La Confederación Hidrográfica frena el proyecto urbanístico de Santa Bárbara en Sevilla
- La Plataforma SAVE! valora que el organismo de cuenca haga prevalecer la legalidad y advierte de las graves consecuencias ambientales y de inundabilidad de construir sobre el humedal de El Sapo.

Los colectivos que componen la Plataforma “Salvemos el Anillo Verde del Este”, SAVE!, se congratulan por el interés de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir de hacer prevalecer la Ley de aguas (TRLA) frente al interés particular de los propietarios de los terrenos de Santa Bárbara. Estas asociaciones y entidades sin ánimo de lucro consideran que el organismo de cuenca ha hecho cumplir la ley, puesto que la Autorización Ambiental Unificada aprobada provisionalmente por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, adolece de serias carencias y defectos determinantes para la paralización del proyecto constructivo, como hicieron saber este verano durante el trámite público de audiencia. Lo que para inversores urbanísticos es un escollo burocrático, para estas entidades es velar por la salud ambiental y la protección de la ciudad frente a fenómenos climáticos extremos, como temporales y lluvias torrenciales, o las altas temperaturas que vienen padeciendo.
«Los cauces pueden ser compatibles con el proyecto urbanístico pero, si no se respeta la ley, la vegetación y la funcionalidad ecosistémicas de las lagunas se perderán para siempre. Beneficios ambientales como, por ejemplo, proteger de las inundaciones son básicos e imprescindibles. Es contradictorio que el propio Ayuntamiento reconociera en el pleno el valor ecológico de las lagunas y no las contemple en los documentos técnicos. De una parte, estudia un anillo verde y azul para Sevilla y, de otra, proyecta carreteras y urbanizaciones que destruyen el paisaje y fragmentan parques urbanos y zonas verdes consolidadas. Es llamativo que las presiones a las administraciones, para tranquilidad de los inversores en activos inmobiliarios, lleguen hasta la prensa. ¿Cómo se puede hablar de un corredor verde sin conectividad? ¿A quién piensan engañar cuando las únicas obras que acometen con prisa y diligencia son plazas duras y promociones urbanísticas en zonas verdes?Construir viviendas sobre un humedal con lagunas temporales, o carreteras en cauces y zonas inundables, tiene consecuencias y traerá muchos problemas al futuro vecindario que, de buena fe, busca un lugar para vivir. Garajes inundados y problemas graves de humedad, como ocurrió el año pasado en las urbanizaciones de la calle contigua (Profesor Manuel Olivencia Ruiz) o como viene sucediendo hoy en día en las avenidas Emilio Lemos y Birmania, edificadas sobre el trazado de los mencionados arroyos».

En abril pasado se realizó una limpieza en la zona abandonada donde las personas voluntarias recogieron 340 Kg. de basura y plantaron especies autóctonas. Estas asociaciones recibieron una comunicación en la que los promotores las amenazaron con emprender acciones legales por limpiar, recoger residuos del cauce y plantar árboles en los terrenos de las lagunas de El Sapo, aledaños a los suelos urbanizables cuyo desarrollo, dice el propio Ayuntamiento de Sevilla, no afectaría al humedal. ¿Por qué entonces tomarse tantas molestias, si el sector de Santa Bárbara donde las constructoras pretenden edificar es otro, según el Ayutamiento? ¿Es “Vía Agora” consciente del impacto ambiental que genera su corporación centrada en la promoción de activos inmobiliarios?
¿Qué modelo de ciudad se está definiendo tras este trámite?
La cuestión de fondo es que el supuesto Distrito Aeroespacial que defiende la “Gerencia de Urbanismo y Medio Ambiente” y la Consejería de Industria de la Junta de Andalucía no es más que un pelotazo urbanístico en toda regla. Con una parte ínfima dedicada a la traída innovación aeronáutica, el 92% es suelo residencial junto a un polígono industrial, frente al aeropuerto, con todo lo que eso conlleva desde el punto de vista de la contaminación y el ruido. Es más, Santa Bárbara está planificada sobre un humedal originario y conocido desde antaño (de ahí el topónimo de El Sapo, aún visible en los mapas del Instituto Geográfico Nacional) que se forma sobre antiguos arroyos, como el Ranillas, y está siendo estudiada en la última década por institutos de investigación y universidades, que los centros educativos de la zona han puesto en valor obteniendo el primer premio en educación ambiental de la Red Española de Aprendizaje de Servicios.

Progreso no es fragmentar espacios libres, sino conectarlos y permitir que el agua fluya por donde puede y debe hacerlo, permitiendo naturalmente la infiltración. El futuro no puede ser terminar para siempre con la oportunidad de crear en el extrarradio un corredor verde y azul, una infraestructura termorreguladora del clima en Sevilla, construyendo una autovía para el tráfico pesado que atraviesa longitudinalmente el parque del Tamarguillo, la SE-35, para dar acceso a Santa Bárbara, aunque se empeñen en pintarla de verde. Mañana no queremos encontrar un parque urbano consolidado, como el Parque de Torreblanca, con huertas sociales y antiguas lagunas, que un día fueron parte del parque acuático de Sevilla (pues no se proyectó aquí por casualidad), atravesado por una carretera para dar acceso a polígonos industriales y nuevas urbanizaciones. Mirar hacia adelante no es empeñarse en edificar viviendas sobre un humedal evitando, de forma insistente, un estudio de inundabilidad porque, sencillamente, no se reconoce la existencia del mismo en ni uno solo de los documentos sometidos a evaluación de impacto ambiental, ni los cauces que lo forman, ni las especies de plantas y animales acuáticos que se reproducen en ellos, aunque algunas de ellas estén entre las más antiguas del planeta; o destruir nuestro patrimonio histórico, una necrópolis hispanorromana, que existe aún sin investigar bajo Santa Bárbara, a costa de seguir especulando con el suelo. “Destruir algo único para construir lo que hay en todas partes” no es mirar hacia adelante, sino mirar hacia otro lado, en aras de un mal entendido progreso. “Looking to the future” (mirando hacia el futuro es el lema que figura en las redes de la corporación de promoción de activos inmobiliarios) es otra cosa completamente distinta en las ciudades de Europa,según la Plataforma.
Sin embargo, el Ayuntamiento de Sevilla y la Junta de Andalucía, auténticos promotores de Santa Bárbara, no plantean una ciudad articulada, compacta e inteligente, sino todo lo contrario. Planean convertir en una ratonera el Distrito Este, el más poblado de Sevilla (que continúa creciendo en una ciudad que pierde población), con más de 70.000 nuevos habitantes y sus vehículos. Un enclave destinado a albergar el barrio más grande de la capital uniendo Santa Bárbara, San Nicolás y parcelas colindantes. ¿Eso es justamente lo que se plantea para el progreso de las grandes empresas del sector, precisamente en la primera ciudad del estado en declarar la emergencia climática y ecológica? Un nuevo distrito dormitorio deficitario en cuanto a dotaciones, dependiente del coche, adyacente a Polígonos Industriales y al Aeropuerto de San Pablo, donde será difícil conciliar el sueño… especialmente cuando truene en Santa Bárbara. El subdesarrollo innecesario del que la ciudad debería huir.

