La Nueve: de la derrota de la República Española a la liberación de París

Una bandera republicana camino de París
El 24 de agosto de 1944, cuando la noche comenzaba a caer sobre París, una columna de vehículos blindados atravesó la Puerta de Ivry y avanzó hacia el centro de la ciudad, en sus laterales podían leerse nombres que no pertenecían a la historia militar francesa: Guadalajara, Teruel, Brunete, Ebro, Belchite, aquellos nombres evocaban una guerra que había terminado cinco años antes y a miles de kilómetros de distancia. Eran los nombres de batallas de la Guerra de España, grabados sobre los blindados de una compañía formada mayoritariamente por republicanos españoles, eran los hombres de La Nueve, la 9. ª Compañía del III Batallón del Regimiento de Marcha del Chad, integrada en la 2.ª División Blindada del general francés Philippe Leclerc. Fueron de los primeros soldados aliados en entrar en París, llegaron al Ayuntamiento, combatieron contra las últimas posiciones alemanas y contribuyeron decisivamente a la liberación de la capital francesa, pero aquella historia no había comenzado en París, había comenzado seis años antes, con una derrota. La historia de La Nueve es la historia de una generación republicana española que perdió una guerra en su país, sufrió el exilio, conoció los campos de internamiento, combatió al nazismo y participó en la victoria aliada. Una generación que creyó que la derrota de Hitler abriría las puertas de España y descubriría, finalmente, al mundo democrático la dictadura que había nacido tras el golpe de Estado de 1936, la historia demostraría que estaban equivocados.
1. La derrota de la República: el camino del exilio
El 1 de abril de 1939, Franco anunciaba oficialmente el final de la Guerra de España, para los republicanos no terminaba sólo una guerra, terminaba la esperanza de construir una España democrática nacida de las elecciones de 1931 y destruida por un golpe militar apoyado por las potencias fascistas europeas. Durante las últimas semanas del conflicto, cientos de miles de personas emprendieron el camino hacia la frontera francesa, la caída de Cataluña provocó uno de los mayores éxodos de la Europa contemporánea antes de la Segunda Guerra Mundial, por las carreteras hacia los Pirineos marchaban soldados derrotados, familias enteras, niños, ancianos, funcionarios republicanos, intelectuales, obreros y campesinos, no huían únicamente de una derrota militar, huían de la represión que ya había comenzado en los territorios ocupados por el ejército franquista, muchos de los hombres que después formarían parte de La Nueve eran combatientes del Ejército Popular de la República. Habían luchado en frentes como Madrid, Aragón, Teruel o el Ebro, eran soldados derrotados, pero no vencidos en sus convicciones, para ellos, el fascismo no era una abstracción, lo habían visto avanzar en España, habían visto la intervención de la Alemania nazi y la Italia fascista en apoyo de los sublevados mientras las democracias occidentales mantenían una política de no intervención que dejó a la República prácticamente abandonada. Cuando cruzaron los Pirineos en 1939, muchos pensaron que sólo era el final de una batalla, pronto descubrirían que era el comienzo de otra.
2. De defensores de la democracia a refugiados en campos franceses
La llegada a Francia no significó libertad, el Gobierno francés, desbordado por la llegada masiva de refugiados y condicionado por sus propios sectores conservadores, instaló a decenas de miles de españoles en improvisados campos de internamiento. Las playas del Mediterráneo se transformaron en enormes recintos rodeados de alambradas, Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, Barcarès, Gurs, nombres que quedaron asociados a una de las páginas más dolorosas del exilio republicano, miles de hombres que habían combatido al fascismo fueron encerrados en condiciones miserables: sin barracones suficientes, con escasez de alimentos, expuestos al frío, al viento y a las enfermedades. Aquella paradoja marcó profundamente a toda una generación, los mismos hombres que pocos meses después serían necesarios para combatir al nazismo eran considerados inicialmente un problema político y humanitario, sin embargo, incluso en aquellos campos nació una nueva resistencia. Los republicanos españoles conservaron sus organizaciones políticas, sus vínculos militares y su voluntad de continuar la lucha, la derrota española no había destruido su compromiso.

3. Cuando Europa entra en guerra, la lucha continúa
En septiembre de 1939 comenzaba oficialmente la Segunda Guerra Mundial. La derrota francesa de 1940 y la ocupación alemana cambiaron completamente el escenario, muchos republicanos españoles fueron incorporados a las Compañías de Trabajadores Extranjeros, unidades destinadas a realizar trabajos militares y de fortificación, otros pasaron a formar parte de las redes de la Resistencia francesa, para ellos, la guerra europea no era un conflicto nuevo, era la continuación de la misma lucha. Habían combatido contra el fascismo en España y ahora lo hacían contra el nazismo en Francia, muchos participaron en sabotajes, acciones clandestinas, redes de información y guerrillas, otros terminaron deportados a campos de concentración nazis, especialmente a Mauthausen, donde miles de republicanos españoles fueron asesinados. Los supervivientes siguieron combatiendo, porque para ellos existía una lógica política evidente: Si Hitler era derrotado, Franco también tendría que caer.
