El trazo infinito de Ramón Acín: el hombre que nunca dejó de creer en las personas

Un hombre cuya ausencia pesa todavía hoy como un eco ineludible. Noventa años después de aquel trágico verano del 36, la figura de Ramón Acín sigue habitando un lugar singular en la memoria colectiva, aunque no en la institucional, impulsada no solo por la contundencia de su obra, sino por una insólita coherencia vital.
Pintor, escultor, dibujante, pedagogo, anarquista convencido y uno de los grandes agitadores de la modernidad en Aragón, Acín fue, por encima de todo, un ser profundamente humano, un hombre bueno. Alguien que creía que la educación, el arte y la solidaridad no eran meros adornos burgueses, sino palancas reales para transformar la sociedad.
El 6 de agosto de 1936, apenas unas semanas después de que el golpe militar desgarrara el país, fue fusilado en las tapias del cementerio de Huesca por las fuerzas sublevadas. Poco después, el 23 de agosto, su compañera Conchita Monrás corría la misma suerte, dejando a dos niñas huérfanas en uno de tantos episodios oscuros y dolorosos de la represión en la retaguardia aragonesa. Pero ninguna bala pudo con lo que verdaderamente importaba: el rastro de una vida entregada sin reservas al prójimo.
Un maestro que enseñaba a mirar
En las aulas de la Escuela Normal de Huesca, Acín no dictaba lecciones desde un estrado intocable. En sus clases de dibujo, el objetivo nunca fue la mera repetición técnica, sino despertar la curiosidad, el pensamiento crítico y la sensibilidad estética de unos muchachos a los que trataba de igual a igual.
Su vocación pedagógica desbordaba los muros de la escuela. Impartía charlas, sacaba exposiciones a la calle y empujaba cualquier iniciativa que acercara la cultura a los sectores más humildes. Su método, basado en la observación, la libertad creativa y el cuestionamiento del dogma, resultaba desconcertantemente avanzado para una época atrapada en la rigidez.
La generosidad hecha fotogramas
Hay anécdotas que definen a una persona mejor que cualquier biografía extensa. Corría el año 1932 cuando Acín compró un décimo de la Lotería Nacional con una promesa: si la suerte le sonreía, financiaría la próxima película de su buen amigo Luis Buñuel. El azar quiso que el número fuera premiado. Y Acín, fiel a su palabra, cumplió.
Gracias a aquel dinero pudo rodarse Las Hurdes. Tierra sin pan (1933), una obra maestra y uno de los documentales más crudos y fundamentales de la historia de nuestro cine. Buñuel, que guardó devoción por aquel gesto el resto de sus días, escribiría con los años: «Ramón era el hombre más generoso que he conocido». No era una frase hecha; era la constatación de que para Acín el dinero y el arte solo tenían sentido si servían para retratar la realidad sin filtros y tender la mano a los desfavorecidos.
Esta historia esta plasmada magistralmente en la película de animación «Buñuel en el Laberinto de las Tortugas»
La pluma incómoda
Mucho antes de que la violencia política truncara su camino, Acín ya sabía lo que era pagar peajes por no morderse la lengua. Su lápiz no solo creaba formas bellas; también denunciaba. Desde tribunas periodísticas como La Tierra, El Diario de Huesca o El Ideal de Aragón, ejerció una crítica afilada contra el caciquismo, la hipocresía social, los abusos de poder y el clericalismo más intransigente.
Sus caricaturas e ironías dejaban al descubierto las vergüenzas de un sistema injusto. Esa libertad le costó detenciones y pasos por la cárcel, especialmente durante la dictadura de Primo de Rivera. Lejos de amedrentarse, convirtió el encierro en materia de reflexión cívica: escribió sobre el hacinamiento, la miseria y la deshumanización de las prisiones, buscando siempre despertar la conciencia colectiva.
Se puede accedes a su obra gracias a la Fundación Ramón y Katia Acín
Coherencia hasta el final
Reducir a Ramón Acín a la etiqueta de artista o de agitador político sería recortar una personalidad compleja. Militante del movimiento libertario, abrazó el pacifismo y la justicia social sin buscar jamás cargos ni cuotas de poder. Prefirió siempre el trabajo de trinchera cultural, el día a día de la calle, la cercanía con la gente corriente.
En tiempos donde la polarización y el cinismo parecen ganar terreno, la figura de Ramón Acín nos recuerda, con la naturalidad de quien hace lo correcto, que el conocimiento es la única forma verdadera de la libertad, y que el arte solo merece la pena si ensancha la vida de los demás.
Noventa años después, el recuerdo de Ramón Acín trasciende la tragedia de su muerte. Lo que permanece es la dimensión de una vida entregada a los demás.
Para mantener viva esa llama, desde nuestra asociación ARMHA se ha querido rendir un especial homenaje a su figura y a su tiempo a través del proyecto “Ramón Acín y las luces de la República”, que incluye una exposición y un documental.
La exposición «Ramón Acín y las luces de la República», traza un fresco de la España de principios del siglo XX para enmarcar la figura de Ramón Acín. El recorrido parte de la conquista del ocio y la cultura por parte de las clases populares hasta la intensa etapa reformista de la II República, destacando la revolución pedagógica de las Misiones Pedagógicas, el avance imparable de los derechos de la mujer impulsado por figuras como Clara Campoamor, y la apuesta modernizadora de nuestra élite intelectual y científica encabezada por Manuel Azaña y Santiago Ramón y Cajal.
La muestra culmina retratando la polifacética figura de Ramón Acín, artista total, pedagogo y anarquista convencido, cuya trayectoria fue trágicamente truncada en el verano de 1936 con su fusilamiento y el de su esposa Conchita Monrás a manos de los sublevados. A través de estas pinceladas históricas, el proyecto rinde homenaje a un hombre entrañable y coherente, recordando que, aunque el fascismo segó su vida, sus ideales de libertad, arte y justicia social siguen latiendo con fuerza en la memoria colectiva
Su préstamo es totalmente gratuito para colectivos, asociaciones y entidades interesadas en acercar este pedazo de historia a sus localidades.
En el documental Ramón Acín, y Las Luces de la República participan varios expertos y allegados que, a través de sus intervenciones, desgranan las distintas dimensiones del artista oscense y de su compañera Conchita Monrás:
Víctor Pardo Lancina (periodista) y Víctor Juan Borroy (profesor): Abordan fundamentalmente el contexto histórico, el compromiso sociopolítico de Acín y su profunda vinculación con los ideales de la Segunda República y la transformación cultural del país.
Irene Abad y Carlos Mas (profesores): Profundizan en su faceta pedagógica, su concepción de la enseñanza libre y moderna, y su labor en el ámbito de la cultura y la educación popular.
Ana García Bragado Acín (nieta): Aporta la visión más íntima, familiar y humana, recordando la vida personal del matrimonio y la tragedia humana de su represión.
Enrique Gómez (presidente de ARMHA): Contextualiza la importancia de la recuperación de la memoria histórica y reivindica la vigencia del legado ético y político de Acín frente al golpe de Estado de 1936.
Porque recordar lo que fueron es, al fin y al cabo, defender lo que debemos seguir siendo.
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