocio ha creado más problemas de alimentación, y desplazado a los pueblos del campo. Es un modelo de agricultura sin campesinos/as y altamente excluyente. Mientras el agronegocio recibe las subvenciones y las políticas favorables, en nuestra agricultura campesina e indígena seguimos haciendo lo que hemos hecho por milenios: producir alimentos sanos para nuestras familias, comunidades y pueblos.   

Mientras los gobiernos imponen leyes de semillas que aseguran la privatización y las ganancias de las trasnacionales, nosotros cuidamos las semillas campesinas, trabajadas, elegidas y mejoradas por nuestras antepasadas. Las semillas nuestras están adaptadas a nuestras tierras, donde con manejo agroecológico producimos sin necesidad de comprar agro-tóxicos ni otros insumos externos. Nuestra agroecología campesina alimenta al suelo con materia orgánica, se base en la biodiversidad,  conserva y recupera variedades campesinas de semillas y razas de animales, trabajando con la sabiduría de los pueblos y con la Madre Tierra para alimentarnos. Su fuente principal es el conocimiento campesino indígena, ancestral y popular que hemos acumulado durante generaciones, día a día, mediante la observación y la constante investigación en nuestras tierras, compartido después en nuestros intercambios entre campesinos y campesinas y entre nuestras organizaciones. Nuestra agroecología tiene un carácter campesino y popular; no se presta para las soluciones falsas como el capitalismo “verde”, los mercados de carbono y la agricultura “climáticamente inteligente”. Rechazamos cualquier intento de cooptación de la agroecología por el agronegocio.

La agroecología campesina es la base de nuestra propuesta y visión de la soberanía alimentaria de los pueblos del mundo. Para hacerlo, urge la genuina reforma agraria integral y popular, la defensa de los territorios indígenas y campesinos y la recuperación de los sistemas alimentarios locales.

Además de fortalecer y desarrollar nuestros mercados campesinos, necesitamos construir nuevas relaciones entre las clases populares del campo y de la ciudad, así como nuevos canales de distribución y de venta, construyendo un nuevo modelo de relaciones humanas, económicas y sociales, basadas en el respeto, la solidaridad y la ética. Con la reforma agraria, la agroecología campesina y la soberanía alimentaria enfriamos el planeta y construimos sociedades más justas y humanas.

2. Construimos movimiento:

La humanidad en crisis busca soluciones. Cada vez más, nuestro movimiento es un referente para los pueblos que luchan. La Vía Campesina sigue creciendo y nuestra propuesta se fortalece. Sin embargo, nuestros enemigos también se fortalecen y nuestra construcción de movimiento enfrenta retos para seguir avanzando.

La lucha de masas es el corazón de La Vía Campesina. El trabajo de base de nuestras organizaciones debe fortalecerse, para integrar más trabajadores y trabajadoras del campo, más campesinos y campesinas, más comunidades indígenas, más migrantes, más pueblos de la diáspora africana, más afectados/as por el modelo del capitalismo agro-hidro-extractivista. Tenemos que fortalecer las alianzas a nivel local, nacional e internacional, sobre todos entre las clases trabajadores del campo y de la ciudad.  

Nuestro movimiento tiene como enemigo el patriarcado. El carácter feminista de La Vía Campesina fortalece nuestra unidad y compromiso para luchar con igualdad y equidad de género. Una clave para fortalecer nuestras propias organizaciones y lograr alianzas más amplias es la construcción de un movimiento feminista campesino dentro de La Vía Campesina. Fortaleceremos la participación política de las mujeres en todos espacios y niveles de nuestro movimiento. Nuestra lucha es por el fin de todos los tipos de violencia contra la mujer: física, sexual, psicológica, y económica. Nos comprometemos a incrementar nuestras capacidades para entender y crear ambientes positivos en torno al género, dentro de nuestras organizaciones y en nuestras alianzas. La falta de tolerancia a la diversidad es parte del proceso del despojo de jóvenes del campo. Un campo diverso, no violento e inclusivo es fundamental para La Vía Campesina.