4. El nacimiento de La Nueve
En el norte de África comenzó a organizarse la fuerza militar francesa que acompañaría a los aliados en la liberación de Europa. La 2.ª División Blindada, dirigida por el general Philippe Leclerc, se convirtió en una de las unidades más importantes de la Francia Libre, dentro de ella se creó la 9.ª Compañía del III Batallón del Regimiento de Marcha del Chad, pronto sería conocida simplemente como La Nueve. La compañía estaba formada aproximadamente por 150 hombres, y la mayoría eran republicanos españoles, procedían del exilio, habían pasado por campos franceses, muchos tenían experiencia militar de la Guerra de España, algunos habían combatido durante años, otros habían aprendido en el camino de la derrota y la supervivencia. Su jefe francés, el capitán Raymond Dronne, comprendió pronto el carácter especial de aquella unidad, aunque formaban parte del ejército francés, mantenían una identidad propia, hablaban español, recordaban España, y seguían considerando que la guerra iniciada en 1936 todavía no había terminado.
5. España sobre los blindados
Uno de los elementos más simbólicos de La Nueve fueron los nombres de sus vehículos, aquellos semiorugas no recibieron nombres franceses, llevaban escrita la memoria de una guerra perdida: Guadalajara, Brunete, Teruel, Ebro, Belchite, Madrid, Guernica, Resistencia, España Cañí, Aquí Estamos, Túnez 43, Almirante Buiza, El Canguro, Santander, Los Cosacos, Rescate, Catapulta, Jarama, Don Quijote, Cap Serrat, Los Pingüinos cada nombre era una declaración, aquellos soldados no habían olvidado de dónde venían, la República Española viajaba con ellos hacia París, no era solamente nostalgia, era una forma de afirmar que la derrota militar no significaba la derrota moral.

6. Camino de París: la victoria inesperada
Tras el desembarco aliado en Normandía en junio de 1944, las tropas alemanas comenzaron a retroceder, la 2.ª División Blindada de Leclerc avanzó hacia París, la ciudad estaba en insurrección, la Resistencia Francesa había levantado barricadas y combatía contra las tropas alemanas. El mando aliado dudaba inicialmente sobre entrar en la capital, pero la situación obligó a acelerar los acontecimientos. La orden llegó: Había que avanzar, y quienes recibieron la misión fueron los hombres de La Nueve.
7. 24 de agosto de 1944: los españoles entran en París
Al caer la tarde del 24 de agosto, los vehículos de La Nueve atravesaron la Puerta de Ivry, los parisinos que salían a las calles para recibir a los liberadores descubrieron algo inesperado, muchos de aquellos soldados no hablaban francés, hablaban español, eran los republicanos españoles. Los primeros vehículos llegaron al Ayuntamiento de París, el Hôtel de Ville. Allí comenzaron los combates contra las fuerzas alemanas que todavía resistían, la ciudad estaba siendo liberada, y los primeros soldados aliados que alcanzaban su centro eran aquellos hombres que cinco años antes habían cruzado la frontera española como derrotados. La imagen tenía una enorme fuerza simbólica: Los exiliados de 1939 regresaban a Europa como vencedores.
De París a Berlín: la última batalla de los republicanos españoles y la esperanza perdida del Valle de Arán
8. Después de París: la guerra continúa
La liberación de París, el 25 de agosto de 1944, fue el momento más conocido de la historia de La Nueve, pero no fue el final de su camino, para aquellos hombres, París no significaba la victoria definitiva, era una etapa más. Habían entrado en la capital francesa con la satisfacción de haber derrotado al ejército alemán, pero también con una esperanza política mucho más profunda: que aquella victoria contra el fascismo europeo abriera el camino hacia la liberación de España, muchos republicanos españoles estaban convencidos de que las democracias occidentales no permitirían que el régimen de Franco sobreviviera a la derrota de Hitler y Mussolini. La lógica parecía evidente, Franco había llegado al poder gracias al apoyo de Alemania e Italia, su régimen compartía vínculos ideológicos con las potencias fascistas derrotadas, España había sido un escenario decisivo del enfrentamiento entre democracia y fascismo. Pero la historia de la posguerra demostraría que la política internacional seguiría otros intereses.
9. De Francia a Alemania: hacia el corazón del nazismo
Después de París, La Nueve continuó combatiendo, aquellos mismos hombres que habían cruzado los Pirineos como refugiados avanzaban ahora por territorio europeo como soldados vencedores, participaron en las operaciones del este de Francia y en la campaña de Alsacia, una de las zonas donde la resistencia alemana fue más intensa. El invierno de 1944-1945 fue especialmente duro, las tropas aliadas se enfrentaban a un enemigo debilitado, pero todavía dispuesto a resistir. La Nueve siguió combatiendo, los hombres que habían luchado en España contra el ejército franquista y sus aliados italianos y alemanes se encontraban ahora avanzando sobre el territorio del propio enemigo. Era el cierre de un círculo histórico, los mismos aviones, tanques y soldados que habían servido para destruir la República Española aparecían ahora derrotados ante los ejércitos aliados.
10. Los republicanos españoles llegan al corazón del nazismo
En la primavera de 1945, el ejército aliado entraba en Alemania, La Nueve participó en las últimas operaciones militares hasta la derrota definitiva del III Reich, sus hombres llegaron hasta Baviera y participaron en la ocupación de la zona donde se encontraba el refugio alpino de Hitler, el conocido como Nido del Águila, en Berchtesgaden. La imagen resulta profundamente simbólica, aquellos españoles que habían salido derrotados de una guerra contra el fascismo en su propio país habían llegado hasta el centro del poder nazi, habían recorrido un camino imposible: de los campos de refugiados franceses a las calles de París, de París a Alemania, de la derrota española a la victoria europea. Pero mientras los aliados celebraban la victoria, para ellos quedaba una pregunta pendiente: ¿qué ocurriría con España?
11. La victoria que no trajo la libertad
Cuando Alemania se rindió en mayo de 1945, muchos republicanos españoles esperaban que el siguiente paso fuera acabar con la dictadura franquista, no era una esperanza irracional. Durante años habían escuchado discursos aliados sobre la defensa de la democracia y la lucha contra las dictaduras, habían combatido al nazismo convencidos de que estaban preparando también la liberación de su país, sin embargo, el nuevo escenario internacional iba a cambiar radicalmente. La aparición de la Guerra Fría convirtió a Franco en un aliado útil para las potencias occidentales, el anticomunismo pasó a ocupar un lugar prioritario en la política internacional, la dictadura española, pese a sus orígenes vinculados al fascismo europeo, dejó de ser considerada un problema inmediato. Para los republicanos españoles fue una enorme decepción, habían contribuido a liberar Europa, pero Europa no les ayudaría a liberar España.

12. La esperanza del Valle de Arán
La frustración del exilio republicano no significó resignación, muchos combatientes pensaban que la derrota alemana era sólo el primer paso. La resistencia contra Franco debía continuar, en octubre de 1944, mientras la guerra mundial todavía estaba abierta, miles de guerrilleros antifranquistas cruzaron la frontera desde Francia en la llamada Operación Reconquista de España, cuyo principal escenario fue el Valle de Arán. El objetivo era crear una cabeza de puente en territorio español que permitiera impulsar un levantamiento contra la dictadura. Aquella operación no fue protagonizada por La Nueve como unidad militar francesa —sus hombres seguían integrados en el ejército aliado—, pero pertenecía al mismo universo político y humano, era la misma generación, los mismos hombres que habían salido derrotados en 1939, los mismos que habían combatido en la Resistencia francesa, los mismos que habían llegado a París, los mismos que habían contribuido a derrotar a Hitler. Ahora intentaban regresar a España para recuperar la libertad perdida, pero la operación fracasó, la población no respondió como esperaban los dirigentes republicanos, el apoyo internacional no llegó, y el ejército franquista consiguió detener la incursión. La última esperanza de una liberación inmediata de España se desvaneció.
13. Una victoria incompleta
La historia de La Nueve contiene una de las grandes paradojas del siglo XX, fueron derrotados en España y vencedores en Europa, fueron expulsados de su país y protagonistas de la liberación de uno de los grandes símbolos de la democracia europea. Combatieron contra Franco y contra Hitler, ayudaron a derrotar al nazismo, pero no pudieron derrotar a la dictadura que los había obligado al exilio, muchos nunca volvieron, otros regresaron décadas después, cuando España recuperó la democracia. Algunos murieron lejos de su tierra sin ver cumplido el sueño por el que habían luchado, pero su historia permaneció, porque La Nueve no representa únicamente una victoria militar, representa la fidelidad a unos ideales. La defensa de la democracia cuando hacerlo implicaba perderlo todo.
14. El largo silencio y la recuperación de la memoria
Durante décadas, la importancia de La Nueve permaneció oculta, en la España franquista era imposible reconocer a quienes habían defendido la República y combatido contra sus aliados internacionales. Pero también en Francia su protagonismo quedó durante mucho tiempo relegado dentro de una narrativa nacional que tendía a presentar la liberación de París como una victoria exclusivamente francesa. La memoria de aquellos españoles sobrevivió gracias a sus propios testimonios, al trabajo de investigadores, periodistas, familiares y asociaciones memorialistas. Poco a poco sus nombres volvieron a ocupar el lugar que les correspondía, hoy sabemos que la liberación de París también tiene acento español, sabemos que en aquellos vehículos blindados viajaba la memoria de una República derrotada, sabemos que aquellos soldados no habían olvidado España, ni a la República.
15. La Nueve: una historia europea nacida en España
La historia de La Nueve no puede entenderse como un episodio aislado de la Segunda Guerra Mundial,
es la continuación internacional de la lucha republicana española, su recorrido resume la tragedia de una generación:
1936: defienden la República frente al golpe de Estado.
1939: pierden la guerra y marchan al exilio.
1940-1944: combaten al nazismo en Francia.
1944: liberan París.
1945: llegan al corazón de Alemania y participan en la victoria aliada.
1944-1945: esperan inútilmente que esa victoria permita liberar España.