En todo el mundo la juventud ha sido cada vez más expulsada del campo por las diversas formas del capital, y el patriarcado y la discriminación por edad restringen su visibilidad y plena participación en nuestras organizaciones. Nosotros y nosotras nos comprometemos a las nuevas generaciones en el campo y en nuestro movimiento, buscando por la plena incorporación de la juventud en espacios de liderazgo y toma de decisiones dentro de nuestras organizaciones, en la formación y en la producción de alimentos agroecológicos.

Millones de nosotros/as migramos como una forma de resistencia para no desaparecer como pueblos, como campesinos/as, como mujeres o como jóvenes. Desafiamos fronteras, derribamos muros, y enfrentamos el racismo y a la xenofobia.  Construimos un movimiento articulando a campesinos/as, trabajadores/as rurales y migrantes, no como víctimas merecedoras de asistencia, sino como titulares de derechos, incluyendo nuestro derecho al libre movimiento.

Nuestro trabajo con nuestros aliados por lograr una Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales es de importancia fundamental para cientos de millones de personas en el mundo. Reforzaremos el trabajo en los países para lograr su adopción. Este instrumento crucial fortalecería los derechos de los pueblos del campo para proteger sus medios de subsistencia y seguir alimentando al mundo.

Tenemos que seguir acelerando la formación política e ideológica, organizativa, y técnica con nuestros propios pensamientos, formando las personas para la lucha y para la transformación, ya que tenemos claro que la educación convencional rompe con nuestra identidad y pensamiento. La formación es crucial para que nuestros movimientos creen sujetos nuevos y activos, sujetos para forjar nuestro propio destino. En nuestra lucha es necesario también seguir construyendo nuestra propia comunicación autónoma y alianzas con los medios alternativos, que nos tornen conscientes de nuestra cultura, de nuestra dignidad, y de nuestra capacidad para transformar la sociedad.

3. Para cambiar el mundo:

El camino es largo. Estamos creciendo como movimiento, pero el capitalismo salvaje y las guerras de un sistema mundial en crisis ponen a todos nosotros y nosotras, nuestras comunidades, organizaciones y sociedades en peligro. Frente a la barbarie urge construir otro futuro para la humanidad. En un contexto extremadamente complejo, La Vía Campesina es un motor de lucha por la transformación y vela por la paz en el mundo. A través de nuestro trabajo diario en el campo, nuestro aporte mundial a la alimentación, nuestras alianzas y nuestra lucha por la soberanía alimentaria, hemos logrado la confianza de buena parte de los pueblos y movimientos. Nosotros y nosotras asumimos la responsabilidad de seguir sembrando la paz en este planeta, igual como hemos globalizado la lucha y sembrado la esperanza en todos los rincones del mundo.

De especial importancia es que nuestra lucha ha logrado un nuevo reconocimiento al campesinado, y ha logrado cambiar los propios términos de los debates internacionales y nacionales sobre la alimentación, la agricultura y el campo. No más se formularán políticas sin que nuestras voces sean escuchadas en voz alta, o sin estar sobre la mesa los temas de los derechos campesinos, la agroecología, la reforma agraria y sobre todo, la soberanía alimentaria.

Crecer y fortalecernos como movimiento significa cuidar el trabajo de base, formar alianzas, luchar contra el patriarcado, el imperialismo y el capital financiero con convicción, compromiso y disciplina. Esta lucha es crítica para la humanidad y la supervivencia de la Madre Tierra. Desde Euskal Herria, hacemos un llamado a los pueblos del mundo a luchar con nosotros y nosotras. Es hora de construir un mundo fraterno y solidario entre los pueblos.

“Alimentamos nuestros pueblos y construimos movimiento para cambiar el mundo”

¡Globalicemos la lucha!

¡Globalicemos la esperanza!


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