La Nueve es, por eso, mucho más que una compañía militar, es la historia de unos hombres que fueron derrotados en su país, pero que nunca aceptaron la derrota de sus ideales, los primeros en entrar en París no eran simplemente soldados franceses con nombres españoles, eran republicanos españoles que habían llevado hasta el corazón de Europa una lucha iniciada ocho años antes. La guerra había terminado, pero la libertad por la que ellos habían combatido todavía tardaría treinta años en regresar a España. La historia de La Nueve puede resumirse en una frase: salieron de España derrotados, entraron en París como vencedores y llegaron hasta Berlín esperando que la victoria de Europa trajera también la libertad de su propia patria.
España escrita sobre acero: los nombres de La Nueve
Cuando los republicanos españoles llegaron a integrarse en la 2.ª División Blindada del general Leclerc no dejaron atrás su pasado, la derrota de la República, el exilio y los años de combate contra el fascismo formaban parte de su identidad. Cuando los hombres de La Nueve recibieron sus semiorugas blindados, no quisieron que fueran simples máquinas de guerra, aquellos vehículos debían llevar también una memoria, sobre el acero de sus carrocerías no escribieron nombres franceses ni referencias militares convencionales, por eso, cuando recibieron sus vehículos blindados, decidieron bautizarlos con nombres que recordaban su historia, aquellos nombres no eran simples identificadores militares, eran memoria. Sobre el acero de los semiorugas viajaban Madrid, Guadalajara, Teruel, Brunete, el Ebro o Guernica. Viajaban las batallas de una República derrotada, los lugares donde habían combatido y los símbolos de una lucha que ellos consideraban todavía abierta. La Nueve avanzaba hacia París, escribieron las ciudades, las batallas y los símbolos de una República derrotada que seguía viva en el recuerdo de quienes la habían defendido, cada nombre era una declaración de identidad, cada nombre era una forma de decir que aquellos hombres no habían llegado hasta Francia como soldados sin pasado, sino como republicanos españoles que continuaban una lucha iniciada ocho años antes. La Nueve avanzaba hacia París, pero sobre sus blindados viajaba también la España republicana. Viajaba la memoria de una guerra perdida.

Madrid: la defensa de la República
El nombre de Madrid recordaba la resistencia de la capital española desde noviembre de 1936, uno de los nombres más importantes de La Nueve, Madrid se convirtió en uno de los grandes símbolos republicanos durante la Guerra de España. Recordaba la defensa de Madrid iniciada en noviembre de 1936, uno de los grandes símbolos de la resistencia republicana, la ciudad resistió durante meses los ataques de las tropas sublevadas y de sus aliados internacionales. Para muchos combatientes republicanos, Madrid representaba la voluntad de resistencia frente a la ofensiva fascista. Madrid representaba la voluntad de no rendirse frente al avance del ejército sublevado y sus aliados internacionales. Llevar ese nombre en un blindado que avanzaba hacia París era una forma de afirmar que aquella resistencia no había sido inútil. El nombre acompañaba ahora a aquellos hombres que avanzaban hacia otra capital europea que debía ser liberada del fascismo.
Guadalajara: la derrota del fascismo italiano
El semioruga Guadalajara evocaba una de las victorias republicanas más importantes, uno de los vehículos más famosos, recordaba la batalla de Guadalajara de marzo de 1937, donde las fuerzas republicanas derrotaron al Cuerpo de Tropas Voluntarias italiano enviado por Mussolini, para apoyar a Franco. El nombre tenía un significado especial: simbolizaba una victoria republicana sobre el fascismo internacional, aquella batalla tuvo un enorme valor simbólico: demostraba que las fuerzas fascistas no eran invencibles. No fue casualidad que el vehículo con este nombre tuviera un papel protagonista en París, fue uno de los primeros blindados de La Nueve en llegar al Ayuntamiento de la capital francesa. El nombre de una victoria republicana española aparecía así en el centro de la victoria europea contra el fascismo.
Brunete: la memoria de una ofensiva republicana
El nombre de Brunete recordaba la ofensiva republicana de julio de 1937, fue una de las grandes operaciones militares emprendidas por la República durante la guerra. Aunque terminó sin alcanzar sus objetivos estratégicos y con enormes pérdidas humanas, Brunete quedó en la memoria republicana como símbolo del esfuerzo y del sacrificio republicano, de miles de soldados que intentaron frenar el avance franquista. Años después, otro blindado con ese nombre cruzaba Francia camino de derrotar al mismo fascismo internacional que había intervenido en España.
Teruel: el frío y el sacrificio
Teruel fue una de las batallas más duras de la Guerra de España, entre finales de 1937 y comienzos de 1938, republicanos y franquistas combatieron en unas condiciones extremas, con temperaturas bajo cero y enormes pérdidas. Para los republicanos españoles, Teruel simbolizaba el sacrificio de una generación que había puesto todo en juego para defender la República, ese nombre, escrito sobre un blindado francés, recordaba a los compañeros que quedaron en los campos de batalla españoles.
Ebro: la última gran batalla
El nombre de Ebro era probablemente uno de los más cargados de significado, y con mayor carga histórica, la batalla del Ebro, iniciada en julio de 1938, fue la última gran ofensiva republicana. Durante meses, cientos de miles de hombres combatieron en la batalla más larga y sangrienta de la Guerra de España, muchos de los hombres de La Nueve habían participado en ella, para muchos republicanos, el Ebro representaba el último intento de cambiar el curso de la guerra, y representaba la última gran resistencia republicana antes de la derrota definitiva Cuando los hombres de La Nueve llegaron a París con un vehículo llamado Ebro, llevaban consigo la memoria de aquella última resistencia.
Belchite: la huella de la destrucción
Belchite recordaba la batalla librada en Aragón en 1937, el pueblo aragonés quedó completamente destruido durante los combates y se convirtió en uno de los símbolos materiales de la devastación provocada por la guerra. Su nombre sobre un blindado de La Nueve recordaba que detrás de las grandes operaciones militares había pueblos arrasados y miles de vidas rotas.
Guernica: la memoria de las víctimas
El nombre de Guernica tenía un significado especial, el bombardeo de la localidad vasca el 26 de abril de 1937 por la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana se convirtió en uno de los símbolos internacionales de los crímenes contra la población civil, Guernica se convirtió en un símbolo mundial de los ataques contra población civil. Llevar Guernica hasta París era llevar también la memoria de las víctimas del fascismo, era recordar que aquellos mismos aviones que habían destruido ciudades españolas habían sembrado después la guerra por toda Europa.
Don Quijote: Don Quichotte
No todos los nombres recordaban batallas, el semioruga evocaba la figura universal creada por Miguel de Cervantes, el nombre del personaje representaba la dimensión universal de la cultura española, era una referencia cultural, pero también simbólica, aquellos hombres, como el caballero cervantino, parecían luchar contra enemigos mucho más poderosos que ellos. Don Quijote representaba al idealista que lucha contra gigantes aparentemente imposibles de vencer, para aquellos republicanos exiliados, la imagen tenía una enorme fuerza: habían perdido una guerra contra fuerzas superiores, pero seguían combatiendo por aquello que consideraban justo.
Amiral Buiza: la República en el mar
El nombre Amiral Buiza rendía homenaje al almirante Miguel Buiza, comandante de la Marina republicana española, durante la Guerra de España Su presencia entre los nombres de La Nueve recordaba que la defensa de la República había implicado a todas las ramas de sus fuerzas armadas, en la defensa de la legalidad constitucional.
España Cañí: una identidad que viajaba con ellos
Uno de los nombres más curiosos fue España Cañí, tomado del conocido pasodoble español, más allá de su carácter popular, expresaba algo importante: aquellos hombres no renunciaban a su identidad, eran españoles, eran republicanos, y estaban luchando lejos de España.A diferencia de otros nombres vinculados directamente a batallas, éste expresaba identidad cultural, era una forma de decir que aquellos hombres seguían siendo españoles aunque estuvieran luchando lejos de España. Posteriormente este vehículo recibió el nombre de Libération.
Les Cosaques
Fue el vehículo de mando de la compañía, el nombre hacía referencia al carácter de aquellos combatientes españoles: veteranos, duros, independientes y con una larga experiencia de guerra. El capitán francés Raymond Dronne, jefe de La Nueve, reconocía así la personalidad propia de aquellos hombres que, aunque integrados en el ejército francés, conservaban una fuerte identidad colectiva.
Les Pingouins
El nombre tenía un origen popular, procedía de una deformación francesa del término Espagnols que algunos franceses utilizaban para referirse a los españoles, los combatientes españoles lo asumieron con ironía y lo transformaron en una señal de identidad propia.
Cap Serrat
Nombre vinculado a Cataluña, recordaba la procedencia de muchos combatientes republicanos y el territorio desde el que miles de españoles emprendieron el camino del exilio en 1939.
Résistance
Un nombre que conectaba directamente con la lucha contra la ocupación nazi, muchos españoles que formarían La Nueve habían participado previamente en redes de resistencia francesa, no eran solamente soldados aliados: eran también resistentes antifascistas.
Nous Voilà (Aquí estamos)
Uno de los nombres más simbólicos, después de la derrota, el exilio y los campos franceses, aquellos hombres podían afirmar: Aquí estamos, seguían luchando, seguían presentes.
Tunisie 43
Recordaba la campaña de Túnez de 1943, allí las fuerzas aliadas derrotaron definitivamente a las tropas alemanas e italianas del norte de África, para muchos republicanos españoles fue el paso desde el exilio y la resistencia hacia la participación directa en los ejércitos aliados.
Santander
Recordaba la campaña del norte de 1937 y la caída de Santander ante las tropas franquistas, representaba la pérdida de uno de los últimos territorios republicanos del norte y el sufrimiento de miles de combatientes y civiles.
El Canguro
Nombre singular dentro de la compañía, a diferencia de los grandes nombres históricos, pertenecía más al ámbito interno de la unidad, recuerda que La Nueve no era sólo una formación militar, sino un grupo humano con sus propias referencias, bromas y afectos.
Rescousse (Rescate)
Vehículo de recuperación y apoyo, su nombre refleja la función práctica del vehículo dentro de la compañía.
Catapulte (Catapulta)
Otro vehículo auxiliar, aunque no tenía la carga política de otros nombres, forma parte del conjunto de vehículos asociados a La Nueve.
Una República sobre ruedas
La lista completa muestra algo esencial: La Nueve no llegó a París dejando España atrás, llegó llevando España consigo, cada nombre era un recuerdo: Madrid era la resistencia. Guadalajara era la victoria contra el fascismo italiano, Guernica era la memoria de las víctimas, Teruel y el Ebro eran el sacrificio, Brunete y Belchite eran la lucha, Don Quijote era el ideal, España Cañí era la identidad. Aquellos semiorugas no sólo transportaban soldados, transportaban una historia, cuando entraron en París el 24 de agosto de 1944, no llegaron únicamente los primeros combatientes aliados, llegó también una República derrotada que, escrita sobre acero, seguía combatiendo contra el fascismo europeo.
Los nombres que llegaron a París
Cuando en la noche del 24 de agosto de 1944 los vehículos de La Nueve entraron en París, no llegaron solamente soldados, llegó una memoria, llegaron Madrid y Guadalajara. Llegaron Brunete y Teruel. Llegaron Guernica y el Ebro, llegó una España derrotada que seguía combatiendo. Aquellos nombres escritos sobre acero eran más que una identificación militar, eran una declaración política y moral: la República española podía haber sido derrotada en su territorio, pero sus defensores seguían formando parte de la victoria contra el fascismo europeo. Por eso, cuando La Nueve entró en París, no sólo liberó una ciudad, también llevó hasta el corazón de Europa la memoria de una democracia española vencida que todavía esperaba su regreso.
Ayer, hoy y siempre: los valores de La Nueve
La historia de La Nueve no pertenece únicamente al pasado, no es el relato de un grupo de hombres que combatieron al fascismo durante la Segunda Guerra Mundial, es, sobre todo, la demostración de que existen principios por los que merece la pena arriesgarlo todo, incluso cuando la derrota parece inevitable. Los soldados españoles de La Nueve habían defendido antes la legalidad democrática de la Segunda República frente al golpe de Estado de 1936. Tras la derrota y el exilio, lejos de resignarse, comprendieron que el fascismo no terminaba en los Pirineos, sabían que era una amenaza universal contra la libertad, la igualdad, la justicia social y la dignidad humana, por eso continuaron combatiendo en Europa con la convicción de que la liberación de París y la derrota del nazismo eran también parte de la misma lucha que habían iniciado en España.
Su ejemplo nos recuerda que la democracia nunca está garantizada para siempre, no basta con conquistar derechos, es necesario defenderlos cada día, el fascismo cambia de uniforme, adapta su lenguaje y aprovecha el miedo, la desigualdad y la desinformación para presentarse como una solución sencilla a problemas complejos. Ayer fueron los golpes militares y las dictaduras, hoy pueden ser el odio organizado, el racismo, la xenofobia, el autoritarismo, el machismo, la persecución de las minorías o el desprecio por las instituciones democráticas, cambian las formas, pero permanece la misma lógica: dividir a la sociedad, señalar enemigos y reducir las libertades. Por eso la memoria de La Nueve no puede convertirse en una simple conmemoración, recordar no consiste en depositar flores una vez al año ni en repetir nombres heroicos. Recordar significa preguntarse qué haríamos nosotros cuando la democracia se vea amenazada, significa comprender que la libertad exige compromiso y que la indiferencia siempre beneficia a quienes desean destruirla.
Los hombres de La Nueve no luchaban únicamente contra un ejército, combatían una ideología basada en la supremacía, la intolerancia y la negación de la igualdad entre los seres humanos, frente a ella defendían valores profundamente republicanos: la soberanía popular, la ciudadanía como fundamento de la política, la igualdad ante la ley, la justicia social, la educación, la cultura, la solidaridad y la fraternidad entre los pueblos. Esos valores siguen plenamente vigentes, una República no es únicamente una forma de Estado, es una manera de entender la convivencia, significa colocar el interés general por encima de los privilegios particulares, garantizar que todas las personas disfruten de los mismos derechos y oportunidades, construir instituciones sometidas al control democrático, defender la libertad de conciencia y la neutralidad del Estado, promover la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, y hacer de la justicia social un objetivo permanente.
La experiencia histórica demuestra que el fascismo nunca surge de la fortaleza de la democracia, sino de sus debilidades, crece cuando aumenta la desigualdad, cuando la corrupción erosiona la confianza ciudadana, cuando los servicios públicos se deterioran, cuando la política deja de ofrecer respuestas y cuando el miedo desplaza a la esperanza. En ese terreno fértil prosperan quienes prometen orden a cambio de derechos y seguridad a cambio de libertad. Por eso la lucha contra el fascismo no puede reducirse a un combate electoral, es también una lucha social, se libra defendiendo una educación pública crítica y de calidad, una sanidad universal, un trabajo digno, una vivienda accesible, una fiscalidad justa, una información libre y veraz; una cultura abierta, y una ciudadanía capaz de pensar por sí misma. Cada avance en igualdad fortalece la democracia. Cada privilegio injustificado, cada exclusión y cada retroceso en derechos la debilitan.
La Nueve nos enseña igualmente otra lección esencial: el internacionalismo, aquellos republicanos españoles entendieron que la libertad de un pueblo está unida a la libertad de los demás, hoy, cuando resurgen movimientos autoritarios en numerosos países, esa enseñanza conserva toda su fuerza, defender la democracia exige solidaridad entre quienes creen en los derechos humanos, la paz y la justicia.
Su legado tampoco pertenece a una generación concreta, es una responsabilidad colectiva. Cada época tiene su propio combate, si ayer fue necesario enfrentarse a los ejércitos fascistas, hoy corresponde defender las instituciones democráticas, combatir los discursos de odio, proteger los derechos sociales, preservar la memoria histórica y garantizar que las nuevas generaciones conozcan el precio que otras pagaron por las libertades de las que hoy disfrutamos. Los hombres de La Nueve no pudieron ver una España libre y democrática, sin embargo, su lucha contribuyó decisivamente a derrotar al mayor enemigo de la humanidad en el siglo XX. Su victoria moral permanece intacta porque no luchaban por privilegios personales, sino por un ideal de justicia. Su ejemplo nos interpela todavía, nos recuerda que la democracia no se hereda: se construye. Que la libertad no se recibe como un regalo: se conquista y se protege. Que la igualdad nunca es definitiva: exige vigilancia permanente. Y que el fascismo no desaparece por sí solo: se derrota mediante la organización democrática, la cultura, la solidaridad y el compromiso cívico. Ayer, como entonces, hoy, como ahora, y siempre, mientras existan quienes crean que ningún ser humano debe situarse por encima de otro y que la libertad, la igualdad, la fraternidad y la justicia social constituyen el verdadero horizonte de una sociedad democrática.
Para saber más: bibliografía sobre La Nueve, el exilio republicano y la lucha antifascista española
1. Estudios históricos sobre La Nueve
Evelyn Mesquida
La Nueve. Los españoles que liberaron París
Ediciones B, Barcelona, 2008 (reediciones posteriores).
Es la obra de referencia sobre la historia de La Nueve. La autora reconstruye la trayectoria de la compañía a través de una amplia investigación documental y de los testimonios de los supervivientes. Explica el origen republicano de sus integrantes, el exilio, los campos franceses, su incorporación a la División Leclerc y su papel en la liberación de París. Una obra imprescindible para conocer la dimensión humana y política de aquellos combatientes.
Eduardo Pons Prades
Republicanos españoles en la Segunda Guerra Mundial
Editorial La Esfera de los Libros, Madrid, 2003.
Uno de los trabajos fundamentales sobre la participación de los republicanos españoles en la lucha contra el nazismo. Analiza su presencia en la Resistencia francesa, los ejércitos aliados, las guerrillas y los campos de concentración nazis. Sitúa a La Nueve dentro de un fenómeno mucho más amplio: la continuidad del combate republicano contra el fascismo europeo.
Alfonso Domingo
El ángel rojo. La historia de Melchor Rodríguez, el anarquista que desafió a la muerte
Editorial Almuzara, Córdoba, 2009.
Aunque no está dedicada específicamente a La Nueve, resulta relevante para comprender la trayectoria del movimiento libertario y republicano durante la Guerra de España y el exilio posterior, así como la complejidad política de la generación que protagonizó la resistencia antifascista europea.
2. El exilio republicano español y los campos franceses
Josep Sánchez Cervelló
La Segunda República en el exilio
Editorial Planeta, Barcelona, 1997.
Analiza la continuidad institucional y política de la República española después de 1939, así como la situación del exilio republicano y su papel internacional durante la Segunda Guerra Mundial.
Javier Cercas
Soldados de Salamina
Tusquets Editores, Barcelona, 2001.
Aunque no trata sobre La Nueve, es una obra fundamental para comprender la memoria de la Guerra de España, la figura del combatiente republicano y la relación entre historia, memoria y olvido.
Jorge Semprún
La escritura o la vida
Tusquets Editores, Barcelona, 1995.
Memoria esencial de un deportado republicano español en el campo nazi de Buchenwald. Ayuda a comprender el destino de muchos españoles que, tras perder la guerra en España, continuaron sufriendo la violencia fascista en Europa.
3. Novela histórica y ficción vinculada al exilio republicano
Almudena Grandes
Los pacientes del doctor García
Tusquets Editores, Barcelona, 2017.
Cuarta novela de la serie Episodios de una guerra interminable. Aunque no se centra exclusivamente en La Nueve, aborda las redes del exilio republicano, la lucha clandestina contra el nazismo y la continuidad de la resistencia antifascista española tras 1939.
Antonio Muñoz Molina
La noche de los tiempos
Seix Barral, Barcelona, 2009.
Novela histórica ambientada en los años de la Guerra de España y el exilio. Permite acercarse al clima político, intelectual y humano que explica la trayectoria de muchos republicanos españoles.
Alejandro M. Gallo
Morir bajo dos banderas
Rey Lear, Madrid, 2012.
Novela histórica que narra la lucha y el exilio de los republicanos españoles que combatieron al nazismo en la Segunda Guerra Mundial. La obra rescata del olvido su memoria a través del destino de la familia Ardura en distintos frentes internacionales
4. Novela gráfica y cómic
Paco Roca
Los surcos del azar
Astiberri Ediciones, Bilbao, 2013.
Probablemente la obra gráfica más conocida sobre La Nueve. A través de la historia de Miguel Ruiz, un republicano español exiliado, reconstruye el camino desde la derrota republicana hasta la liberación de París. Combina una excelente documentación histórica con una poderosa narración visual.
Salva Rubio (guion) y Pedro J. Colombo (dibujo)
El fotógrafo de Mauthausen
Ediciones B, Barcelona, 2018.
Basada en la vida de Francisco Boix, fotógrafo republicano español deportado al campo nazi de Mauthausen. Aunque no trata específicamente sobre La Nueve, resulta esencial para comprender el destino de miles de republicanos españoles que continuaron la lucha antifascista en Europa.
5. Memorias y testimonios
Manuel Fernández
Memorias de un republicano español en la Resistencia francesa
Ediciones diversas.
Testimonios personales de combatientes españoles que participaron en la lucha contra la ocupación nazi y que permiten conocer la experiencia directa del exilio y la resistencia.
Jorge Semprún
Viviré con su nombre, morirá con el mío
Tusquets Editores, Barcelona, 2001.
Otra obra fundamental sobre la experiencia concentracionaria y la supervivencia de los republicanos españoles bajo el nazismo.
6. Documentales recomendados
La Nueve: los olvidados de la victoria
Dirección: Alberto Marquardt.
Producción: France Télévisions / TVE, 2010.
Documental centrado en la trayectoria de los republicanos españoles que participaron en la liberación de París.
Los últimos españoles de Mauthausen
Dirección: Carlos Hernández de Miguel y otros trabajos documentales asociados.
Complementa la visión sobre los republicanos españoles que continuaron la lucha antifascista en Europa después de la derrota de la República.

Elegía de La Nueve
No partieron de la victoria, partieron del silencio.
De una frontera cubierta de derrotados,
de caminos llenos de familias rotas,
de banderas dobladas bajo el peso del exilio.
Atrás quedaba España, la España de las plazas republicanas,
de las escuelas abiertas, de los libros,
de los sueños que quisieron construir un país distinto.
Atrás quedaban Madrid, Brunete, Teruel, el Ebro.
nombres que después volverían escritos sobre el acero
de unos vehículos que cruzarían Europa
llevando la memoria de una guerra perdida.
Los llamaron refugiados, los encerraron tras alambradas,
los dejaron a la intemperie,
como si quienes habían defendido la democracia
fueran una amenaza para la paz
pero aquellos hombres no habían perdido la esperanza
habían perdido una batalla, no la razón.
Cruzaron los Pirineos con la derrota sobre los hombros
atravesaron los campos franceses, con el hambre en el cuerpo
y la libertad en la memoria.
Y cuando Europa volvió a arder,
cuando el fascismo que había destruido España
amenazó al continente entero, volvieron a empuñar las armas.
No preguntaron quién les había abandonado,
no preguntaron quién les debía una reparación
simplemente volvieron a combatir.
Porque sabían que la libertad no conoce fronteras,
subieron a sus blindados, y escribieron sobre ellos
los nombres de España, Guadalajara, Teruel, Brunete, Ebro.
Como si cada palabra fuera una promesa,
como si cada batalla perdida pudiera encontrar justicia,
en las calles de una ciudad liberada.
Y así llegaron a París, no como vencedores que regresaban a casa.
Sino como exiliados que liberaban la casa de otros.
Aquella noche,
cuando sus motores rompieron el silencio de la ciudad,
París escuchó una lengua extranjera,
era la lengua de quienes habían sido expulsados,
era la voz de quienes nunca dejaron de luchar.
Después siguieron avanzando, desde París hacia Alemania,
desde las ruinas de Europa, hasta el corazón del nazismo.
Los hombres que habían cruzado una frontera huyendo,
llegaron hasta las puertas del enemigo.
Los derrotados de España, estaban entre los vencedores de Europa.
Pero la victoria tenía un sabor amargo,
porque mientras Europa recuperaba su libertad,
España seguía encadenada.
Volvieron la mirada hacia el sur, hacia los Pirineos,
hacia una tierra que seguía esperando.
El Valle de Arán fue la última esperanza, el último intento.
El último sueño de una generación, que había derrotado a Hitler
pero no había podido derrotar a Franco.
Y otra vez llegó el silencio.
Muchos murieron lejos de España, sin volver a ver sus pueblos,
sin escuchar de nuevo su lengua en libertad,
sin saber que un día sus nombres serían recordados.
Pero no fueron derrotados.
Porque hay derrotas que no borran una vida,
y hay victorias que no necesitan monumentos.
La Nueve permanece en las calles de París,
en la memoria de Europa, en la historia de España.
Son los hombres que salieron derrotados de una guerra,
entraron victoriosos en una ciudad, llegaron hasta Berlín
y nunca dejaron de esperar el regreso de la libertad.
Ellos no perdieron una guerra,
ellos mantuvieron viva una esperanza.
Ellos “La Nueve” perdió una guerra en España,
pero forma parte de la victoria democrática europea del siglo XX.
Salud y República. Pedro María Fernández Sandino.
Relacionado
Información en la que puede confiar:
Reuters, la división de noticias y medios de comunicación de Thomson Reuters, es el mayor proveedor de noticias multimedia del mundo, con un alcance diario de miles de millones de personas en todo el mundo. Suscríbase a nuestro boletín informativo diario gratuito: thomson@reutersmarkets.com
